Mi primer año sin carne, pollo o pescado

Ayer celebré algo muy importante en mi vida: mi primer año como vegetariana. Después de veintidós años de intentarlo, lo logré… yay!

Comida vegetariana

¿Qué fue lo que hizo que me tardara tanto? Bueno, pues que no es una decisión fácil, especialmente porque me faltaba creatividad para la cocina. El primer año que lo intenté no salía de lonches de queso y quesadillas; cuando empecé en abril pasado no fue muy diferente, ya que las verduras, los granos y las nueces brillaban por su ausencia (aunque en mi defensa diré que desde varios años atrás ya casi no consumía lácteos, habiéndolos sustituido por la versión vegana). ¿Y qué comía? Híjole, pues fruta, pastas, arroz, pan con aguacate, seitán, tofu, lonches de frijol, etc., pero sobre todo, Ensure Plus. Y es que por desgracia mi apetito nunca ha sido muy bueno que digamos y tomaba ese suplemento para no quedarme en los huesos. Lo malo fue que durante el verano pasado exageré la nota llegando a tomar hasta 3 diarios (y un día 4!!!), lo que hizo que mi azúcar se disparara.

Por fortuna, al poco tiempo fui a Chihuahua a ver a una nutrióloga muy profesional (Karen Palm), hija de una querida amiga (e igual de linda que ella), quien me enseñó varios platillos fáciles y nutritivos y me hizo adicta al sándwich de betabel (con pan germinado)… ¡mmmh!!! A los pocos meses, platicando con mi amiga/hermana-de-diferentes-papás Ana, supe de otra hermosa persona y excelente nutrióloga también (Alida López Parada), quien me dio otras tantas ideas  y me mandó unos suplementos buenísimos (enzimas, algas, probióticos y vitamina B12). Lo mejor de Alida fue que me ayudó a dejar la adicción de casi 19 años al Ensure, sustituyéndolo con una deliciosísima proteína vegana (Raw Vegan Protein de Sunwarrior ).  

Proteína

Por el asunto del azúcar, Alida me sometió a una dieta temporal rigurosa (cero pastas, arroz, frutas, alimentos con conservadores y/o azúcar, y no me acuerdo qué más). Lo que se supone que debía comer era un spaghetti de mentiritas hecho de cierto tipo de frijol (adzuki), una sopa de frijol mungo, y otras cosas que ya ni me acuerdo. El problema es que todo eso me sabía a rayos y su consistencia hacía que casi me vomitara, por lo que empecé a comer cada vez menos y es cuando fui a parar a urgencias.

También llegué a aborrecer la proteína, ya que para no bajar de peso le agregaba almendras, semillas de cáñamo y de calabaza  (todo esto germinado), dos dátiles, jengibre, cúrcuma y canela), así que Alida me dio permiso de tomarla sola y además de cambiar la de vainilla a la de chocolate… la diferencia fue abismal: ¡riquísima!

Poco a poco he ido agregando nuevas verduras a mi alimentación y todas las semanas hago una o dos recetas nuevas (muchas de ellas las saco de una página increíble: www.masalladelgluten.com).

Aunque he bajado de peso, no me siento mal, “antes al contrario” (como luego dicen), ya que nunca había comido tan sano… sé que me estoy desintoxicando y eso me hace muy feliz, no importa que ahora me naden los pantalones de las piernas y que las pompas se hayan ido de vacaciones (¿será porque por fin me deshice de la nalga del juicio?).

Estoy aprendiendo a hacer las paces (en cuanto a la delgadez) con el cuerpo que me tocó, ya que ahora entiendo que en realidad soy flaquita y no muy curvilínea que digamos… Y ESO ESTÁ BIEN.

Popotitos

Lo único que me molestaba eran los “#$%&/ comentarios metiches de la gente:

Ay, cómo estás delgadaaaa!

-Si sigues así, te vas a desaparecer

-Así te ves bien, nada más no exageres

-¿Qué tienes, estás enferma?

-¡Ya no bajes más!

Y así por el estilo… ¡grrrrr! ¡Me caían taaan, pero taaaan gordos! No entendía cómo la ´che gente se sentía con la autoridad para opinar sobre mi cuerpo, si yo nunca le digo a un gordito que deje de comer o que ya no suba ni un kilo más (porque vi cómo sufrió mi mamá toda la vida al querer bajar de peso y entiendo esa frustración).

Hasta que me cayó el veinte…

Si bien yo respeto mucho los hábitos alimenticios de los demás (a excepción de los de mis hijos, ya que ahí sí es mi obligación intentar –nótese- hacerlos tomar conciencia), recordé que soy muuuuuy pero muy metiche en muchas otras cosas, de las cuales ya he hablado en este blog. ¡Que no me entere que alguien está enfermo porque ahí voy de Tolín a recomendarle tal o cual remedio, suplemento o doctor! O que alguna amiga me cuente sus problemas porque ahí estoy metiendo mi cuchara, como si estuviera pidiendo mi opinión.

Sí, he sido sumamente metiche y ahora se me volteó la tortilla… ¡toinnnn!

Lo curioso es que a partir de que hice la conexión entre mi metichez y la metichez de la gente respecto a mi cuerpo, no he recibido ningún otro comentario. ¿Coincidencia? No lo creo. Más bien pienso que he dejado de emitir esa señal… ¡Bravo!!!!

Y bueno, ya para cerrar y volviendo al motivo de mi celebración, quiero dar las gracias a quien me abrió los ojos:

“Mi amiga Nancy Navarrete me dio las herramientas para que después de 22 años de intentarlo, pudiera volverme VEGETARIANA. Ella me habló sobre un libro (El Ser Uno) y le dio al clavo cuando dijo algo que ahí se menciona: que al comer la carne de un animal o algún producto de éstos, nuestro estado de ánimo se altera y podemos tener depresión, irritabilidad, ansiedad, agresividad, etc.” (Gunicharrita “RESUMEN 2015… ¡UN GRAN AÑO!”)

