CONECTÁNDONOS CON LA SABIDURÍA INTERNA

Los últimos seis o siete viernes he llegado a la casa motivadísima del taller que estoy tomando, e invariablemente pienso que ya tengo el tema para la gunicharrita. Por desgracia, pasan los días y no me doy el tiempo de sentarme a vaciar lo aprendido con Haydée Carrasco. 

El viernes pasado no fue la excepción (esto lo empecé a escribir el miércoles, por eso no cuento éste), pero ahora voy de gane… apenas han pasado cinco días y ya hice un espacio en mi apretada agenda (aunque usted… no lo crea) para dedicarme a lo que más me gusta: escribir. 

Bueno, pues la semana pasada que llegué al salón me sorprendió ver dos ramos de flores y una canasta con frutas. Como era 30 de octubre, pensé que haríamos un altar para muertos. No podía estar más equivocada.

Haydée nos pidió que pasáramos una por una al frente para escoger una flor y una fruta y regresar a nuestros lugares. Yo escogí una gerbera preciosa de color rosa fuerte y una manzana de un verde intenso.

Una vez sentadas, debíamos –en silencio- observar detenidamente la flor. Lo primero en lo que me fijé fueron sus pétalos, luego me di cuenta que del centro (que era de un color entre amarillo y verde y estaba formado por pequeños filamentos) salían decenas de pequeños pétalos, como acentuando la belleza del centro. 

En ese momento me vi reflejada en la gerbera y comparé sus pétalos grandes con mi cabello. ¿Cómo es posible –pensé- que muchas veces solo me preocupo por mostrar una bonita imagen por fuera, sin darme cuenta de lo hermosa que en realidad soy por dentro? 

Y me di cuenta que soy perfecta en todos los sentidos y que TODOS -sin excepción- lo somos. 

Al ir descubriendo más y más detalles de ella, me sentí invadida de un gran amor y gratitud por esa revelación y comencé a llorar ante tanta belleza y me propuse de ese momento en adelante intentar ver la belleza y la perfección de todos los seres, empezando por mí. 

Después de un rato verdaderamente hermoso, cambiamos a la fruta. Como ya dije, su color era de un verde intenso y en su parte inferior se podía apreciar una estrella perfectamente marcada. Entonces, Haydée nos pidió que nos fijáramos en la parte donde había estado unida al árbol, y nos dijo que así como algo tan insignificante como una fruta había sido formado gracias a algo muy grande que le había dado la vida, igual pasaba con nosotros.

Nos pidió entonces que le claváramos una uña, acercándola primero a nuestro oído para escuchar ese sonido y luego a la nariz para percibir su aroma. Después de eso, le dimos pequeñas mordidas, saboreando cada bocado, mientras ella narraba todo lo que esa fruta había pasado para que la pudiéramos tener en nuestras manos. Y nos dimos cuenta que había habido muchas personas involucradas… y dimos gracias a ellas. 

Luego nos indicó que saliéramos durante diez minutos y que escogiéramos algo para observar: un pájaro, un árbol, las nubes, el pasto, etc. 

A mí me llamó la atención un árbol. Me puse a contemplarlo y me fijé en los lugares donde alguna vez hubo una rama; como era un árbol grande, me imaginé que lo habrían podado muchas veces para que cobrara vigor. Y pude ver la similitud con las personas… Para crecer, para madurar,  tenemos que cortar con todo aquello que nos detiene… todo eso que no nos permite seguir adelante. Y muy contenta con mi analogía, regresé al salón. 

Ahí, Haydée nos puso a escribir lo que habíamos observado y tuvimos que dibujarlo para luego compartirlo con las compañeras de nuestra mesa. 

Me quedé gratamente sorprendida al escuchar lo que cada una de ellas había podido interiorizar.  Y es que, como Haydée nos explicó, dentro de todos los seres humanos existe una sabiduría divina, y una manera de tener acceso a ella es mediante la contemplación de la naturaleza. El problema es que no todos nos damos el tiempo para hacerlo. 

Las dos horas se pasaron volando y yo salí de ahí emocionada de ver que existieran ejercicios en los que se hiciera lo que tanto me gusta. Fue como si me dieran una palmada en la espalda y me dijeran: “Lo estás haciendo muy bien… vas por el camino correcto”. 

Con un gran suspiro y una sonrisa en mi corazón, me subí a mi camioneta y me alejé del lugar…

Vivir en el presente

El día de ayer tuve la fortuna de asistir a un retiro de bienestar. Mi amiga Ana (de Pilates) me había insistido mucho que la acompañara y como suele pasar, al final fui yo sola.

Llegué faltando minutos para las 10, hora de inicio del retiro. Me llamó la atención que en el camino vi un cachorrito de pastor alemán corriendo. Digo me llamó la atención porque es la segunda vez que me encuentro un perro perdido cuando me dirijo al centro LIGHT. La primera vez fue hace unos meses, ya ni me acuerdo qué raza de perro era, solo sé que era peludo y chiquito. Esa vez me paré y lo subí a la camioneta para revisar si traía plaquita con sus datos. Apenas lo había subido cuando se acercaron unas muchachas desesperadas, gritándome que ese era su perro. Se los entregué, feliz por el reencuentro y porque ya no me iba a retrasar. En esta ocasión, por desgracia, el méndigo perrillo no me hizo el menor caso. Me bajé, le chiflé, abrí la puerta de la camioneta, pero salió corriendo para el otro lado. Lo que me tranquilizó es que no se veía perdido, o sea que tal vez solo salió a dar el rol.

Perro perdido

En fin, una vez en el Centro, me registré, hice el pago y pasé al salón a sentarme. En ese momento me di cuenta que no llevaba nada para apuntar, pero recordé una imagen que acababa de ver de una viejita rodeada de muchas personas con sus teléfonos y cámaras y ella solamente disfrutando del momento con sus ojos y oídos, así que decidí que yo también haría lo mismo.

A los pocos minutos se acercó una muchacha a decirme que nos habíamos conocido en el retiro de meditación en silencio, el pasado mes de mayo. Me dio mucho gusto verla, ya que me había caído muy bien. Platicamos un rato, luego regresó a su lugar, y Lynn (una de las meras meras del Centro y organizadora de este evento) pasó al frente a darnos la bienvenida.

