LOS RECUERDOS UN DOBLE REGALO

Pablo Neruda, en su bellísimo Poema Número 20 dice: 

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido…”

Y yo como que coincido con él, aunque eso de que ‘es tan corto el amor’ me parece muy trágico. 

Sin embargo, en lo que sí estoy de acuerdo es en la parte de ‘es tan largo el olvido’, pero no refiriéndose a alguien que se rasga las venas, sino todo lo contrario. 

¿De qué hablo? De que el maravilloso Ser que nos creó tuvo a bien regalarnos algo que a la mayoría nos acompaña toda la vida: NUESTROS RECUERDOS.

Cuando era niña, yo me sorprendía de que mis papás recordaran a los suyos, especialmente a mis abuelas, ya que ambas los dejaron huérfanos a muy corta edad (a los 7 a mi papá y a los 11 a mi mamá… snif!), pero ahora que han pasado 14  y 12 años de que mi mamá y mi papá (respectivamente) me la hicieran (o sea, que se juyeran al Más Allá pues), me queda clarísimo que quienes tenemos acceso al baúl de los recuerdos somos las personas más afortunadas del mundo. 

Pero eso no es todo… ese regalote viene acompañado de otro igual de valioso: el darnos cuenta del momento en que vivimos… ¡Sí! ¡El saber que segundo a segundo estamos creando lo que nos alimentará en un futuro!

Así como mis hijos y yo constantemente hablamos de mis papás (a pesar de que realmente convivieron con ellos solo unos poquitos años), me gusta detenerme de cuando en cuando y darme cuenta de que mis monecos recordarán con nostalgia todo lo que hemos pasado juntos, incluyendo lo que estemos viviendo en ese momento. 

A pesar de que es muy corto el tiempo que pasa uno con sus papás, en el hogar paterno se forjan los más profundos recuerdos.

Si los tuyos no fueron del todo agradables, no te estanques ahí, ya que no puedes cambiar el pasado. Toma una respiración profunda, cierra los ojos y baja la tapa del baúl de los malos recuerdos. Tal vez algún día estos dejarán de doler, tal vez no… pero por lo pronto, concéntrate en el momento presente y elige qué quieres comenzar a guardar en tu nuevo baúl. 

Ahora sonríe y siéntete muy afortunado: 

ERES UN HACEDOR DE RECUERDOS

TEMAS TABÚ

Hoy voy a hablar de dos temas que creo que jamás he tocado, pero que son primordiales en la vida de las mujeres (bueno, menos en la de Miss España… LOL).

El primero es de cuando viene Nacho el de la corbata roja, baja mi tía de la sierra, tengo el período, baja la regla, ando en mis días, tengo o me viene la menstruación, etc. En México se usó durante mucho tiempo el “ya me pasó”, gracias a un comercial de toallas sanitarias en el que una puberta estaba muy contenta porque ‘ya le había pasado eso que les pasa a todas las mujeres’.

En mi caso, eso fue una mañana en que me metí a bañar y salí con todo y “visita”. Yo algo sabía del asunto, pero no porque mi mamá me hubiera hablado de ello, ya que, si para mí ha sido tabú escribir del tema, para ella hablarlo con sus hijas era impensable. Tanto, que un día que estábamos todas leyendo, yo (entonces de menos de diez años) me topé con un anuncio de Kotex en una revista. Salía la foto de un ojo femenino con una lágrima, y decía algo así como “para esos días en que es una desgracia ser mujer” … ¡Qué horror! Le pregunté a mi madresanta para qué eran esas cosas y la muy coyona me dijo que le preguntara a mi hermana Thalía, ¡jajaja! Así lo hice, y su respuesta fue casi casi tan buena como la de mi mamá:

  • ¡Ay… ya sabes, no te hagas! – contestó un poco molesta porque pensó que me estaba haciendo güey, pero se los jurito que no sabía!

Pero bueno, volvamos a esa mañana (específicamente, el miércoles 28 de junio del 78, ahí disculpen la buena memoria).

Toda nerviosa, salí del baño envuelta en una toalla y le dije a mi mamá que “ya me había bajado la regla”. La pobre se puso más nerviosa que yo y solo atinó a sacar tremenda toalla sanitaria de su closet. Yo me sentía súper cansada y no aguantaba la espalda, así que me vestí y me acosté. Contrario a lo que recuerdo, me parece que no he de haber sido tan floja, ya que mi mamá les dijo a mis hermanas que no me sentía bien y que por lo tanto no iba a hacer nada ese día en la casa, que no me dieran carrilla.  

Bueno, pues al día siguiente que me levanté fui directo a la cocina. Ahí estaban mis hermanas y una amiga del Pollo. Esta, al verme entrar, dijo algo que me cayó en los merititos destos:

  • ¿Sabían que ya somos todas señoritas?

¡Grrrrrrrrr! ¿Sibiín qui yi simis tidis siñiritis?