Y aquí han de disculpar esta foto que me mandó Ana, justamente ayer, sin saber de qué se iba a tratar esta gunistoria. No es mi intención hacerlos sentir mal ni mucho menos, solamente quiero compartir lo que me abrió los ojos, ahora en imagen:

Cuando comes carne

 También agradezco que poco a poco van apareciendo en mi vida personas que son vegetarianas o veganas, con las cuales intercambio recetas y hasta platillos: Ana Gallegos, Dinorah Miranda, Betsy y Gilberto Arias, Karen Palm, Alida López Parada y Claudia Soto (perdón si se me pasa alguien).

Un agradecimiento especial a mi marido, a quien al principio le molestó un poco mi nueva alimentación, ya que en dos o tres ocasiones tuvimos que salirnos de un restaurante porque no había nada que yo pudiera comer (a excepción de las ensaladas que no me gustan y –by the way– me choca que la gente asuma que por ser vegetariana, tengo que comerlas). Ahora, él está siempre preocupado por ver qué opciones hay para mí y lo amo más por eso.

En fin, solo quería gritar mi alegría al mundo por ese logro, expresar lo orgullosa que estoy de mí misma y decirle a todos que sí se puede… lo que sea, no necesariamente volverte vegano o vegetariano…

¡¡¡SÍ SE PUEDE!!!

Belileve in yourself

LOS SUEGROS

“Ella era una atractiva mujer de setenta y pocos años. Llevaba una blusa camisera de color fucsia que haría voltear a cualquiera, pero no fue eso lo que le llamó la atención. A pesar de que ella se encontraba de espaldas, él podía recordar su bello rostro. Recientemente viudo, Javier se sentía raro en eso de abordar a otras mujeres, pero era tanto lo que prometía esa rubia cabellera, que dándole un trago a su París de Noche, se dirigió hacia su mesa. 

Isabel, que a pesar de tener 15 años de viuda, jamás había salido con otro hombre, se alegró al ver que Javier se acercaba. Lo recordaba muy bien, con su abundante cabellera negra y sus patillas que en ese tiempo estaban tan de moda. 

Al verla, Javier comprobó que su antigua compañera de escuela seguía igual de bella, y con un tímido saludo, la invitó a bailar. Ella aceptó encantada y comenzaron a platicar al compás de la música. De pronto, se dieron cuenta que todas las miradas estaban fijas en ellos, por lo que decidieron mejor seguir la plática en una mesa. 

Conforme hablaban, se iban dando cuenta de lo mucho que tenían en común… pero no solo en cuestión de gustos, sino en cosas más extrañas. Los dos se habían casado el mismo año (con una semana de diferencia), habían tenido 4 hijos (3 casados y 1 soltero), de los cuales 2 eran hombres y 2 mujeres, el primer hijo de él y la primera de ella habían nacido en el mismo hospital (otra vez, con una semana de diferencia), los dos tenían una nuera Laura (la favorita, claro), la casa de Javier quedaba a espaldas del despacho del esposo de Isabel, etc. 

Intercambiaron teléfonos y ella regresó a Chihuahua, feliz de haber asistido a la reunión. Pasaron los meses y sus hijos comenzaron a notar que algo extraño pasaba, ya que se la pasaba hablando por teléfono con el susodicho todas las noches, como quinceañera. 

Un buen día, Isabel los reunió y les soltó la sopa: tenía novio, y al poco tiempo, vino la bomba: estaban tan enamorados que se querían casar. A todos les sacó de onda la noticia, pero la vieron tan feliz que no tuvieron más remedio que alegrarse junto con ella. Uno de sus hijos y su esposa hicieron un viaje relámpago a la ciudad de México para darle el Vo.Bo. al novio y quedaron encantados. Javier resultó todo un caballero, enamoradísimo de Isabel, excelente anfitrión, gran conversador, muy culto y divertido. A su nuera Laura le encantó ver que después de tanto tiempo, un hombre consintiera a su suegra como se lo merecía (y no es que su suegro no lo hubiera hecho, sino que ella la conoció ya viuda). 

Pues bien, aproximadamente al año de haberse reencontrado, unieron sus vidas y afectos (como decían en la sección de Sociales de los periódicos) y de eso han pasado ya diez largos años.” 

Esto podría ser una novela, pero no, es un caso de la vida real: el de mis queridos suegros Isabel y Javier. 

Ella quedó viuda un año antes de que yo me casara. Era relativamente joven (no tenía ni 60 años),  y pronto comenzó a trabajar como Contadora en una empresa y a tomar clases de Filosofía. Mi mamá era su más ferviente admiradora, pues con frecuencia salía en el periódico con sus compañeras del Club del Libro o en diferentes eventos culturales. 

Como suegra siempre ha sido muy prudente, al igual que mis papás (obvi, cuando vivían), jamás ha llegado a nuestra casa sin ser invitada. De carácter alegre, disfruta haciendo bromas y siendo el blanco de éstas. Es una mujer súper organizada, activa, respetuosa, cariñosa y honesta. No tiene problemas para adaptarse, igual platica por Whatsapp que publica algo en Facebook, pero lo que a mí me tiene sin vida son sus constantes porras en forma de comentarios en mi blog… ¿qué tal con mi cibersuegra de 82 años, eh? 

Y Javier no se queda atrás, también es un hombre súper activo, productivo, alegre y optimista. 

Los diez años que cumplieron en diciembre han sido un regalo para mis hijos y para mí, pues como no conocimos al papá de mi marido, por fin pudimos tener (respectivamente) un suegro y un abuelo paterno (sin menospreciar a mi queridísimo tío Jorge, alias “el Consen”, hermano de mi suegro Alfredo, quien se encargó de llenar ese vacío en la vida de mis hijos).

Javier e Isabel realmente hacen una hermosa pareja: leen mucho, salen a caminar, van a obras de teatro, tienen sus comidas con los “muchachos” (sus amiguitos), salen de vacaciones, trabajan juntos, etc.