Comenzamos con una meditación muy especial, cuyo propósito es alcanzar la iluminación o conciencia universal a través de la activación y desarrollo de los centros energéticos (chakras) del corazón y la corona. A estos chakras se les conoce como corazones gemelos, por lo que el Maestro Choa Kok Sui le dio el nombre de Meditación de Corazones Gemelos. Lynn puso el CD con la meditación guiada y una vez que nos hubimos convertido en un canal para la energía divina, se nos pidió que visualizáramos la Tierra como una pelota girando frente a nosotros. Entonces, con las manos levantadas hacia enfrente, la bañamos para que todos se beneficiaran con esa energía.

Meditación en corazones gemelos

Después de este hermoso ejercicio, Lynn presentó a otro de los organizadores, un médico que trabaja en el hospital de Fort Bliss (base militar ubicada en El Paso, Texas), quien a su vez, presentó a la conferencista del día, la Psicoterapeuta Sharon Ferrell.

Sharon, una mujer de poco más de 60 años, vestida de blanco y con unos ojos chispeantes y una sonrisa contagiosa, comenzó su conferencia.

Nos contó que llevaba ya muchos años atendiendo al personal de Fort Bliss, especialmente a aquellos con estrés post-traumático y que para ello había desarrollado un programa de cinco pasos. El objetivo: vivir una vida centrada, o sea, una vida enfocada en el presente.

Militares

Bueno, pero… ¿qué pasa si vivimos en el pasado? Pues que muy probablemente nos llenaremos de lamentaciones y/o de remordimientos:

—Ay, ¿por qué hice/dije/no hice/no dije tal o cual cosa?

— ¡Qué mala onda que Fulanito de Tal me haya hecho eso!

— ¿Por qué se tuvo que morir tal o cual persona?, etc.

Por su parte, si vivimos en el futuro, nos comerán la ansiedad y las preocupaciones.

  • Se me hace que me van a correr del trabajo… ¿qué voy a hacer?
  • ¿A qué hora irá a llegar mi hijo de la fiesta? ¿Estará bien? ¡Ay, ojalá que no vaya a chocar!
  • Esta Navidad toca con mi familia política… ¡qué horror, de seguro mi suegra se va a poner de grosera como siempre!

O sea que si vivimos en el pasado o en el futuro, perdemos algo inmensamente valioso: NUESTRA PAZ.

Mujer Paz

¿Cómo no caer en eso?

Viviendo momento a momento, como si estuviéramos asomándonos a una casa por una ventana, y para explicar esto, Sharon puso sus manos alrededor de sus ojos (como para concentrar mejor la vista) y comenzó a caminar de lado “estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí”.

En otras palabras, estar conscientes del aquí y el ahora.

Ella también mencionó el reclamar nuestro poderío. Si somos hechos a imagen y semejanza de Dios, una chispa divina (para los que no sean religiosos), una parte del Todo, quiere decir que somos gigantes, ¿verdad?

Gigante

Y entonces, ¿por qué nos comportamos como si fuéramos hormigas? ¿Por qué dejamos que en lugar de que sea uno (el gigante, el de origen divino) el que controle su vida, lo haga una niña o niño de 3 ó 4 años… berrinchud@, herid@, lastimad@? El que debe llevar el volante es el grande, no al revés.

Berrinche

Para propósitos prácticos, podemos considerar que dentro de nosotros cohabitan esas dos personas: el gigante (mi Real Ser) y el niño o la niña (mi ego).

Muy simpática, Sharon se puso a jugar a que estábamos en el programa de Oprah y me escogió para dizque entrevistarme.

  • ¿Eres segura de ti misma? (o algo así, no recuerdo ya bien la pregunta)
  • No, contesté, un poco apenada
  • No le estoy hablando a la niña chiquita, le estoy hablando a la parte de ti que es divina, al gigante…
  • Ah no, pues entonces sí lo soy.

Al rato me hizo otra pregunta… y volví a caer:

  • ¿Te duele algo ahorita?
  • Pues sí… siento como un tirón en el hombro
  • ¡Jajajaja, noooo, otra vez me está contestando la niña!
  • Jajaja, tienes razón, no me duele nada porque soy un gigante.

Y ahí mismo hizo que me comprometiera a realizar el punto número uno de su programa:

  • Vivir en el presente por 1 hora.

Esto debería llevarlo a cabo, saliendo del retiro.  Luego procedió a explicar los demás puntos:

  • Vivir en el presente por 24 horas
  • Vivir en el presente por 3 días.
  • Hipnosis

Para esto, Sharon lleva a sus pacientes a un viaje imaginario por un bosque. Les dice que los dos son gigantes y van en busca de su niña (o niño) que se oye llorar a lo lejos. Cuando lo encuentran, el paciente lo debe tomar en los brazos y prometerle que lo amará sin condiciones, que lo protegerá y lo valorará.

  • Vivir en el presente por 3 semanas.

Los resultados que ella ha obtenido con sus pacientes han sido increíbles. Yo no dejo de sorprenderme de que Fort Bliss acepte este tipo de terapia, la verdad, mis respetos para quienes toman ese tipo de decisiones, ya que muchos de los militares que regresan de la guerra lo hacen sumamente trastornados.

Sharon también nos contó un descubrimiento que hizo en su consulta. Dice que al preguntar a sus pacientes si habían podido cumplir con el reto de vivir en el presente, muchos de ellos dijeron que no, y le explicaron sus razones:

  • Es que llegué a mi casa y mi esposa me dijo que estaba muy gordo.
  • Es que una persona me la rayó mientras yo iba manejando.

… y como decía mi querido jefe el Ingeniero Reza cuando le salía con algún pretexto: ‘Es que, es que…’.

Excusas

Después de años de apuntar todas las justificaciones que sus pacientes le habían dado, ella llegó a la siguiente conclusión:

No es lo que otros te hacen, sino cómo reaccionas a ello, en otras palabras, lo que te saca de tu centro es el juicio que haces después de una acción. ¡Toin! Me pareció clarísimo y totalmente lógico: nadie tiene el poder de alterarme, solo yo.

La conferencia terminó en medio de un estruendoso aplauso, ¡a todos nos encantó! De ahí pasamos a disfrutar de una deliciosa comida hindú-vegetariana; al terminar me acerqué a donde estaba Sharon y le di las gracias. Ella respondió con un abrazo muy caluroso… la verdad es que desde que la vi me atrajo su personalidad. Le dije que me había encantado, que lo había explicado tan bien que lo hacía ver muy fácil. Riéndose, contestó que entonces no debía vivir una hora en el presente, sino dos, jajaja. Y bueno, ya platicando, me enteré que hablaba perfecto español porque había vivido cinco años en México y trabajado nada más y nada menos que como cantante en el grupo de los Hermanos Castro. Encontré una foto y con su permiso, la anduve presumiendo por todo el salón (es la güera guapísima de la derecha).