Volteé a verla con ojos de pistola… ¿cómo se le ocurría ventanearme delante de su amiga? O sea, jelooooouuuu? En fin… así de ranchera era yo.

No fue fácil acostumbrarme a mi nueva vida, y mucho menos teniendo hermanos varones…  ¡Ah cómo me daba pena que me vieran por atrás durante esos días del mes… ¡y más con esas toallotas que parecía que andaba uno en el segundo piso del periférico, jajaja! Era tanta mi vergüenza, que cuando veíamos tele en la casa, me levantaba de la mecedora y caminaba de reversa-mami para no darle la espalda a mis hermanos, ¡jajajajaja!

También me daba pena comprarlas. Un día me llevó mi papá por ellas y le pedí que él las agarrara, jajajajaja. ¡Ahí iba el Gordo muy orondo con su paquetote de toallas en la mano y una flacucha puberta con cara de trágame tierra detrás de él!

Otra cosa que era sumamente embarazosa eran los accidentes… ¡ay qué horror! Como las toallas no contaban con la tecnología de ahora, era muy común que las mujeres nos mancháramos la ropa, por lo cual todo el día andábamos pidiendo a las amigas que despistadamente nos echaran un ojito.

Una vez que me pasó algo así, le llamé a Nora mi hermana para que fuera a recogerme al Tec. Mientras la esperaba, se acercó un chavo por el que yo moría y me ofreció un aventón… ¡Noooo! ¿Neta, Universo? ¿Dos años sufriendo por ese lepe y me lo mandas justo cuando no puedo? Jajaja, pues sí. El chavo insistió en que volviera a llamar para que ya no vinieran por mí, pero con todo el dolor de mi corazón le tuve que decir que no… ¡Ni modo que le explicara lo del accidente, nombre, qué oso! Sobra decir que jamás volvió a insistir y que ahí acabó toda esperanza de romance… ¡Éjele, que al cabos que ni quería, mi marido está más guapo, jajaja!

Y bueno, entre las cosas que la menstruación trae se encuentran tanto el potencial para ser madres, como para mentarlas, ya que -dicen- algunas mujeres se ponen como energúmenos durante esos días del mes. A mí eso nunca me afectó… Siempre fui la misma geniosa sin importar qué día fuera, jajaja. Tampoco me dieron cólicos, gracias a Dios. Bueno, unos chiquitos que se quitaban a los veinte minutos de ponerme crema de enebro o un cojincito caliente, pero nada comparado a lo que sufren otras mujeres que hasta las tienen que inyectar.

Y como todo lo que empieza tiene que terminar, este año se llegó la jubilación de la orgullosa productora de mis cuatro bebés humanos (mis dos muñecotes de carne y hueso y los otros dos que se quedaron en el camino), los tres bebés literarios (Mamá con Soda, Regalos del Cielo y elblogdelaurajurado.net), así como de tantos y tantos ciclos menstruales. Hablo, por supuesto, de mi querida matriz, a quien por circunstancias de la vida tuvieron que quitármela a principios de este año. Y con ello llegó la tan temida menopausia, o el “cambio de vida”, como también se le conoce.

¿Y qué es eso? Ah pues es la época en la vida de las mujeres en la que las hormonas comienzan a apagarse, provocando con ello irregularidades en la menstruación, cambios de humor y bochornos, entre otras lindeces.

En mi caso, lógicamente dejé de “tener la visita” y me puse un poco más irritable. Pero no solo eso, los bochornos que me habían coqueteado durante una semana el año pasado (justo antes de cumplir los 52) llegaron ahora sí con todo y maletas. Por supuesto que esto último me sacó mucho de onda, ya que los había toreado con unas pastillas maravillosas que me dio mi nutrióloga desde hace como tres años (y que ni los mismos fabricantes sabían que ayudaban con los bochornos), pero este año, a pesar de seguir tomándolas, varias veces al día (y como una o dos por la noche) le da la chiripiorca a mi termostato y me entra un calor que pa´qué les cuento.

Al principio me enojé. Luego agarré la onda y entendí que es parte de ser mujer, que si la etapa anterior me había dado tantas cosas buenas, debía abrazar esta, pues significaba solo dos cosas: que soy mujer y que estoy viva. Así que cuando siento que viene el calor, me imagino que estoy en el mar y me preparo para tomar la ola que se aproxima.

Esto es por el lado mental. En el práctico, lógicamente me quito la chamarra, suéter o bata que traiga puesta (y si es en la noche, también las calcetas) y espero pacientemente a que al señorito bochorno se le ocurra retirarse.

Una amiga me dio otro consejo: si estoy en un restaurante, pedir un vaso de agua con hielo y colocarlo entre mis muñecas, donde se pone el perfume. Lo hice estando con ella en un restaurante y luego en mi casa con un hielo… ¡y sirve!!!