Los dos tienen una salud de hierro, ninguno aparenta la edad que tiene, ni física ni mentalmente y a diferencia de mucha gente grande –por lo menos de mis Gordos- no parecen disco rayado contando las mismas historias de siempre. Esto hace que con frecuencia se me olvide la edad que tienen y pienso que van a estar con nosotros por siempre. 

Sabiendo que algún día todos dejaremos este cuerpo físico y sintiéndome muy afortunada, quiero dar las GRACIAS a Javier y a Isabel por formar parte de mi vida, así como a mi suegro Alfredo por el ejemplo que le dio a sus hijos. 

¡Y que vivan los suegros!!!!

Gracias por participar

El domingo pasado fue un día muy especial para mí, ya que por primera vez pude tomar un taller con Laura Buendía. El tema (Activación de la Glándula Pineal) me llamó mucho la atención cuando lo vi en Facebook y me puse a invitar a todos los que pensé podrían estar interesados. La única que me hizo jalón fue… adivinaron, mi amiga Ana. 

Pasé por ella en la mañana y llegamos como cinco minutos antes de la hora fijada. En el lugar se encontraba ya Laura con algunas de las asistentes. Me dio mucha risa cuando le presenté a Ana y ésta dijo que era mi amiga, ya que mi querida tocaya exclamó:

— ¡Uy, amiga de Laura… aguas! Eso quiere decir que está igual de loca que todas nosotras… jajaja, y sí. 

Comenzamos el curso presentándonos de una por una, luego Laura entró en materia diciendo algo que yo había pensado esa misma mañana: que la gente se asusta cuando hablas de activar la pineal, ya que creen que se trata de brujería o cosas por el estilo, sin saber que hablar de esa extraordinaria glándula es como hablar de cualquier parte del cuerpo. Mientras escuchaba a Laura, pensaba que nuestros espíritus no podían haber encontrado mejor lugar para alojarse, ya que de verdad somos una maravilla andando. 

Y aunque les pueda parecer extraño, esta gunicharrita no va a tratar de la pineal, sino de algo que ahí me sucedió y que me recordó algo que ya la propia Laura me había enseñado días antes. 

Mientras ella hablaba de cómo esta glándula segrega melatonina y serotonina y de la importancia de tener un patrón de sueño regular, yo recordé a una persona a la que le encanta desvelarse y que en sus actividades diarias practica el “sueño consciente”. Preocupada por la salud de ella, pregunté a Laura si eso era peligroso y qué podría yo hacer para ayudarla. 

— ¿Esta persona le ha pedido ayuda? 

—No, contesté.

Su respuesta me dejó de a seis:

—Bueno, pues gracias por participar, el taller es para usted. 

¡Toinnnnnn! Completamente de acuerdo, recibí la primera lección del día y me acordé de lo que la misma Laura había dicho una o dos semanas antes en la radio. Si bien no recuerdo el tema, sé que tenía que ver con la conciencia y Laura nos daba ejercicios prácticos. Uno de esos me encantó, ya que me di cuenta de lo mucho que tenía que practicarlo:

—Tres veces al día –dijo – practiquen lo siguiente: CÁLLENSE. Antes de decir algo, pregúntense si son expertos en el tema y si lo que van a decir va a ayudar.

A los pocos minutos de haber terminado el programa me llamó una amiga a la que siempre le he recetado una gran dosis de metichez, sin importar del tema que se trate. En esa ocasión, me contaba sus planes financieros, mismos que tenían que ver con el traspaso de su casa a su hija y cómo le harían con los impuestos y qué sé yo. A la primera pausa que mi amiga hizo, ya estaba yo lista para dar mi “docta” opinión… En eso, la voz de la tocaya resonó en mi cabeza: 

CÁLLESE

Y recordando que ni mi amiga me había pedido consejo, ni yo estaba calificada para darlo, puse en práctica lo recientemente aprendido y terminé la conversación con puros  ‘ah’, ‘mjj’, ‘pues sí’ y ‘OK’. ¡Me sentí tan bien! 

En cuanto colgué el teléfono, le mandé un mensaje a Laura y a Rox (la conductora del programa) y me di unas palmaditas en la espalda. 

Pero bueno, volvamos al curso de la pineal.

Todo lo que Laura decía resonaba de una forma tan maravillosa que cuando nos dijo que haríamos una pausa para comer, me sorprendí al ver que era casi la una de la tarde (el curso se acababa a las 3). Nos paramos todas a disfrutar de las ricas viandas (como decía mi madre santa) que todas habíamos llevado. Minutos después, mi corazón se llenó de un gran gozo por poder estar ahí y se lo dije a Laura, abrazándola y dándole las gracias. Aproveché también para decirle que ella y Haydée Carrasco eran, hoy por hoy, mis maestras más importantes, ya que la vida se estaba encargando de mandarme las lecciones por duplicado:

—Ándele pendeja, ¿no entendió con esta maestra? Ahí le va con la otra. 

Y es que pareciera que las dos trabajaran juntas, pero no… es simplemente que la vida es tan hermosa conmigo que ha puesto en mi camino –al mismo tiempo- a estos dos grandes seres, con los mismos temas, para ver si así agarro la onda (¡Gracias Vida!). 

En fin. Las dos horas restantes también se pasaron muy rápido. Al final hicimos una meditación muy poderosa y salimos de ahí felices de haber nacido.

Bueno, pues hace dos días que tuvimos el taller con Haydée, me pasó lo que mi geme siempre ha dicho que nos sucede a todos cuando leemos un libro de superación personal: comenzamos a aplicar esto y lotro en la vida de los demás, menos en la nuestra. Mientras Haydée hablaba de que el amor te ayuda a sacar tus dones ocultos y a sentir un bienestar porque sientes que perteneces, y que nuestro cuerpo enferma cuando no le hacemos caso a esa parte sana en nosotros que nos dice (como las antenitas de vinil del Chapulín Colorado) cuando algo no está bien, yo inmediatamente recordé a una amiga que tiene unos cuantos meses enferma. Y sí, adivinaron, levanté mi manecita para hacer unas preguntas, teniendo a esta amiga en mente. Pero bueno, en mi defensa, diré que mi “pienso” (como dicen por ahí) respecto a mi amiga era comentarle lo que había aprendido con Laura (a callar), pero que como lo de Haydée estaba tan interesante, me había permitido hacer unas preguntas en su nombre, dándole la opción de escucharme o no. Saliendo del curso le marqué y le dije todo eso. Riéndose mucho me dijo que sí, pero como estaba ocupada en ese momento, quedamos en que me llamaría más tarde. 