Castro 74

Posteriormente tuvimos sesiones de sanación pránica, terapia de sonido y mensajes de los ángeles a través de cartas.

El retiro terminó con algo un poco extraño, la primera parte de la meditación Kundalini de Osho, en la que nos sacudimos durante 14 minutos al compás de una música bastante curiosona. Como lo hicimos con los ojos cerrados, pude vencer mi timidez y ya casi al último, hasta lo disfruté.

Salí del lugar feliz, dispuesta a cumplir con las dos horas del compromiso… y más. Al momento han pasado alrededor de 28 horas y ahí la llevo.

Los invito pues a unirse a esta intención de vivir de manera centrada. Si les interesa lo de la hipnosis, les puedo pasar los datos de Sharon (esto es cuando ya tienen 3 días en ese estado). También, pueden escuchar por internet la meditación de corazones gemelos. Solo tienen que buscarla y listo.

Ya para despedirme, solo me resta agradecer a mi amiga Ana por decirme del retiro, a Lynn, Richard y Sobha por organizarlo, a Sharon por compartir sus conocimientos y a ustedes –como siempre- por hacerme el favor leer y/o comentar lo que escribo

¡Hasta la próxima!

Sanación Emocional

Hace dos años escribí en ‘Lecciones Olvidadas’:

Pero Dios hizo todo tan perfecto que no solamente nos puso pistas en la naturaleza, sino también en nuestro propio cuerpo. ¿Acaso no es éste un mapa en el cual están todas las respuestas para encontrar la salud y el equilibrio? Disciplinas como la Acupuntura, la Reflexología, la Iridología -entre otras- nos sorprenden al darnos la clave para sanarnos.

Pues bien, en los últimos meses (y más en las últimas semanas) he sido bombardeada con información que me ha hecho pensar lo mismo que hace dos años, sin embargo, ahora lo veo bajo otra luz: 

Dios nos hizo tan maravillosos y tan perfectos que nuestro propio cuerpo genera pistas (enfermedades) para que podamos sanar nuestras EMOCIONES. 

¿De qué información hablo? De la biodescodificación, la cual, según el Psicólogo español Eric Corbera que fue quien le dio ese nombre, es el arte de acompañar a la persona a encontrar la emoción oculta, esencial (el resentir) asociada al síntoma que hay (la enfermedad) para descodificarla y así favorecer la curación mediante la liberación de la emoción que hay en el inconsciente y trascender dicha emoción, transformándola. 

Este término lo escuché por primera vez hace unos dos años, cuando mi amiga Lulú me platicó que estaba muy entrada aprendiendo sobre eso. La verdad es que no me llamó mucho la atención, pero últimamente lo escucho en todos lados: con Laura Buendía –fisioterapeuta-, Haydée Carrasco –terapeuta-, en cursos, pláticas y mensajes, por lo que me di a la tarea de buscar en youtube los videos del señor Corbera. Apenas voy en la parte 4 (son 9) del curso de Curación Emocional y me está  gustando mucho. 

Me he dado cuenta de que para sanar aquello que me aqueja, debo primero poner atención a lo que hay detrás: a la emoción o actitud escondida. 

Ahora sé que en lugar de quejarme por esta u otra afección, debo abrazarlas y darles las gracias porque ellas son como el foquito que se prende en los carros cuando algo no está funcionando como debiera. Entendí que no debo quitarle el fusible a ese foquito, sino ir a la raíz del problema y cuando lo haya solucionado, el foquito se apagará solo. 

Bueno, pues no pude aguantarme a terminar todos los videos, así que me puse a buscar mis dolencias en internet y lo que encontré me dejó de a seis… ¡todo coincidía! 

Pero no solo eso… creo que he descubierto el origen de la inflamación de estómago que me ha traído en jaque desde el 2013… Creo que es un asunto emocional que sucedió semanas o meses antes y que fue el detonador para que mi pancita se viera como la de una embarazada. Bien me decía la fisioterapeuta: es algo que no termino de digerir. 

Claro que puedo estar equivocada, pero como esto me parece de lo más lógico, hoy mismo me aventé una sesión de perdón con la persona involucrada (de la cual salí como si hubiera ido a que me dieran un masaje)  y ahora le doy las gracias a esa inflamación que me ha hecho voltear hacia atrás para sanar esa emoción. 

Ya para despedirme, me voy a permitir citar –una vez más- a Laura Buendía, con esta frase que me fascina:

La vida es como es, no como debería. Gracias por todo lo que me sucede a cada instante, bueno, maravilloso, grandioso, horrible, horrendo, feo y demás. Gracias por la bendición y la maldición, gracias por la luz y por la obscuridad.

…o sea, gracias no solo por la salud, sino también por la enfermedad. 

Y claro, a todos esos maestros que surgen en el momento preciso: gracias, gracias, gracias. 

DESCUBRIENDO Y REDESCUBRIENDO TESOROS

Como muchos de ustedes saben, hace unos días estuvimos de asueto en los Estados Unidos, por lo que mi familia y yo aprovechamos para tomar unas vacaciones.

Todo comenzó el sábado cuando llegamos al aeropuerto de Ciudad Juárez. Unas amigas me habían dicho que como iba a viajar por Vivaaerobús, me recomendaban que nos fuéramos con mucha anticipación, para no arriesgarnos a perder el vuelo. Así lo hicimos, llegamos dos horas antes y para nuestra sorpresa, nos dijeron que el avión estaba retrasado y que en lugar de salir a las 4:30, saldría a las 7. Tratando de no dejar que eso echara a perder nuestras vacaciones, nos fuimos al restaurante. Mi esposo nos sugirió que saboreáramos la comida, pues íbamos a estar ahí  5 horas. Mientras esperábamos en el restaurante, escuchamos que llamaban a los pasajeros del viaje a León (nosotros íbamos a Guadalajara). Luego comenzaron a hacer limpieza y nos tuvimos que ir a esperar a otro lado. Y nos dieron las 3 y las 4, las 5 y las 6 y las 7… como a las 8 nos piden que pasemos a la puerta X. Ahí vamos con toda la perrada a formarnos y de repente vemos que no es para abordar, ¡sino para que nos dieran sodas, papitas y galletas… OMG! Obvi que me hice la digna y no me formé, pero al rato comenzó a apretar la tripa y dejando a un lado a mi otro yo (ese que está clavadísimo comiendo solo cosas nutritivas –alimentos vivos- y que gracias a ello ha bajado la inflamación de la panza) me paré muy humildita a recibir unas galletas. La ilusa pregunté si tenían botellas de agua. No, pura bebida carbonatada retacada de azúcar y de porquerías, contestaron (jajaja, no es cierto, pero así me sonó). Sin llorar. Me pasé unas tres o cuatro galletas con pura saliva y dejé el paquete a medias.