Había pensado mandar a la tiznada mis pastillas (Hormone Power de Life Give que las pueden comprar por internet y cuestan 25 dlls), pero creo que me las voy a seguir tomando porque, ¿qué tal si me va piorrrr?

Bueno, me imagino que los que hayan llegado hasta aquí se preguntarán por qué no me someto a un tratamiento con hormonas, ¿verdad? Pues les cuento.

Estuve a punto de ponerme la inyección, balín, parche o no sé qué madres de las hormonas bioidénticas, que dicen los que saben, son lo máximo. Peeeeero, por fortuna tengo a mis ángeles de la guarda que me cuidan y me responden todas mis preguntas: el Dr. Luis Noble y el Dr. Juan Herrada, y los dos me dijeron que ni se me ocurriera hacerlo, ya que por mis anticuerpos antifosfolípidos y antinucleares (responsables de que mis dos primeros bebés no nacieran) podría generarse un coágulo y hasta aquí llegó la Gunita.

Pero bueno, no es novedad que no pueda hacer algo que sea común para mucha gente. Por ejemplo, gracias a mis varillas en la espalda, no me pudieron poner la epidural (o raquea) y tuve que aventarme a mis hijos como las meras machas, tal y como lo han hecho la mayoría de las mujeres desde el inicio de los tiempos (hasta que se inventó la anestesia), así que, si alguien puede hacerlo, yo también puedo. Y si nadie ha podido, ahí está mi motivación para ser la primera.

Por fortuna, solo tengo que lidiar con eso. Hay personas que aparte de la menopausia, están pasando por enfermedades terribles, como la actriz Edith González. En una reciente entrevista, ella habla hermosamente de lo que ahora tiene que enfrentar a consecuencia de un cáncer súper agresivo; cuenta que cuando despertó de una cirugía en la que le extirparon la matriz y los ovarios, le dijo al doctor que la cama estaba muy rara, que se calentaba y se enfriaba, jajaja, no se había dado cuenta de que se le había adelantado la menopausia.

En fin. Desde aquí abrazo a todas las mujeres del mundo, especialmente a aquellas que están pasando o que ya pasaron por lo mismo que yo, y a los hados del destino que hicieron que en esta encarnación me tocara ser mujer: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Hasta la próxima.

Laura Jurado (Guny).

*Pensaba poner VIEJA MENOPÁUSICA en el título, pero decidí quitar lo de VIEJA, ya que aunque sea una expresión muy común (especialmente en los hombres necios que acusáis a la mujer sin razón), yo me siento una chicuela loca, y quise resaltar el hecho de que estar en la menopausia no nos hace viejas. Lo que nos envejece es nuestra actitud ante la vida.  

RECORDAR ES VOLVER A VIVIR

Este fin de semana se llevaron a cabo los festejos del 70 aniversario de mi alma máter: el Instituto Tecnológico de Chihuahua. El viernes conseguí un aventón con mi compañero Arturo y nos fuimos todo el camino “a güiri güiri”. Bueno, más bien él, ya que ha vivido en muchas partes del mundo y viajado por otras tantas, así que ya se imaginarán la de historias que tiene para contar. Yo solo exclamaba cada cinco minutos: ¡Órale, qué padre!

Llegamos sin contratiempos a Chihuahua y me dejó en casa de mi hermana el Pollo. Horas más tarde nos volvimos a ver en una reunión con nuestros compañeros de la generación, ya que este año cumplimos treinta años de haber egresado de ingeniería industrial en producción. La primera en llegar al restaurante fui yo (curiosamente, ya que no me distingo por mi puntualidad) y poco a poco fueron llegando los demás (éramos como diecisiete). Platicamos muy a gusto, yo especialmente con Esperanza (quien fuera una de mis primeras amigas en el Tec, y comandante de la escolta de la que fui abanderada), así como con Memito su esposo y con Luis Carlos, otro amigo que estuvo en la escolta varonil. Nos la pasamos muy padre, tragamos como locos, recordamos miles de aventuras, nos pusimos al día, y, por supuesto, nos reímos de lo lindo.

Al día siguiente pasaron dos amigas por mí (Almita y mi carnala Adriana) para ir al desayuno de egresados. Llegamos a la biblioteca… ¡aquello era la locura, casi todas las mesas estaban llenas! Mientras Adriana y otras amigas se iban a buscar la suya (en donde me iban a hacer un lugarcito), yo me di vuelo saludando a diestra y siniestra, ya que había muchos conocidos… yes! Era como si hubieran retrocedido el tiempo treinta años atrás. Y es que el Tec fue mi despertar social, por así decirlo, ya que en la prepa yo era un poco tímida y no podía hacer nada si no iban mis amigas conmigo. Cuando entré a la carrera, todo cambió, pues no siempre tenía las mismas clases que mis amigas, así que con frecuencia debía ir de un salón a otro sin más compañía que la mía. A veces me acompañaba mi amiguita Liz (que la conocía desde la prepa) y se reía mucho cuando le decía que ya no quería saludar a nadie porque me dolían los músculos de la nuca de tanto sonreír, jajajajaja. No sé si yo era muy buena fisonomista o qué, pero se me hacía feo no saludar a alguien con quien alguna vez hubiera establecido contacto visual.