Y claro, a las pocas horas apareció un tercer maestro en acción: Enric Corbera, quien en uno de sus videos ME DIJO: 

DEJA DE QUERER RESCATAR A LOS DEMÁS. 

—Deja de querer ser el salvador del mundo.

—Lo que la humanidad necesita es despertar y tomar conciencia de que EL ÚNICO CAMBIO QUE HAY QUE HACER EN EL MUNDO, ES EL TUYO.

—Todo lo que te rodea SIEMPRE tiene una razón de ser Y ENCIERRA UN MENSAJE PARA TI (por eso digo que en uno de sus videos ME DIJO).      

Y entonces envió un mensaje para los enfermos. Sugirió que ellos debían de preguntarse:

— ¿Dónde estoy en incoherencia?

— ¿Qué hago que no pienso y siento? ¿Qué pienso que no siento ni hago?

Y mi ego querido, de inmediato pensó en mi amiga, ya que era justo lo que Haydée me había explicado el día de hoy: 

—Lo que PIENSO, lo que SIENTO y lo que HAGO debe de estar ALINEADO (o sea, debe haber coherencia, de acuerdo a Corbera). SI ESAS TRES COSAS NO ESTÁN ALINEADAS y yo tomo una decisión importante respecto a mi vida, aparecerá la ENFERMEDAD.

Bueno, pues horas más tarde mi amiga me llamó, y poco a poquito le solté la sopa. Aunque aparentemente a ella le pareció interesante lo que le dije, a mí me dejó con un mal sabor de boca, ya que si bien le había pedido permiso de decirle lo que había aprendido, me di cuenta que no me correspondía resolverle la vida (ni a ella ni a nadie) EN ABSOLUTO. 

Por este medio, pido perdón a todos los que han caído en mis garras de metichona, ya que si bien lo he hecho con la mejor intención, me doy cuenta ahora que he estado queriendo intervenir en su desarrollo personal. El cómo avanzamos y cómo resolvemos nuestras situaciones diarias debe ser cuestión personal, a menos de que pidamos ayuda u opinión a los demás. 

Así que se los paso al costo, no para que cambien, pues eso no me debe incumbir, sino con la sola intención de compartir mi aprendizaje. 

Abrazos a todos. 

BELLEZA FUNCIONAL

El otro día -recién levantada- me paré frente al espejo del baño y comencé a inspeccionar mi cara. En lo que me fijaba si mi piel estaba humectada o no, o si había amanecido más ojerosa o menos, me cayó el veinte de que me estaba viendo por encimita.

Mujer en un espejo

Y así como en el pasado he podido darme cuenta de que el cuerpo es el vehículo que aloja y transporta a mi verdadero YO (el espíritu), ese día comencé a valorarlo y me dije: ¿Qué importa si tengo o no arrugas, si soy celulítica o mamazota? Y me puse a repasar parte por parte de mi maravilloso cuerpo y a dar gracias porque TODO funcionaba a la perfección: ojos, oídos, nariz, boca, extremidades, órganos, etc.

A los pocos días me tocó ir con el dentista, ya que estaba como el perrito: me dolía la muela. Me habían revisado meses atrás (cuando había comenzado el dolor) y no habían encontrado nada, pero ahora resulta que traía una infección. Me recetaron un antibiótico y me mandaron con el periodoncista para que hiciera una evaluación más completa.

Dentista

A la semana siguiente acudí a mi cita. Cuando me pasaron al sillón para que me revisaran dos asistentes, de inmediato comenzaron a chulearme: la bolsa de Fridita, mi piel (¡plop!) y los dientes (¡plop y más plop!). La primera me la creí al instante; la segunda, más o menos, pero como mi mamá tenía una piel súper tersa, contemplé –por primera vez- la posibilidad de que pude haberla heredado; lo que sí se me hacía muy jalado de los pelos es que a alguien le pareciera que mis dientes estaban bonitos… hasta que entendí que ellas estaban viendo más allá del color o de la forma, y recordé esa mañana frente al espejo del baño, así como todas las veces que iba con mi dentista favorito en Chihuahua (el Dr. Rogelio Madrigal) y lo escuchaba decirme lo mismo. Todo comenzó a tener sentido y di gracias al encargado de darme este magnífico cuerpo (y no hablo de buenuras) porque realmente me ha salido muy bueno y aguantador (y hasta me gusta la carrocería, jajaja).

Para no hacer el cuento largo, resulta que aunque mis dientes estaban en general muy sanos, traía una hiper-mega infección, por lo que tuvieron que extraer la pieza ese mismo día.

Di gracias entonces por lo oportuno de la cita, porque si bien en dos horas llegaban mis suegros, al día siguiente mis cuñados con sus hijos y el futuro yerno, y dos días después tendríamos en la casa la tradicional posada y festejo de cumple de mi marido, todo sucedió justo cuando era mejor para mí. Según el periodoncista, de no haber extraído la muela en ese momento, la infección se hubiera ido a la sangre y hubiéramos tenido que ir al hospital antes de Navidad.

Bueno, pues hace una semana mi cuerpo me dio otro aviso: estaba tomando muy poca agua. Ya me había percatado de eso, pero no pensé que fuera tan importante en invierno. Por no hacer caso a mi intuición, acabé en urgencias: deshidratada y con una baja de potasio, acompañado de –o tal vez provocado por- vértigo, hormigueo en las extremidades y vómito. 

Primeros auxilios

Por fortuna, mi esposo y mis cuñados aún estaban aquí, ya que en menos de siete horas mi sobrino Fer regresaba a España y mi marido salía de viaje para China. Él y mi hijo me llevaron al hospital y allá nos alcanzó el cuñado (todos tuvimos un déjà vu, ya que dos años antes había sucedido lo mismo con Fer: justo horas antes de salir para España, estando aquí en nuestra casa, tuvieron que llevarlo al hospital por apendicitis).