Después de esa bomba, los ánimos comenzaron a caldearse, ya que eran ya las 8:30 y ni luces del avión. Alguien dijo que lo que había pasado es que nos iban a mandar en el que se había ido a León… Viva México, me cae. Comenzamos a sulfurarnos y luego recordamos que habíamos pagado una cuarta parte del vuelo de Aeroméxico y se nos pasó.

Por fin, a las 9:30 de la noche comenzamos a abordar. En cuanto nos subimos, mi esposo y yo nos ‘jetoneamos’ y abrimos los ojos cuando estábamos a punto de aterrizar.

Recogimos las maletas, nos fuimos por el carro de renta y nos dirigimos al hotel. Éste se encontraba en pleno centro, el cual está en remodelación. Dimos vueltas y vueltas y no dábamos con la dirección… hasta que se me ocurrió hablar al hotel. Muy amables, nos mandaron a un estacionamiento y fueron por nosotros con un diablito. Nos venimos durmiendo como a las 2 de la mañana.

Al día siguiente nos deleitamos con la vista maravillosa de la catedral desde nuestra habitación. Desayunamos unos chilaquiles wannabe y salimos a caminar y a tomar un paseo en calandria. Yo tenía sentimientos encontrados por el inocente caballo. Mi hijo trató de consolarme, diciéndome que no se veía flaco ni maltratado… en fin. Recorrimos buena parte del primer cuadro de la ciudad, exclamando “aes” y “oes” (diría la ridi de mi mamá) al por doquier. Luego nos fuimos caminando al mercado de San Juan de Dios. Ahí comimos unos sopecitos (bueno, yo, ellos comieron otras cosas) y dimos el rol por los puestos. Mis tres acompañantes se ajuarearon de zapatos y ropa.

Intenté ver a mi sobrina Pame que vive allá, pero estaba trabajando y ya no se pudo. Regresamos al hotel por nuestras cosas y salimos para Aguascalientes. En el camino comencé a mensajearme con Juan, el patriarca de la querida familia que tuvimos el placer de conocer dos años atrás y que mencioné en la gunicharrita del 13 de octubre de 2013 (Un Regalo de Dios). Quedamos que él y su esposa Dulce nos encontrarían a la entrada de la ciudad, para de ahí guiarnos al cine. Ahí, sus hijas ya estarían esperando a los nuestros para ver una película de estreno. Así lo hicimos… cuando los tuvimos frente a frente, no lo podíamos creer. ¡Por fin nos volvíamos a ver! Llegamos al cine y me encantó el hecho de que sus hijas fueran con un grupo grande de muchachos y muchachas, todos súper sanos.

Los dejamos ahí y nos fuimos los cuatro a cenar. Pronto recordé que Juan era bastante chistín y pasamos el tiempo atacados de la risa.

Al poco rato llegamos a su casa, la cual está ubicada en un fraccionamiento hermoso. Nos sentimos abrumados cuando nos dieron su recámara para que mi hijo se quedara con nosotros  en un colchón… eran demasiadas atenciones.

Los niños regresaron del cine fascinados y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente pasamos a conocer la congre, un lugar padrísimo que los Valtierra iniciaron hace poco y en donde se juntan (se congregan pues) para orar los jueves y para la alabanza los domingos. Para los que no estén muy familiarizados con la religión cristiana (que es la de nuestros amigos), según lo que yo entiendo, un pastor puede abrir una iglesia (no sé si se le llame así), como lo hicieron ellos, y la renta y los gastos del lugar son pagados por toda la congregación (bueno, por quien guste). Claro que si nadie coopera, la familia del pastor es la que le entra al quite, pero por lo que Juan y Dulce nos dijeron, gracias a Dios ahí van con los gastos. Mi esposo y yo nos quedamos con el ojo cuadrado al ver la obra tan grande que esa pequeña familia está haciendo por los jóvenes de Aguascalientes y aunque yo no soy cristiana, me encantaría vivir allá solamente para acompañarlos y vivir esa experiencia tan linda.  Sus tres hijas y otros jóvenes están a cargo de la parte musical, ya que todas son muy talentosas.

No pudimos quedarnos mucho tiempo porque ya nos esperaban a comer unos primos a los que no veía desde hace varios años, pero con los que me mantengo en contacto por el feis. ¿Qué les puedo decir? Los cuatro hermanos y el esposo de Pilar, la que organizó la comida, son lindísimos y nos hicieron sentir muy queridos. Mi hijo se emocionó porque por fin podría pistear legalmente en México, ya que recién cumplió los 18. Mis primos (los que no vivían en esa casa, obvi) fueron llegando de uno por uno, así como mi sobrina Menis que está a punto de terminar su carrera allá. Como Pilar y yo habíamos estado batallando de lo mismo (la inflamación), toda linda, me preparó una comida especial… ¿así o más chiple? El tiempo se nos hizo corto y tuvimos que despedirnos porque teníamos planes con los Valtierra y la mamá de Laura (la chica que vivió con ellos aquí en El Paso).

Nos despedimos sin ganas de retirarnos, contentísimos de pasar un rato muy agradable con personas tan sencillas y queridas.

Menis se vino con nosotros. Pasamos por los Valtierra a su casa y nos dirigimos al bellísimo Jardín de San Marcos, en donde nos habíamos quedado de ver con Laura y su mamá. El jardín estaba repleto de esculturas de bronce, así como de diferentes puestos. Me sorprendió la educación de los vendedores que caminaban entre la gente, ya que se acercaban como no queriendo molestar y nos pedían disculpas por ofrecernos sus productos. Si les decíamos que no, no insistían, daban las gracias y se despedían con mucha amabilidad. Esto es algo que jamás habíamos visto. Mientras platicaba con Dulce, se acercó una señora a ofrecernos unas plumas; no le compramos nada. Como a los veinte minutos se volvió a acercar, solo que ahora iba yo con mi marido. Ella comenzó a hablar, pero en cuanto me vio, dijo: “Ay, disculpe… a usted ya le había ofrecido”, y se retiró. Me pudo encantar su prudencia.