Bueno, por fin llegué a la mesa y nos trajeron el desayuno… aunque previamente había escrito a la escuela pidiendo que me dieran un platillo vegano, los responsables del evento se pasaron la petición por el arco del triunfo. Había fruta (con yogurt, gracias), una embarradita de chilaquiles, frijoles, y huevo. Debo reconocer que la mesera fue muy amable y me trajo un plato con los puros chilaquiles y los frijoles. El hambre era mucha, así que le entré a los chilacos, no así a los frijoles, ya que no podía correr el riesgo de empanzonarme más y que el vestido me apretara esa noche. En fin, como toda vegana que se respete, llevaba mi vasito con proteína, por lo que complementé mi desayuno agregándole agua.

Me dio mucho gusto ver a nuestro exdirector, el Dr. Esteban Hernández, quien también fuera director de todos los tecnológicos de México y presentador (junto con la bella y talentosa Yolanda Miranda) de mi libro ´Mamá con Soda´. Me acerqué a su mesa y le di un abrazo con mucho cariño.

De ahí pasamos al baño a ponernos la playera de la generación (la mía era roja, de los ochenteros) y posteriormente subimos por una rampa para tomarnos la foto. ¡Aquello, nuevamente, era la locura! Primero se tomó la de todo mundo, luego la de la generación de la que había más personas (la nuestra). En esta última tuve el honor de sentarme junto a los dos únicos representantes de la primera generación (la de los cincuentas), dos señores muy lindos que me imagino se quedaron ahí para acompañar a todas las generaciones, como una especie de padrinazgo.

Terminamos con eso y seguimos con más fotos (ya en petit comité, solo con las de la mesa) y recorrimos los pasillos de nuestra amada institución.

Atrás de nosotros venían unos chavos (jajaja, bueno, unos señores ya) que eran de los que se ponían en el pasillo principal y calificaban a las chavas que pasaban. Los que leyeron Mamá con Soda tal vez recordarán que una vez tuve que someterme a esa tortura, ya que tenía examen y no había forma de pasar por otro lado pues llovía a cántaros. Tuve que llenarme de valor y pasar corriendo frente a la bola de… distinguidos jóvenes, quienes fueron sacando uno a uno sus números para calificarme, ¡gulp! Al final, el novio de una de mis amigas me hizo entrega de un diploma, jajaja, hijos de su madre! Lo bueno es que obtuve puros nueves y dieces.

En fin, Adriana me llevó a la casa y más tarde mi Cuñis me dio un aventón al lugar en donde las ranas se convierten en princesas: el salón de belleza, jajaja. Ahí me esperaba ya la hacedora de milagros, Karla Yosahandy y su hermosa muñeca.

¿Qué les puedo decir? Me encantó el peinado y el maquillaje, así como la plática tan amena. Al rato llegó Adriana, también la peinaron y la maquillaron padrísimo.

Ella pidió que la pintura fuera tipo ‘smokey eyes’… bueno, le quedó… fregonsísima!!!! Tanto, que mi maquillaje me pareció de niña de kínder, jajaja, así que le pedí a Karla que me lo obscureciera un poco más.

Al final quedamos las dos súper satisfechas y encantadas con la amabilidad de Karla, pues hasta nos sirvió un té de jengibre a cada una. Yo aparte me comí un delicioso panini vegano que su esposo había hecho favor de llevarme de su restaurante Mamma Mia Panineria

Como ya era tarde, Adriana me llevó a casa del Pollo para que me cambiara, luego fuimos a la suya para que hiciera lo mismo. Ahí llegaron Sofía y América (amigas de la escolta), así como Aracely (compañera de ellas).

Llegamos al salón (Lago di Como), ¡qué cosa tan hermosa! Mis amigas se fueron a su mesa, ya que mi comadre Laura había comprado nuestros boletos (y el de un amigo de ella) y nos había tocado en una diferente. En esta se encontraban ya Malula y Arturo (ex compañeros de generación) y tres parejas que yo no conocía. Al rato llegó otra amiga de la carrera (Nancy), quien iba acompañada de otra persona. 

Nuevamente saludé al exdirector que iba acompañado de su lindísima esposa. 

La parte musical estuvo increíble con orquesta, mariachi y un tenor muy agradable y con una voz impresionante (José Luis Ordoñez, egresado de nuestra H. institución). 