Después de hacerme análisis y de darme suero y algunas medicinas, me dejaron salir. Al día siguiente, el cuñado muy lindo llevó a los niños a la escuela y dejó mi receta en la farmacia. Ah, pero mi cuñada no se quedó atrás, en la mañana me trajo dos plátanos partiditos y me preparó una sopita de verduras… casi lloro… ¡sob, sob… (no estoy acostumbrada a que cuiden así de mí)!

Todo el fin de semana lo pasé súper cansada; pensé que para el martes ya iba a poder ir a Pilates, pero el cuerpo dijo que no y no tuve más remedio que obedecerlo.

Como para asegurarse de que hubiera entendido, a los pocos días el Universo maravilloso (o Dios) me dio la oportunidad de escuchar en un programa de radio algo similar a la conclusión a la que yo había llegado y que explico al inicio de esta  gunicharrita.

A tiempo

En él, Laura Buendía mencionaba que en lugar de enojarnos con nuestro cuerpo por estar gordito (por ejemplo), le diéramos las gracias porque el cuerpo que nos tocó es el medio por el cual nuestro espíritu puede expresarse en este plano. Señaló además que esa gordura (como todo lo que nos sucede en la vida) tiene una razón de ser; en el caso del ejemplo, es para protegernos de “algo” que nos hace daño. Mientras no comprenda o no me haga consciente de que ese sobrepeso no está en mí para molestar, sino para ayudar, va a ser muy difícil que se vaya de mi vida.

Gordita

Luego mencionó que debemos TRATAR AL CUERPO CON MUCHÍSIMO RESPETO y ESCUCHARLO cada vez que nos habla, ya sea a través de la sed (¡toin!), del hambre, el cansancio, las enfermedades, etc. Platicó que el mero mero del Ho’oponopono sigue estas recomendaciones al pie de la letra y que ha llegado inclusive a retirarse de una conferencia impartida por él para hacerle caso a su cuerpo e irse a echar un coyotito.

Zorry tomando una siesta

De inmediato recordé algo con lo que me había topado dos días atrás en las últimas páginas del libro de Yohana García: Francesco, el Maestro del Amor. Ahí, en la Meditación para el Día (que he estado repitiendo todas las mañanas desde entonces), dice así:

Hoy cuidaré de mí como LA JOYA QUE SOY, tomo conciencia de los horarios para comer. A la hora perfecta beberé mucha agua y haré ejercicio para verme y sentirme bien (doble ¡toin!).

¿Es casualidad que hace unas semanas me cruzara por la cabeza la idea de ver al cuerpo como la maravilla que es y que al poco tiempo escuchara lo mismo de Laura Buendía y de Yohana García? No, no lo es. Simplemente se trata del universo enviándome las señales que necesito en este momento.

Y como no me había hecho ningún propósito de año nuevo, me estoy convenciendo de que esto es en lo que me debo enfocar ahora. Nada de torturar al cuerpo: si tengo sed, tomaré agua (bueno, después de la deshidratación y por recomendación del doctor, ésta deberá tener electrolitos), iré al baño en el momento que lo necesite aunque tenga que interrumpir lo que esté haciendo, no dejaré que pasen muchas horas sin comer, seguiré ejercitándome y comiendo sanamente y me iré a la cama cuando el cuerpo así me lo pida. Es lo menos que puedo hacer…  ¿no lo creen?

Y así como muchas personas saludan y honran a la presencia de Dios que vive en todos nosotros, diciendo “namastè”, yo saludo y honro TAMBIÉN al cascarón o vehículo que lo transporta, pues sin él, nuestros espíritus no podrían experimentar y aprender en esta maravillosa aventura de la vida.

Namaste


Así que… gracias por esta oportunidad de cobrar conciencia y de corregir el camino.

¡Hasta la próxima!

2016

Esta gunicharrita no pretendía salir a la luz el último del año, pero por una cosa o por otra, así sucedió. 

¿Qué puedo decir del 2016? Que para mí ha sido UN GRAN AÑO.

Para empezar, he podido seguir utilizando mi CAJITA DE HUEVOS que junté el 27 de diciembre de 2014 y me he distanciado un poco de Facebook. No mucho, pues no era esa la intención, solo lo suficiente para hacerle caso a mi voz interior que me lo estaba pidiendo a gritos. Ese pequeño cambio hizo que el tiempo que le dedicaba mientras estaba sola, fuera ahora para escuchar a Susana Majul y sus bellísimas meditaciones, a Roxana Arnaud con su maravilloso programa A Tiempo y a Enric Corbera y sus interesantísimos videos sobre la sanación emocional. Así mismo, pude sumergirme un poco en la sabiduría del audio libro El Ser Uno, del cual confieso, he escuchado solo una parte, ya que trata de un tema sumamente elevado y mis neuronas a veces no dan pa’tanto.  

Este año pude nuevamente disfrutar de los enriquecedores talleres de Haydée Carrasco. Lo más valioso que en estos aprendí fue el CORTE DE CAJA MENTAL y la TEORÍA DEL ESPEJO, que si bien ya la había escuchado mucho, apenas este año me cayó el veinte de lo que realmente se trataba. Por fin pude comprender que aunque no entienda qué es lo que me ultra choca de una persona, ella solo está sirviendo como mi espejo. 

Algo que este año aprendí –gracias a Laura Buendía- es que vivimos en un universo complaciente y que la vida te dará justo lo que tú expreses. La frase “AMO Y AGRADEZCO la/el… PERFECT@” se ha convertido en mi mantra, diariamente lo practico y no dejo de maravillarme con los resultados (nota: lo perfecto no quiere decir precisamente lo que yo espero, ¿eh? Es lo que Dios o el universo considera que es mejor (perfecto) para mí).