Las niñas Valtierra quisieron probar las famosas chascas (elote desgranado con chilito y todos sus arrimadijos) y yo no quise quedarme atrás. Le puse de un ajonjolí que tenía un poco de aceite y algo picante… casi se me salen los ojos… ¡era chile habanero! Le pedí al señor que le pusiera un poco más de crema (que no debo, pero en fin) y medio se compuso, pero al final terminé tirándolo pues comencé a sentir el estómago revuelto.

Después de caminar un rato y de pasar por una cajita de Sal de Uvas, nos dirigimos a una placita con diferentes restaurantes. Nosotros no teníamos hambre, habíamos comido súper bien con los primos, pero todos los demás sí cenaron.

Me llamó la atención que una señora ya grande y de apariencia humilde se paró como a dos metros de donde estábamos nosotros, y sin decir nada, nos transmitió su necesidad. Mi esposo se levantó de la mesa para darle algo de dinero. La señora, amabilísima, le dio las gracias con tanta educación que nos dejó con el ojo cuadrado.

Al día siguiente nos fuimos a Guanajuato con Juan, Dulce y Fer, una de sus hijas. Conforme nos íbamos acercando a la ciudad, yo sentía que algo brincaba en mi pecho… estaba súper emocionada, pues mi mamá había nacido en ese estado (digo, no íbamos a ir a su pueblo, pero el hecho de estar ahí era más que suficiente para mí).

Pasando la primera caseta de la ciudad, vimos unas personas de la Secretaría de Turismo. Nos ofrecieron un tour por la ciudad que duraría cinco horas. Estacionamos los carros y esperamos a que llegaran por nosotros. Mientras eso sucedía, yo llamé a la Secretaría de Turismo solamente para confirmar que dichos puestos estuvieran autorizados (la desconfiada y unos compas…).

Por fin llegó la camioneta que nos llevó a comer a un hermoso restaurante (Casa Valadez) ubicado en el Jardín Unión. Éste es una pequeña plaza con árboles tan tupidos que se unen, formando una sola copa… ¡hermosísimo! Comimos opíparamente y después de eso, caminamos un poco por el lugar. Todos estábamos emocionadísimos y asombrados con tanta belleza. Cuando llegó la camioneta para comenzar el tour, el chofer nos pidió que le pagáramos, sin embargo el muchacho con el que lo contratamos, nos había dicho que eso sería al final. El señor comenzó a sulfurarse diciendo que le ofendía que desconfiáramos de él (LOL), pero mi marido y Juan no cedieron. Para colmo, cuando estaba la discusión más acalorada, llegó un tránsito porque estaba mal estacionado y le quitó una placa. Yo no paraba de repetir “amo y agradezco la justicia perfecta, amo y agradezco nuestra seguridad perfecta, amo y agradezco la tranquilidad perfecta del chofer”, etc.

Más enchilado que la chasca de la noche anterior, el chofer comenzó el tour. De repente, mi esposo como que se empezó a paniquear cuando no supo para dónde nos llevaba, y medio me contagió, pero recordando que esos decretos no fallan y que íbamos con los Valtierra, nada malo podría pasarnos. Y así fue. El señor nos llevó a un mirador con una vista espectacular, luego cambiamos de chofer (gracia a Dios) y nos dirigimos a un lugar donde vendían piedras, y saliendo de la demostración, al Museo de la Inquisición… ¡qué cosa más horrible! Yo no podía dejar de pensar en lo bajo que la humanidad había caído con la dizque “santa” inquisición, pero luego me pasó por la mente que tal vez en alguna otra vida, yo participé en actos igual o peor de abominables. El final del recorrido en el museo era visitar una mazmorra, pero Dulce y yo solamente bajamos unos cuantos escalones. Ella, porque es claustrofóbica, yo porque el lugar olía a puro moho y no quería respirarlo.

De  ahí nos llevaron a una mina, a la que tampoco bajamos ni ella ni yo. Lo último sería visitar a las famosas “tías” de todo mundo, las que “están bien paradas” (chiste más viejo que mi abuelita), pero como ya habíamos visto dos en el museo, les pedimos que mejor nos dejaran en el mercado. Durante el trayecto me fui aspirando el embriagador perfume de una florecita de huele-de-nocheque había arrancado en la entrada de la mina. Ese olor me transportó a mi adolescencia, ya que en el jardín teníamos sembrada de esa hierba y la casa se llenaba de su exquisito aroma al caer el sol. No pude evitar recordar la vez que mi querida tía Bibita fue a visitarnos, y tomando  un florero que había en la mesa con una de esas florecitas, dijo: “Esta plantita… huele… huele de noche”,  y como somos todos bien viborones, nos botaneamos de lo lindo con ese comentario tan obvio, ¡jajaja, perdón tía!

Pues por viborona, al llegar al mercado, Juan me hizo notar que traía la nariz pintada de amarillo, ¡jajajaja, esa Bibita se vengó desde el Mas Allá, usando el polen!  Rápidamente me lo quité y entramos al mercado. Nos quedamos maravillados con la cantidad de puestos que ahí había y con el tamaño de las guayabas. Yo me compré una bolsa de Frida que me costó 170 pesos y que me encantó.

Y por fin se llegó la hora de lo que yo tanto anhelaba de este viaje: la callejoneada. Yo me acordaba que cuando mi hermano Virgilio iba a entrar a la universidad, llegó a pensar en estudiar en  la ciudad de Guanajuato, así que un día nos fuimos los ocho (mis papás y sus seis hijos) a conocer su probable alma mater. No recuerdo muchas cosas de aquel viaje, solo que nos tocó caminar detrás de una estudiantina y que lo pasamos de lo mejor.

En el restaurante se había acercado uno de los miembros de uno de esos grupos a ofrecernos una callejoneada a las 8:30. Por desgracia, ya era muy tarde para nosotros. Le preguntamos si había algo más temprano, dijo que sí, que estaba dispuesto a conseguir unos cuantos compañeros si les pagábamos la ‘módica’ cantidad de $3,000. Bueno sí ajá, yo le aviso. Por fortuna, minutos después se acercó otro que nos ofreció lo mismo, a solo 100 pesos por persona. De aquí somos, dijimos, y compramos los boletos.