Cuando llegó la hora de la cena, yo me estaba preguntando con qué platillo me sorprenderían… La respuesta no se hizo esperar: la sorpresa de la noche fue que tampoco para ese evento me habían preparado un platillo vegano… ¡grrrrrr! Después de que el encargado me diera la noticia, me salió lo guarro y dije: “Ya bailó Bertha”, jajajaja, en ese momento me di cuenta de que las tres parejas me habían oído y me dio mucha pena. Mi comadre me insistía en que comiera puré y verduras (quitándoles el tocino), pero le confesé que en realidad ni tenía hambre, que estaba preguntando por el platillo como el español: nomás por joder, jajaja.

En lo que me puse a redactar un correo para los de Vinculación, el encargado regresó con una ensalada… ¡ternurita! Casi lo beso por su muestra de buena voluntad, y a pesar de que oooodio las ensaladas, me la comí para no hacer el desaire.

En fin, ese detalle y el de la mañana fueron los únicos prietitos en el arroz.

En resumen me la pasé increíble, pude convivir con amigos a quienes no veía hacía tiempo y con otros con los que me escribo a diario; recorrí nuevamente los pasillos de mi amada escuela después de treinta años e hice un recuento de las enseñanzas más valiosas:

Una muy práctica, la teoría de Tiempos y Movimientos que me enseñó el Ingeniero Maurilio Martínez y que aplico todos los días.

La otra, un ejercicio que nos puso mi querida maestra de Psicología, Delia Castillo, y y en el cual aprendimos que podemos hacer que alguien se sienta muy bien si le mencionamos aquellas cosas que admiramos de él/ella.

Por supuesto que debe de haber más enseñanzas, pero por el momento, esas son las que más recuerdo.

Doy gracias a la vida por haberme permitido vivir este reencuentro… ¡y estamos puestos para la próxima!

¡Abursito!

MI MAESTRA LA PLANTA

Como ya lo he dicho anteriormente, la naturaleza es una gran maestra.

Hace poco más de una semana, una de mis plantas de exterior comenzó a inclinarse hacia un lado. Pensé que se le había quebrado una rama, pero no era así. La planta había crecido demasiado y, al parecer, sus raíces no eran lo suficientemente fuertes para sostenerla. La saqué de la maceta y pude comprobar que éstas eran muy débiles. La volví a sembrar, esta vez un poco más abajo y la regué. Pasaron los días, y la plantita, en vez de mejorar, comenzó a marchitarse… me daba mucha lástima verla desfallecer sin que yo pudiera hacer algo por ayudarla, pero me tranquilizaba el pensar que tal vez su ciclo se había cumplido y era momento de que muriera.

A los pocos días cayó tremendo aguacero, que las hojas sin fuerza de mi plantita comenzaron tímidamente a despertar de su letargo.

El cambio era tan leve que no sabía si estaba alucinando o si aquello era real. Tres días después volvió a llover, y lo que parecía imposible se volvió realidad: ¡la planta estaba reviviendo!

Agradecida con la lluvia, llegué a dos conclusiones:

  • LAS COSAS MEJORAN CUANDO LA AYUDA VIENE DE ARRIBA. Por más que yo le echara agua a la plantita, esta no iba a recuperarse, ya que necesitaba algo más poderoso.

Igual pasa con los humanos, las cosas serían mejores para nosotros si permitiéramos que la luz divina (energía o prana) fluyera a través nuestro. ¿Y cómo se hace eso? Ayudándonos con la meditación.

Recordemos que somos seres de luz encarnados temporalmente en un cuerpo. Contamos con varios CHAKRAS o vórtices de energía, cuya función es ABSORBER EL PRANA. Esa energía pránica se utiliza para realizar todos nuestros procesos vitales.

¿Y de dónde viene ese prana o Luz Divina? Como su nombre lo indica, viene de la Divinidad, y entra a nuestro campo energético a través del séptimo chakra, que está ubicado en la coronilla, de donde va bajando a los otros chakras. Si no hay bloqueos, llega hasta el chakra raíz, que es el que nos da estabilidad en la vida.

Algunas personas tienen muy desarrollados los sentidos y pueden saber cuando existen bloqueos. Yo, a pesar de haber tomado el curso de sanación pránica (que consiste en aplicar un “barrido” del campo energético, ya que todo lo que pasa en el cuerpo físico, sucede primero ahí), no soy capaz de detectarlos. Por eso mismo, hace unas semanas decidí ir a consulta con Lynn, la mera mera en cuanto a ese tema aquí en El Paso, pues mi estómago estaba tremendamente inflamado. Cerré los ojos mientras ella trabajaba. De pronto mi cuerpo comenzó a balancearse, como si alguien me empujara hacia atrás. Pasaron varios minutos y el movimiento seguía. Entonces Lynn me dijo que yo estaba bloqueada, ya que estaba entrando mucha energía divina pero no tenía por dónde salir.