De Haydée, Laura y Enric Corbera también aprendí que LA VIDA ES COMO ES, no como pensamos que debería de ser y que debemos de vivir de acuerdo a lo que tenemos, no a lo que nos haga falta (RESIGNIFICAR). 

De otros maestros aprendí que debo saborear cada instante… a VIVIR EN EL PRESENTE, o de lo contrario, el pasado y el futuro robarán mi paz. Que debo estar AL ACECHO DE MIS PENSAMIENTOS y procurar cambiar los inútiles y negativos. 

De mi amiga Tere Gutiérrez aprendí que NO SOY REDENTORA DE NADIE y que NO PUEDO CAMBIAR A LOS DEMÁS, aunque YO CREA que están equivocados. 

Eugenia, mi mamá adoptiva de mentiritas me dio un buen JALÓN DE OREJAS al decirme que el no aceptar un regalo es SOBERBIA. También Laura Buendía me dio otro jalón respecto a lo mismo (soberbia), al hacerme ver que el decir que no tengo tiempo para algo es bastante mamilón, ya que es darme demasiada importancia. Al final, el día que mi espíritu deje este cuerpo físico, el mundo seguirá girando. 

Liz de la Peña me enseñó que EL MUNDO ES COMO YO SOY y que EL CAMBIO EMIPIEZA CONMIGO.

Mi amiga Nancy Navarrete me dio las herramientas para que después de 22 años de intentarlo, pudiera volverme VEGETARIANA. Ella me habló sobre un libro (El Ser Uno) y le dio al clavo cuando dijo algo que ahí se menciona: que al comer la carne de un animal o algún producto de éstos, nuestro estado de ánimo se altera y podemos tener depresión, irritabilidad, ansiedad, agresividad, etc. Han pasado ya ocho meses desde que probé carne roja, pollo o pescado por última vez y ESTOY MUY ORGULLOSA DE MÍ MISMA. 

El 2016 trajo otras cosas importantes, una de ellas, mi llegada a los 50 años. Y bueno, contreras como soy, no quise hacer una fiesta en grande como todo el mundo. En lugar de eso, pedí de regalo un RETIRO DE MEDITACIÓN EN SILENCIO, ya que por primera vez (a raíz de la muerte de un querido amigo) sentí que debía CULTIVAR MI ESPÍRITU. Creo que es uno de los mejores regalos que he recibido y me hace muy feliz el haber podido tomarlo. 

Como consecuencia de esto, descubrí que tenía más de una cosa en común (el hacer Pilates en camas –Reformer- contiguas) con mi amiga Ana Gallegos. Un día, me preguntó qué había hecho en mi cumple y cuando le contesté, casi se va de espaldas. ¡Ella tenía tiempo buscando dónde practicar la meditación Vipassana! De esa plática surgió una GRAN AMISTAD y a pesar de la diferencia de años (le llevo como veinte), cada día descubrimos más cosas que nos unen. Pues gracias a ella, conocí a alguien que por fin logró hacer que la inflamación de mi pancita desapareciera. Pero no solo eso, también me dio una proteína vegetal para que por fin pudiera dejar el Ensure Plus sin bajar de peso (claro que como al principio no lo tomé exactamente como me lo dijo, se me fueron unos cuantos kilos, pero no importa… por lo menos sé que estoy COMIENDO MÁS SANO QUE NUNCA). Hablo de la chef vegana, ingeniero en alimentos y nutrióloga Alida López Parada. Gracias a Alida comprendí la importancia de comer germinados (este proceso aumenta su valor nutricional de 300 a 1200 por ciento!!!), de tomar enzimas con las comidas, de consumir proteína vegetal de calidad, etc. Estas dos mujeres han revolucionado mi vida en los últimos meses y no dejo de AGRADECER que estén en mi vida. 

Este año también fue de grandes reencuentros con mis compañeritos de la prepa, ya que las guapísimas e incansables Rosy Ugarte y Guille Barco se dieron a la tarea de juntar a muchos de nosotros en un fiestón para celebrar la llegada de la mayoría al quinto piso. Esa fiesta fue, sin lugar a dudas, UN GRAN REGALO. 

Claro que no todo fue miel sobre hojuelas, también tuvimos que DECIRLE ADIÓS A UN GRAN AMIGO… a un hermosísimo ser que nos acompañó por casi 14 años. Hablo de mi querido Manolito, nuestro Golden Retriever que acompañó a mis hijos durante toda su infancia y parte de la adolescencia y que con su nobleza conquistaba a todos los que lo conocían. 

Meses después, rescataríamos a Benito, un hermoso perro cruza de qué-sé-yo y yo-qué-sé que vivía confinado en una jaula sin poder guarecerse del sol, la lluvia o el frío. Fue maravilloso ver su TRANSFORMACIÓN. De un perro miedoso y con caminar de malandro, se convirtió en uno majestuoso, juguetón y cariñoso. Sus hermanos Toby y Chuy no pueden seguirle el paso cuando recorre el jardín de un lado a otro a una velocidad impresionante.

A finales de año pudimos hacer el viaje con el que yo tanto soñaba: un recorrido por Aguascalientes, Guadalajara y Guanajuato. Y no es que yo quisiera hacerlo por mí, más bien me interesaba que NUESTROS HIJOS conocieran el VERDADERO MÉXICO, pues como dijo mi amiga Josefina Membrila: antes de enseñarles el mundo, deben saber lo que es México. ¿Qué puedo decir? El reencontrarnos con familiares y amigos tan queridos y descubrir las bellezas de nuestro país hicieron que sintiera –en más de una ocasión- que mi niña interior BRINCABA de alegría en mi pecho. 

Y ya para terminar el 2016, volvimos a tener la tradicional POSADA y fiesta de CUMPLE DE MI MARIDO. El año pasado nos la brincamos, pero ahora tuvimos la fortuna de recibir a amigos y familiares muy cercanos a nosotros y de llenarnos de abrazos y de cariño. 

Y bueno, mucho de lo que me sucedió este maravilloso año fue posible gracias al apoyo de mi esposo y de mis hijos, por quienes DOY GRACIAS día a día. 