Habíamos quedado de vernos en los escalones del Teatro Juárez, por lo que tuvimos que caminar un buen tramo del mercado. ¡Qué ciudad tan hermosa, estábamos todos extasiados! Por fin llegamos y esperamos solo unos minutos. Mientras estábamos sentados en los escalones, llegó un señor a ofrecer un chal con la imagen de Frida y no es que a mí me fascine ella, es solo que ese chal me encantó, por lo que mi marido accedió a comprarlo. Yo tenía en mente ponerlo en un bastidor, igual que lo había hecho la prima Ale Sosa con un pareo.

Y por fin comenzó el guateque. El corazón parecía salirse de mi pecho… ¡aquello era tan diferente a todo! Yo no era la única que lo disfrutaba, los de la estudiantina nos tenían a todos aplaudiendo, atacados de la risa. Lo único malo es que nos invitaron a mi esposo y a mí, junto con otra pareja a hacer el oso en una pequeña obra, jajaja.

Y comenzamos a caminar siguiendo a la estudiantina que cantaba canciones nuevas y viejas. Y caminamos y caminamos y caminamos. En la primera parada nos dieron unas ranitas bastante naquitas de cerámica, con un agujerito en la trompa y una especie de tubo en la parte superior del cuerpo (de regreso en la aduana, el gringo que revisó la maleta por los rayos X dijo que era un bong, jajaja). Luego nos detuvimos en una especie de balcón, al que subimos todas las mujeres, y los hombres nos llevaron serenata… me encantó que mis hijos vieran eso. En la tercera parada, comenzaron a repartir jugo de naranja, ya que ya no se permite pistear en la calle. Con lo especialita que soy, obviamente no quise que me sirvieran nada en algo que de seguro ni habían lavado. Mis hijos y la mayoría de las personas sí le entraron, se veía que era todo un show poder tomarle, hubo varios que lo único que lograron fue mojarse la ropa. En fin. De ahí nos fuimos a otro de los lugares emblemáticos: la Universidad de Guanajuato… ¡qué cosa más hermosa! Por último visitamos el Callejón del Beso, al que fuimos entrando de uno por uno. Mi esposo y mi hijo se habían desviado a hacer una parada sanitaria, por lo que mi hija y yo bajamos solitas. Casi al llegar al escalón donde supuestamente Ana y Carlos se habían besuqueado, apareció mi marido del otro lado de la calle. Le grité que corriera para besarnos y así lo hicimos, ante los aplausos y porras de la concurrencia y la lógica incomodidad de mi hija, jajaja.

Nos paramos a cenar en un restaurante, pero tuvimos que levantarnos porque nos dijeron que se iban a tardar. Tomamos dos taxis y nos dirigimos al estacionamiento donde habíamos dejado los carros. Cerramos la noche en un restaurante de taquitos, donde me tuve que recetar unas deliciosas y grasientas quesadillas (digo “tuve”, pues era lo único que no llevaba carne).

Llegamos a Aguascalientes todavía emocionados y yo di gracias a Dios por ese gran día y por esas maravillosas vacaciones. Me encantó que mis hijos tuvieran una probadita de lo que México es, que pudiéramos todos volver a ver a nuestros queridos amigos y familiares y quedamos convidadísimos a regresar.

No faltará quien diga que fue muy poquito tiempo, que así ni saben las vacaciones, pero por fortuna mi familia y yo no pensamos así. El ver las fotos que tomamos (especialmente mis hijos) de las personas queridas, los hermosos paisajes, los bellos atardeceres y los imponentes edificios es prueba de que nuestro corazón sabe valorar la belleza, independientemente de cuánto dure la experiencia.

Y por eso, una vez más, solo puedo decir: ¡gracias Dios!

DESCUBRIENDO EL PROPÓSITO DE MI VIDA

DESCUBRIENDO EL PROPÓSITO DE MI VIDA

Hace varios días compré un libro de Tania Karam (Una Vida con Ángeles) en donde –entre otras cosas- habla de nuestra misión de vida.

Ella dice que entre los tres y cuatro años de edad, los padres pueden notar cosas que les llamen la atención de sus hijos y que arrojen pistas sobre el propósito de sus vidas. A los siete años, varios hechos muestran lo que ellos han escogido como misión, siendo los cinco, seis y ocho, años importantes, ya que nos dan pistas. Nuevamente, a los dieciocho, nos acercamos a nuestra misión. 

Y claro, como nada es casualidad, justo a la semana de haber comprado el libro, comencé el taller “Descubriendo el Propósito de mi Vida” con una gran terapeuta de la frontera Juárez-El Paso, Haydée Carrasco. Si bien no fue el título lo que me atrajo a tomar un nuevo curso, sabía que sin lugar a dudas sería de gran utilidad para mí, ya que Haydée es garantía, independientemente del tema que imparta.

¿Y por qué no me llamaba tanto la atención el nombre? Pues porque según yo, es algo que tengo claro, ya que sospecho desde hace años que el propósito de mi vida es escribir. ¿Por qué? Porque como una de las características de la misión es que no sea solamente algo que nos apasione hacer, sino que con ello demos algo a los demás, los mensajes que amablemente me escriben algunas personas exhortándome a no dejar de escribir me hacen pensar que por ahí va la cosa. Como les digo siempre: me fascina escribir, pero que a alguien le guste lo que escribo, es la cereza en el pastel… es lo que me hace sentir plena.

Curiosamente, y pensando en lo que Tania Karam dice sobre los años en que tocamos nuestra misión, justo en este momento me está cayendo el veinte de que a los 18 años nació en mí el deseo de ser escritora… wow! Esto sucedió una noche de lluvia, la noche en que viajaría a Albuquerque por primera vez con la Banda de Guerra de mi querido Tec de Chihuahua. De pronto, me pareció increíble la idea de ser escritora y me puse a narrar lo que sentía en ese momento. Claro que cuando lo leí, hasta me caí gorda, jajaja, pues la escritura se sentía forzada. Sin embargo, guardé ese papel por más de 30 años y apenas lo rompí hace uno o dos. Wow y más wow… ¡qué revelación!

Pero volvamos al curso. 

Haydée comenzó con una meditación, un pequeño ejercicio para conocernos un poco más y procedió a explicar que descubrir el propósito de nuestras vidas es CONECTARSE CON LA FUENTE DE VIDA. Y para esto, nos dio un ejemplo muy claro. 