Eso me lleva a la segunda conclusión:

  • Por muy alto que crezcamos, POR MUY ARRIBA QUE LLEGUEMOS, SI NO TENEMOS LOS PIES  BIEN PUESTOS SOBRE LA TIERRA, CORREMOS EL RIESGO DE CAER DE UN MOMENTO A OTRO. Eso es lo que le pasó a mi planta: sus raíces eran tan chiquitas, y ella había crecido tan alto, que empezó a desplomarse. En mi caso, no es que hubiera crecido mucho, pero sí que me faltaba anclarme a la Tierra para que esa energía divina fluyera sin problemas a través de mí. 

Lynn me recomendó entonces que hiciera todos los días la “Meditación de Corazones Gemelos” para eliminar los bloqueos y afianzarme a la Tierra. El nombre le fue dado por su creador, el Maestro Choa Kok Sui, porque a través de ella se activan el chakra de la corona y el del corazón. La persona que la practica se convierte así en un canal de luz divina para bendecir a la Tierra y a todos sus habitantes.

Durante varios días me estuve levantando súper temprano y me alcanzaba el tiempo perfectamente para hacer esa meditación. Luego algo pasó y volví a las andadas, levantándome con el tiempo justo para todo, menos para meditar.

Espero vencer pronto esa desidia, pues vaya que necesito eliminar bloqueos y permitir que la luz fluya y me conecte con la Pachamama. 

Espero también que mi plantita se recupere por completo, pero si no, por lo menos me ha dejado una muy buena enseñanza, ¿cierto?

María

Hace unos años recibí la llamada de mi amigo Enrique Alveláis para preguntarme si le podía dar trabajo a María, una señora a quien conocía de años, y por quien casi casi metía las manos al fuego.

La solicitud me cayó como anillo al dedo, ya que en ese momento yo estaba desesperada por no tener ayuda. A los pocos días, mi esposo y yo tuvimos el gusto de conocer a la famosa María en la boda de Enrique y Elsa, y de inmediato nos conquistó con su sonrisa de bondad e inigualable carisma.

Nos pusimos de acuerdo y pronto comenzó a trabajar en la casa. Pronto nos dimos cuenta también de que era una excelente cocinera, con lo que acabó de echarse a la bolsa a mi antojadizo marido.

Los días que María iba a la casa nos hacía tortillas de harina, gorditas, chiles rellenos, arroz y frijolitos (estos últimos los ponía a cocer en una olla que ella me regaló).

Un día, mientras barría el patiecito de enfrente, llegó mi esposo de la calle y se detuvo a saludarla, antes de salir corriendo a una junta telefónica con su jefe.

Después de saludarlo con mucho cariño, le dice María:

—Oiga, ahorita que vaya para adentro, ¿le puede echar un ojito a los frijoles?

Jajajaja, a mi marido le dio mucha risa y le contestó medio burlón:

—Claro que sí, ¿alguna otra cosita?

¡Jajajaja, como niña sorprendida en una vagancia, María se tapó la boca… muerta de la vergüenza, pero doblada de la risa!

A veces también parecía adolescente, como cuando yo le pedía que no tirara agua mientras lavaba los platos y hacía los ojos para arriba, ¡jajaja!

— ¡No me haga ojitos! –le decía, y las dos nos atacábamos de la risa. Entonces me abrazaba, diciendo:

— ¡Ay mi Laurita, tan suave que nos la pasamos usted y yo!

Le encantaban los animales y las plantas. En cuanto llegaba a la casa o me hablaba por teléfono, preguntaba por mi esposo y mis hijos, y luego por ‘los perritos, los gatitos y las plantas’

—Tanto que quiere uno a sus animalitos, ¿verdad? -decía. 

Era muy ocurrente, pero, así como nos hacía reír, también nos asustaba, ya que era frecuente que al cocinar dejara desatendidos los sartenes con aceite y la estufa prendida, jajaja, lo mismo pasaba con la plancha: era tal su deseo de ayudarnos con la mayor cantidad de cosas, que intentaba hacer varias a la vez… pero era humana. Un día que fui a visitarla a su departamento, un estridente sonido  interrumpió nuestra agradable conversación: era la alarma contra incendios, ya que había puesto agua a hervir, pero se le había olvidado. Gracias a Dios nunca pasó nada grave.

En otra ocasión, fuimos mi marido y yo a visitarla. Ahí se encontraba una vecina, por lo que platicamos un rato con ella mientras mi esposo le arreglaba la tele a María. Antes de que la señora preguntara, ella le dijo que él era su nieto y yo su esposa, aunque no creo que se lo haya creído, ya que somos mayores que sus hijos. Cuando la buena señora se fue, nos dijo que lo había hecho porque la vecina era muy chismosa, ¡jajajajaja!