Después de este  largo recorrido podría decir que estos últimos doce meses han sido de los mejores de mi vida, pero ¿saben qué? También lo han sido los 588 anteriores, solo que ahora estoy más consciente de las bendiciones que recibo. Por esto, me voy a permitir citar nuevamente a la Madre Teresa de Calcuta, esperando de corazón que todos ustedes puedan decir lo mismo: 

POR TODO LO VIVIDO GRACIAS Y A TODO LO QUE VENGA SÍ… 

¡Gracias 2015, bienvenido 2016!

Un agradecimiento especial

Se acerca nuevamente una fecha importantísima en la cultura estadounidense, la más importante quizás: el Día de Acción de Gracias. Y éste, como todos los años, tengo mucho que agradecer: por mi familia, amigos, mascotas, trabajo, salud, amor, tranquilidad, paz, alegría y un larguísimo etc. 

En esta sección de “etcétera” la vida ha puesto recientemente en mi camino a tres grandes maestros: Laura Buendía (fisioterapeuta), Haydée Carrasco (terapeuta) y Enric Corbera (psicólogo diplomado en bioneuroemoción). Los tres han ayudado a observarme y a conocerme un poquito más y con sus enseñanzas me han hecho sentir que estoy frente a una alberca gigante de conocimientos y que comienzo a nadar, dándome cuenta de tooooodo lo que aún me falta por aprender. Es ahora cuando más comprendo la famosa frase: yo solo sé que no sé nada. 

A simple vista parecería que una fisioterapeuta no tiene nada que ver con el autoconocimiento, pero no es el caso de Laura Buendía. Aunque ella se dedica a la fisioterapia y hasta es maestra en la UACJ, lo que tiene para ofrecer es muchísimo más  amplio. Laura está convencida de que todo lo que nos sucede tiene no un por qué, sino un para qué (y esta es precisamente la filosofía de Enric y de Haydée). 

Mi encuentro con ella fue así: después de ser revisada por un Ortopedista debido a un dolor de rodillas y de hombro, me mandaron a terapia. Si bien ésta me ayudó durante el tiempo que la estuve haciendo, con el paso de los meses los dolores volvieron. Alguien me recomendó al Dr. David Ledesma, también excelente fisioterapeuta de esta ciudad (El Paso). Él me ayudó bastante, pero tuve que suspender el tratamiento porque mi seguro médico no lo cubría y a mis otras dolencias se unió la del codo. Por fortuna, el Iridólogo me recomendó a Laura Buendía y aunque el seguro tampoco lo cubría, sus honorarios estaban dentro de un rango aceptable (y más porque eran en pesos). 

La primera vez que fui me sorprendió ver que en su consultorio tenía calcomanías de Ho’oponopono (te amo, lo siento, perdóname, gracias), lo cual, aunque me pareció súper extraño para un lugar de fisioterapia, me hizo sentir muy bien, ya que hablábamos el mismo idioma. Para comenzar, me hizo algunas preguntas, luego me pidió que me quitara toda la ropa (menos los chones) y que me acostara en la cama de masajes. Así lo hice, y tapadita con una sábana, esperé a que regresara. Se llenó las manos de aceite y comenzó a masajear el cuello y la espalda. Pronto me di cuenta que no era un masaje cualquiera, la presión que ella ejercía era espantosa… ¡me dolía con madres, pero había puntos en que dolía aún más! Entonces ella me preguntó con quién se relacionaba ese dolor… ¿Y yo cómo “#$%& voy a saber? –pensé, a lo que Laura contestó que mi Ser me daría la respuesta. De repente, se vino a la mente mi mamá y antes de que se lo dijera, ella mencionó que creía que tenía que ver con mi madresanta… No hice “¡plop!” nomás porque estaba acostada boca abajo… De repente comencé a llorar, pero no por el dolor físico, sino de tristeza. Y así se pasó la hora y media de la terapia, tiempo en el que lloré y grité, sacando algunas emociones atrapadas. Cuando Torquemada (como atinadamente le dice otra de sus pacientes) salió de la habitación, me vestí y revisé mi cara en un espejo… ¡estaba totalmente transformada, parecía otra! Y cómo no… me había quitado no sé cuántas cargas energéticas de encima. 

Después de pagar,  Laura me dijo que lo mío era relativamente fácil, por lo que “solo” tenía que ir a cuatro sesiones más… menos mal. 

Para no hacerles el cuento largo, terminé las cinco sesiones que me dolieron un… deste y sorprendentemente, los dolores se fueron como por arte de magia. 

Al poco tiempo comencé a escucharla en la radio donde siguió impactándome con su franqueza y sentido común y enseñándome a distancia. (Ustedes pueden escucharla sale todos los miércoles en el 640 de AM con Roxana Arnaud, en su maravilloso programa diario ‘A Tiempo’ el cual pueden escuchar por internet).

A los pocos meses me invitaron a una plática en Unity, la iglesia sin denominación a la que de vez en nunca voy.  En esa ocasión escuché por primera vez sobre el desdoblamiento del tiempo (la teoría de Jean Pierre Garnier Malet que dice que todos tenemos un doble –el llamado doble etérico-) y obvio, al día o a los dos días siguientes, mi geme compartió algo en Facebook sobre el mismo tema. Movida por la curiosidad, me puse a buscarlo en internet y encontré un video de Enric Corbera en donde lo explica claramente (https://www.youtube.com/watch?v=QuOBby2Rubw). Yo había escuchado hablar de ese señor gracias a mi amiga Lulú, quien estaba fascinada con lo que él decía sobre la biodescodificación (o bioneuroemoción), así que después de ese primer video quedé igual de fascinada que ella. 

Y así comencé a enriquecer mis días escuchando a Enric Corbera mientras lavaba platos o doblaba ropa.

Al mismo tiempo comencé a tomar el taller del que ya he hablado (y que ayer finalizó): ‘Descubriendo el Propósito de mi Vida’, con Haydée Carrasco, y en una de esas sesiones ella nos habló sobre el espejo. Curiosamente, ya Laura había hablado de eso en la radio y yo lo había escuchado hacía poco con Enric… pareciera que la vida me estuviese enviando información en original y dos copias, a ver si así despertaba. 