Señalando la unidad de aire acondicionado empotrado en la pared, dijo:

  • Supongamos que quitamos este aparato y lo reemplazamos con uno más bueno, más bonito y  que encaja perfectamente en el agujero que dejó el anterior. ¿Qué pasa si no lo conectamos? Pues lógicamente, no va a cumplir con la misión para la que fue diseñado, que es enfriar un espacio. 

Y es que todos, absolutamente todos, venimos al mundo con una misión, con un propósito. Esto es un acuerdo que haces con Dios (o la Vida, el Universo o como ustedes le llamen) antes de nacer. 

¿Qué pasaría si le ponemos calcomanías al aire acondicionado o usamos el cable para colgar ropa? Podemos hacerlo, pero nada de eso va a ayudar al propósito de la unidad. Y claro, a lo mejor va a ser el mejor colgador para ropa que alguien pueda tener, pero no va a estar haciendo su verdadera función. Y es que, OJO, tener éxito no necesariamente quiere decir que estamos llevando a cabo nuestra misión. 

¿Qué sucede cuando hacemos muchas cosas, menos aquella para la que FUIMOS CREADOS? Corremos el riesgo de caer en un vacío existencial. El peligro de esto es que cuando comenzamos a tratar de llenarlo, surgen las adicciones (recuerden que no solo hay adicciones a las drogas, alcohol o juego, existen muchísimas más) y nos llenamos de dolor. 

Por fortuna, una manera de SALIR DE LAS ADICCIONES es:

CONECTARNOS CON LO QUE NOS HACE FELICES

¿Y qué nos hace felices? ¡Ah! Eso es algo que cada quien debe ir descubriendo. Para esto, podemos hacer el “corte de caja mental” que mencioné en la gunicharrita “Al Acecho de mis Pensamientos”:

“Haydée –la terapeuta- nos sugirió que todas las noches identificáramos algo de lo que estemos agradecidas y algo de lo que no nos sintamos orgullosas (y aquí es donde entran los pensamientos positivos y los negativos que tuvimos en el día o los que tengamos en ese momento). Cuando escuché esto, me acordé que unos tres o cuatro años atrás, yo había comenzado algo similar con mis hijos. La diferencia era que debíamos escribir muchísimas cosas de las que estábamos agradecidos (no recuerdo el número… ¿20? ¿50? No sé, solo sé que era algo excesivo, por lo cual la práctica no nos duró ni una semana). 

Esta versión más ‘light’ me entusiasmó e hice planes para saliendo de ahí pasar a una tienda a comprar un cuaderno súper bonito y tal vez unas plumas de gel de colores para comenzar esa misma noche. Sin embargo, mi hija me cambió la pichada al pedirme que fuera por ella a la escuela porque se sentía mal (estaba muy resfriada). 

Esa noche, mientras me lavaba la cara, me acordé de lo que iba a comprar y dije para mis adentros: ‘¡Chin, no fui por el cuaderno! Bueno, pero a ver… ¿qué hubiera escrito hoy?’ Les juro que en menos de dos minutos ya tenía una larga lista de cosas qué agradecer y una o dos de las que me arrepentía o no me sentía tan orgullosa. En ese momento me di cuenta que no necesitaba un cuaderno bonito ni unas plumas de gel de colores… es más, no necesitaba escribirlo, ese “corte de caja” mental fue suficiente para aterrizarme. “

Ese ‘ALGO DE LO QUE ESTEMOS AGRADECIDOS’ es ni más ni menos que lo que TE HAYA HECHO FELIZ… lo que te haya hecho sentirte PLENO.

Nosotros los padres podemos AYUDAR a nuestros HIJOS a IDENTIFICARLO. Por ejemplo, cuando los VEAMOS FELICES, podemos decirles: 

  • Esto te hace feliz…

O cuando estemos comiendo, podemos preguntarles qué los hizo felices ese día y qué no (esto último, para mejorar).

Tania Karam dice que en las edades que ya mencioné (cinco, seis, siete y ocho), hay que preguntarles:

  • ¿Qué vienes a darle al mundo (nombre del hijo)?
  • ¿Qué vienes a darnos a nosotros, tus papás?
  • ¿Qué vas a hacer cuando seas grande?

 Y claro, aparte de que nosotros hagamos nuestro ‘corte de caja mental’, es bueno cuestionarnos:

  • ¿Qué quiero ser?
  • ¿Qué debo hacer con mi vida?
  • ¿Cuáles son mis metas?

Esas preguntas se contestarán de dos maneras:

  1. Por especulación 
  2. Por revelación. Aquí comenzaremos a recibir señales por todos lados (conocemos alguna persona que tiene que ver con lo que nos interesa, nos regalan un libro que dice una frase que tiene sentido, etc.). Dios, el Universo, los ángeles o quienes ustedes crean que están encargados de ayudarnos, SIEMPRE nos contestan, lo único que debemos hacer es solicitar su ayuda, ya que ellos son muy respetuosos del libre albedrío. Al hacerlo, es bueno pedir que cuando nos contesten, lo hagan de manera FUERTE Y CLARA. Después de eso, solo nos queda estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor. 

Por desgracia, muy rápido se nos terminó el tiempo de la primera sesión (mas no así de la Gunicharrita) y después de ésta, me quedé a terapia con Haydée. 

Y bueno, me voy a ventanear un poco platicándoles lo que sucedió ahí, pero creo que es importante para esta historia. 

Entre otras cosas, quise verla porque últimamente mi indecisión y apatía se han disparado a niveles insospechados. 

Después de hacerme muchas preguntas y escuchar atentamente,  Haydée me dio su diagnóstico:

—A ti te emputa la casa.

¿Quéeeeeee?  ¡Jamás lo había pensado… disfruto muchísimo el no trabajar fuera! Aunque… es cierto, me gusta mucho ver la casa limpia y ordenada, pero claro que prefiero no ser yo la que tenga que hacerlo. También sueño con atender a mi familia a cuerpo de rey, como lo hacía mi mamá, pero luego recuerdo que ella –en nuestros buenos tiempos- tenía dos trabajadoras de planta y a veces hasta tres y –como a la rana René- se me pasa. 

Haydée continuó:

  • Lo que a ti te llena es algo más bien intelectual (aquí puse cara de ‘what’), filosófico (bueno… eso es cierto, las gunicharritas son un claro ejemplo de mi alucine, jajaja). 

Entonces, me dejó de tarea hacerme un horario en el cual deje un tiempo fijo para traducir y otro para trabajar en el segundo libro (¿recuerdan que ya lo había terminado pero que lo estoy ampliando? Lo malo es que no me he dado el tiempo para ello). 