En poco tiempo, María se convirtió en alguien entrañable para nosotros. Yo le decía que se viniera a vivir a mi casa, o que cuando menos se quedara a dormir alguna vez, pero su respuesta era siempre la misma: ¿Cómo voy a dejar a Juanito? refiriéndose a su hijo menor, de cuarenta y tantos años y a quien adoraba. Y no era solo por él, me consta que a todos sus hijos los quería muchísimo y estaba muy orgullosa de todos y cada uno de ellos. Con el paso del tiempo, los fui conociendo de uno por uno y la verdad es que esa incansable mujer formó unas personas ejemplares.

Su niñez fue muy triste, ya que le tocó un papá golpeador. Se casó  muy joven y la vida le arrebató muy pronto al padre de sus nueve hijos. Años más tarde, perdería a varios de estos y a un nieto, a quien quería como si hubiera sido también hijo suyo, pero nada de eso cambió su hermoso carácter y su actitud hacia la vida.

No le importaba salir tarde, para ella el trabajo era primero. A veces la dejaba en la parada de Walmart y otras la llevaba hasta el centro, donde la esperaba su adorada Aída, otra de sus hijas. ¿Qué decir de ella? Hermosa por dentro y por fuera, igual de alegre y bondadosa que su mamá.

Aída vivía en Juárez y trabajaba en una guardería en El Paso, por lo que tenía que cruzar muy de madrugada. Uno de esos días, se asustó al ver que un afroamericano la venía siguiendo.

En la tarde que le contó a su mamá, ésta le preguntó:

—¿Y tú qué hiciste?

—No, pues salí corriendo hasta que lo perdí de vista

—Anda mensa, ¡te hubieras dejado alcanzar!

Lo que contestó Aída no lo puedo platicar, pero se convirtió en chiste local, y siempre que María y yo hablábamos, salía a relucir, ¡jajaja!

Otro chiste que le encantaba era uno que le conté sobre un señor que se llamaba Asunción, y en el pueblo le decían Chon. Un día se subió a un camión y le encargó al chofer que le dijera cuando llegara a su destino. Ahí se encontraba otro del mismo nombre y, casualmente, iba para el mismo lugar, por lo que él también pidió le avisaran. Al llegar a su destino, el chofer grita con voz sonora:

—¡Aquí se bajan los Chones!

Jajaja, ¡ah cómo se reía con ese chiste y repetía la frase cada vez que platicábamos!

Aparte de tener un humor excelente, María era muy compartida y no hallaba ni qué darnos. Una vez nos regaló unas Julietas hermosas,  una muy grandota y otras chiquitas que ingeniosamente había puesto en unos focos con agua.

Después de un tiempo dejó de trabajar conmigo, entonces comenzó a traerme tortillas de harina, chiles rellenos y papitas… ¡delicioso todo, pero como para un regimiento!

Una de esas veces que vino a traerme sus delicias, recibí una llamada de un gringo preguntándome si conocía a una tal María. Le dije que sí, y me contó que la había visto caminando como perdida cerca de la casa y que como hacía mucho calor, le había ofrecido un aventón. Le di la dirección y a los cinco minutos, aparece María muy trepada en la camioneta del chavo. Las dos le dimos las gracias, y antes de que este se arrancara, me dice ella:

—¡Gringo pendejo, si no estaba perdida! ¡Jajajajajaja!

Tiempo después, la vida le dio otro golpe cuando su amada Aída dejaba su cuerpo físico, víctima del cáncer. Aunque algunas veces se le habían salido unas lagrimitas conmigo, nunca la había visto tan acongojada como en el funeral de su hija. Al principio andaba como si nada, presentándome al resto de su familia, pero llegó un momento en que se quedó de pie junto al ataúd y yo sentí que se me partía el corazón en pedazos al verla morir de tristeza. Pero María tenía otros hijos a los que sentía que debía dar ánimo, por lo que, como una mamá gallina, se sacudió las plumas y volvió a ser la misma, escondiendo su dolor para no hacerlos sentir más mal.

Ahora ella ya no sufre. ¡Por fin se reencontró con todos esos seres queridos que la vida le fue arrebatando uno a uno!

No sé cuál haya sido su misión en esta vida, pero por la actitud que ella tuvo ante tanta pena, quiero pensar que le dieron mención honorífica ahora que llegó al Otro Lado, al verdadero Hogar.

Personas como María son difíciles de encontrar.  Mi familia y yo nos sentimos muy honrados y muy privilegiados porque Dios unió nuestros caminos.

Vaya pues todo mi cariño, admiración y agradecimiento para uno de los espíritus más luminosos que he conocido.

¡Buen viaje mi querida María… aquí se bajan los Chones!

SABES CUÁL ES TU PARA QUÉ

Para los que no saben, la ciudad de El Paso (que es donde vivo) tiene ya como tres años con cierres de calles y/o de carriles, ya que están trabajando en un mega proyecto de vialidad. Pues bien, hace unas semanas hablé por teléfono a una compañía para solicitar sus servicios, y al preguntar a qué hora podrían estar aquí, la señorita no pudo evitar mencionar que el tráfico de la interestatal estaba de la fregada y que ellos venían del otro lado de la ciudad. 