Ya he hablado en varias gunicharras sobre lo que Haydée y sus temas han movido en mi ser, ¿verdad? Bueno, pues el del espejo no fue la excepción, aunque debo confesar que al principio no me sonaba eso de “lo que te choca, te checa”. No entendía cómo una persona con tales o cuales características que yo alucinaba podía ser mi reflejo… hasta que Haydée nos explicó que el espejo puede ser directo o inverso. ¡Ahhhh!

Al día siguiente, como muchas de mis noches, puse una meditación de Susana Majul (otro gran regalo que pueden ver gratis en youtube). Al estar buscándolas, salió una que jamás había visto: Sanando a mis Padres. Como andaba muy emocionada con toda la información que estaba recibiendo, me gustó el título y la abrí. Bueno… ¡qué lloradera! 

Esa noche soñé que alguien me decía que la persona con la que más conflicto he tenido en la vida había muerto. No supe si se había suicidado o la habían matado, ya que me dieron las dos versiones, pero eso fue suficiente para que a las cinco de la mañana se me fuera el sueño y comenzara a pensar qué pasaría si esta persona o yo muriéramos… Y de repente como el fresa: ¡Pum, que me cae el veinte y por primera vez comprendo que es el maestro más importante de mi vida, ya que me está haciendo ver que lo que no me gusta de ella ES LO QUE NO ME GUSTA DE MÍ… plop!

Pues cuando me levanté, me armé de valor y le mandé un whatsapp, diciéndole que entendía que mis rollos hacia ella eran en realidad hacia mí y que aunque no me quedaba claro qué era exactamente lo que me reflejaba, la liberaba y me liberaba de esa situación tan fea que yo había creado por mi ceguera. 

Más o menos a los diez minutos me respondió: “Luego te contesto”. ¡Uf… eso fue un regalo del  tamaño del mundo! A partir de ese momento ya no necesité nada… si se reanuda la relación, qué bueno; si no, yo ya estoy en paz y espero también haberle dado paz a esta persona. 

Otra cosa más que aprendí de Haydée es que no podemos cambiar lo que nos ha pasado (Laura Buendía dice que las cosas son como son, no como deberían), pero sí podemos RESIGNIFICAR. ¿Qué quiere decir eso? 

Que debemos VIVIR NUESTRA VIDA DE ACUERDO A LO QUE TENEMOS, NO A LO QUE NOS FALTA. Y para eso, nos puso el ejemplo de una mujer a la que su padre abandonó antes de que naciera. La mujer sufría por todo lo que su papá no le dio, así que Haydée la puso a hacer una lista de lo que ella esperaba de él: 

El don de la vida, sus cuidados, amor, educación, valores, consejos y compañía. 

Revisando juntas esa lista, Haydée le dijo:

  • En vez de estarte fijando en lo que NO te dio, fíjate en lo que SÍ, y hazlo tu 100%. ¿Qué fue lo que te dio? Su esperma… Y pues bueno, sin eso aparentemente tan pequeño no estarías aquí. 

La mujer entendió y dejó de sufrir.

Yo pasé por un proceso similar. Quejándome en terapia de ciertas personas de las que yo esperaba más, Haydée me dejó de tarea hacer una lista de las cosas que me unen a ellas (por ejemplo, temas que puedo tratar con cada una). Al ver esa lista me quedé helada, pues me di cuenta que estaba tratando de cambiar a aquellos con los que no me unían tantas cosas, exigiéndoles lo que no podían o no querían darme y tuve que resignificar mi relación con cada uno de ellos y quedarme con lo que sí. 

Estos son solo algunos ejemplos de lo que estos maravillosos maestros han traído a mi vida. Sin lugar a dudas, lo más importante que me han dejado es que por primera vez he comenzado a dejar de ver la paja  en el ojo ajeno para voltear a mi interior y darme cuenta de la tremenda viga en el mío… Bueno, no es cierto, la neta es que sigo viendo la de ellos, pero ahora también la mía.

Y es que yo creo que a la gran mayoría nos pasa lo que dice mi geme  que sucede cuando leemos un libro de superación personal o escuchamos a personas como Haydée, Laura o Enric: de inmediato recordamos el problema del vecino, de mi amiga, mi tía, el perro (bueno, no tanto, jajaja) o hasta del cartero y tratamos de arreglarles la vida, sin darnos cuenta que ‘probablemente’ (por no decir ‘seguramente’) esa plática o libro pueda ir dirigido a nosotros.

De ser especialista en lo que les sucede a los demás, el otro día me sentí muy bien pues pude analizar algo que me sucede periódicamente. Siempre que me expongo al viento helado me duelen los oídos, y si no me pongo tomillo me agarra un dolorón de aquellos. Pues la semana pasada que se soltó el aire gélido, anduve haciendo varios mandados en la calle y el viento me encontró sin orejeras. De inmediato me empezaron a doler los oídos, pero recordando las enseñanzas de estos maestros, me puse a ver más allá de lo lógico. ¿Por qué no a todo el mundo le pasa igual? Después de unos minutos de analizar la función del oído, llegué a la siguiente conclusión: 

No me gusta que las personas sean frías conmigo. De inmediato comienzo a alucinar y pienso que le caigo mal o que están enojadas.

 ¿Qué puedo hacer? Muy sencillo: dejar de jugar el papel de víctima y de esperar cosas (en este caso, dulzura) de los demás. ¿Tengo razón? No lo sé, el siguiente viento helado que me encuentre sin orejeras me lo dirá, aunque sospecho que por ahí va la cosa. 

Vaya pues un agradecimiento enorme al Universo por enviarme a esa maravillosa tríada de maestros. 

Y ya para despedirme, los dejo con esta frase que Haydée nos enseñó y que me encanta:

POR TODO LO VIVIDO, GRACIAS Y A TODO LO QUE VENGA, SÍ. 

¡Hasta la próxima!