Si no tengo nada de traducciones, entonces lo deberé dedicar a escribir. 

Si no se me viene nada a la mente, no importa… me siento frente a la compu y espero a que lleguen las ideas. 

Esto tiene todo el sentido del mundo, sé que así lo hacen la mayoría de los escritores, pero por desorganizada no lo he hecho.

 Aparte de eso, también me dejó de tarea hacer un menú para 30 días (batallo mucho para decidir qué hacer de comer y a veces vengo preparando la comida ya cuando mis hijos llegaron o están por llegar), escoger un horario fijo para mis clases de Pilates y de italiano, así como para la bendita Alegría del Hogar. 

Si bien todo esto me asusta un poco y me parece algo difícil, estoy comprometida a hacerlo, ya que tengo muy claro que el propósito es darle estructura a mi vida para descubrir –o corroborar- cuál es mi misión en esta existencia. 

Ya para concluir, solo quiero decir algo más que no deja de asombrarme…  ¿Cómo es que después de estar pidiendo una cita con Haydée por varios meses, por fin puedo conseguirla justo cuando en el taller vemos el propósito de vida y cuando días antes llega el libro de Tania Karam a mis manos? 

Así es la vida. Nada es casualidad y yo me dejo llevar y consentir por el universo, mis Ángeles, mis Maestros y por supuesto, Dios. 

Gracias a todos aquellos que me hacen el honor de leerme, por ser parte de mi misión. Y ustedes… ¿cómo van con la suya?

¡Abrazos!

Aprendiendo

En estos días me he quedado sorprendida con las diferentes maneras de pensar de los seres humanos, desde la Alegría del Hogar que encuentra el acomodo perfecto para x cosa en mi casa, hasta la terapeuta que te hace ver lo equivocada que estás en algo que jurabas era lo correcto. 

Lo maravilloso es abrirse a la posibilidad de aprender de los demás y no aferrarnos a nuestros pensamientos… por muy nobles que pensemos que éstos sean. 

Por ejemplo, esta semana compartí en Facebook una publicación en la que se invitaba a las personas a decir –y pensar- solo cosas positivas de ellas mismas por una semana. Cuando lo leí, me pareció una idea excelente, ya que estoy consciente de que podemos ser nuestro peor crítico, y como constantemente nos estamos bombardeando con pensamientos, ¿qué mejor que vigilarnos para asegurar que fueran solo positivos?

Para mi sorpresa,  algunas personas no estuvieron de acuerdo, ya que argumentaron que caíamos el riesgo de volvernos soberbios. ¡Toinnnn! Me quedé de a seis… Mi geme Nora entró al quite diciendo que las religiones nos habían vendido la idea de que teníamos que ser humildes, pero que esto no tenía nada que ver con eso, lo importante aquí era la autovaloración, para así atraer lo bueno. Otras amigas dijeron que al no maltratarnos corríamos el riesgo de no ver nuestros defectos… yo contesté que era muy diferente no criticarse que decirse cosas malas. 

A lo que quiero llegar con este ejemplo es que algo que para mí era positivo, noble y puro, para otras personas no lo era tanto. 

¿Quiere decir que yo estoy bien y ellas mal o viceversa? Para nada. Quiere decir que todos podemos pensar de manera muy diferente… y está bien.

Pero no es aquí solamente donde aprendí esto. Les explico. 

Después de varios días de padecer unas horribles llagas en la boca, decidí ir a ver a mi amiga Tere Gutiérrez. Ya había probado mil y un remedios, pero algo me decía que eso tenía que ver más con algo interno que con lo físico, así que hice cita y ayer me dispuse a recibir la terapia de biomagnetismo. Sabía que con ella, Tere desnudaría mi alma y me sacaría la sopa sin que yo me diera cuenta y que finalmente, mi cuerpo y mi espíritu sanarían. 

Bueno pues me acosté y después de contestar a algunas preguntas, decidí que aprovecharía ese momento para relajarme. Llegó un momento en que Tere salió de la habitación, dejando que los imanes hicieran su trabajo y me dormí profundamente.

Cuando regresó, platicamos un poco y le dije que pensaba que las llagas me habían salido por una diferencia de opinión que tuve con un grupo al que pertenezco y que como lo había expresado, ese coraje me había ‘quemado’. 

En ese momento, me paró en seco.

  • ¿Sabes qué? Tú no eres redentora de nadie. Si esas personas quieren actuar de una manera que no te parece y te molestas por ello, estás fregada. 

¡Plop! Sus palabras me cayeron como balde de agua helada…

—Pero… ¡eso que hacen no está bien! 

—Para ti no está bien, pero ellos no lo ven como tú. Si te molesta tanto, no participes de eso. La próxima vez que te veas envuelta en esa situación que te incomoda, retírate con cualquier pretexto. 

Y remató:

—Tú no eres su mamá. 

¡Toin y más toin!

Sus palabras me hicieron recordar algo que Laura Buendía había escrito recientemente:

La vida es como es, no como debería. Gracias por todo lo que me sucede a cada instante, bueno, maravilloso, grandioso, horrible, horrendo, feo y demás. Gracias por la bendición y la maldición, gracias por la luz y por la obscuridad. Gracias a mis hijas, gracias a mi familia. Gracias a todos los que me felicitaron y se dieron tiempo de mostrarme su cariño por cualquier medio. Gracias a los que no les importo ni un cacahuate, gracias a los que me aman, gracias a los que me odian. 

Y pues sí… entre Laura y Tere me hicieron entender que ese “debería” no tiene razón de ser. 

Que yo no soy nadie para decirles a los demás cómo vivir su vida… por muy torcido que me parezca su camino. 

Si hago esto –que no es nada fácil- no solamente voy a dejar de molestar a otros, sino me quitaré ese tremendo peso que adquirí cuando decidí volverme Directora de Vidas Ajenas. 

Así que… retiro lo dicho a todos aquellos que he intentado cambiar: que cada quien haga de su vida un papalote y lo eche a volar, porque sí… LA VIDA ES COMO ES, NO COMO PENSAMOS QUE DEBERÍA DE SER.

¡Gracias por todas las cosas, personas y situaciones que me retan siendo como son y no como yo quisiera que fueran!

¡Gracias porque eso es perfecto!

¡Gracias por abrirme los ojos!

¡Gracias, gracias, gracias!