—Sí, tiene razón -contesté- El tráfico es con frecuencia insoportable, pero ¡qué bonito va a quedar El Paso, verdad? Todos nos vamos a beneficiar de esto que ahora sufrimos. 

—Pues sí, dijo titubeante, ¿pero mientras?

Ahí me quedó claro que la señora no tenía la menor idea del significado de esas dos palabras: 

¿PARA QUÉ?

En los talleres que he tomado con Haydée Carrasco siempre nos ha dicho que en vez de preguntarnos por qué nos pasan ciertas cosas, nos preguntemos para qué nos pasan. Aunque estoy de acuerdo con ella, reconozco que no es muy fácil contestar a esa pregunta cuando sientes que tu vida se desmorona, pero por lo general, cuando pasa el tiempo, la gente puede entender el para qué de esa situación que vivió. 

Esto es enfocándose en lo que ya pasó. Ahora veámoslo desde otra perspectiva.

¿Qué tal si en vez de esperarte a que te suceda una desgracia que te cambie la vida, DECIDES ahora CUÁL ES TU PARA QUÉ? Sí, así como le hicieron los que planearon cómo se va a ver El Paso en unos años, piensa… ¿cómo te quieres ver tú? ¿Qué quieres manifestar en tu vida? Una vez que lo tengas claro, entonces te regresas al aquí y al ahora, haces un plan de acción… Y LO SIGUES. 

Por ejemplo, quieres ocuparte de tu salud, ya no quieres descuidarla. ¿Qué tienes que hacer para lograrlo? Podrías:

  1. Ir a ver al doctor para que por medio de análisis y/o estudios te diga cómo estás.
  2. Analizar lo que comes y estar consciente de lo que va a pasar si sigues con ese tipo de comida y/o en esas cantidades (esto aplica para quien come mucho como para quien no come bien).
  3. Analizar si tu vida es sedentaria o, en caso contrario, si el ejercicio que practicas te va a ayudar a lograr lo que quieres.
  4. Echarle un ojito a tu vida espiritual, esta te puede ayudar mucho más de lo que te imaginas.
  5. Analizar qué tanto fumas, tomas o consumes drogas, y cómo te puede afectar.
  6. Ir con una persona especializada a que te diseñe un menú saludable y te diga qué suplementos debes tomar.
  7. Hacer tu plan de acción (comida, ejercicios, suplementos, etc.).
  8. Amarrarte un huevo…  ¡¡¡Y CUMPLIR CON ESE PLAN!!!

No tiene caso que voltees al pasado. Eso ya pasó… ahora lo que te queda es el presente. ¿Qué vas a hacer para lograr lo que quieres? 

Cuando estés sudando la gota gorda en el gimnasio, te vayas a la cama más temprano, medites aunque sea cinco minutos al día,  pistees un poquito menos o te vuelvas vegano (jajaja, bueno o que comas más frutas y verduras pues), recuerda que tienes un PARA QUÉ, y eso hará que no lo sientas tan pesado. 

Igual puedes hacer ahora para las elecciones. Toma papel y pluma y escribe:

        ¿Para qué votaría por… ?
PIENSA BIEN…El BroncoMeadeAnayaLópez
¿Cuáles son sus propuestas?    
¿Cuáles son sus cualidades?    
¿Cuáles son sus mayores logros?    
¿Qué es lo mejor que le pueda pasar al país si gana?    
¿Cuáles son sus defectos?     
¿Cuáles son los defectos de sus colaboradores?    
¿Qué es lo peor que le pueda pasar al país si gana?    

Una vez que hayas hecho ese análisis, pensando con la cabeza y no con el estómago, te quedará bien claro PARA QUÉ votar por x candidato. 

No por qué… PARA QUÉ. 

Un por qué negativo (porque ya estás harta de x partidos o de la corrupción*) te mantiene en el victimismo y te ciega.

Un por qué positivo es mejor, pero no te abre tanto el panorama como el para qué. 

*Como dijo Diego Dreyfus, un país será tan corrupto como sus ciudadanos.

Mientras sigamos dando mordidas, haciendo uso de las palancas, estacionándonos en doble fila o en los lugares para discapacitados, robándonos las plumas, hojas, clips, etc. de nuestros trabajos, robándole la señal al vecino, comprando y/o vendiendo cosas piratas, evadiendo impuestos, no aclarar cuando nos dan cambio de más o cuando hay un error que nos beneficia en nuestros recibos, y un larguísimo etcétera, no habrá gobierno que acabe con la corrupción. 

Se cambia de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba, no al revés. Nadie va a venir a hacer tu trabajo. ¿Quieres un mejor país? Ten presente tu PARA QUÉ y cambia tú. 

He dicho.