El árbol de la amistad

Revisando mi diario del ´82, cuando era una adolescente de 17 años, encontré esta frase que de seguro copié de alguna revista Selecciones:

“La amistad es un árbol que tiene sus raíces en el pasado, sus frutos en el presente y sus semillas en el futuro, ya que renacer es parte de su belleza”. 

La última parte me llamó mucho la atención, ya que el RENACER es justamente lo que viví este fin de semana con mis amigos y compañeros de preparatoria, aquellos que tuvimos la fortuna de estudiar en el Colegio de Bachilleres. Y es que en el estado de Chihuahua el Bachilleres es una institución de gran renombre, a diferencia de otros lugares del país, en donde tristemente le llaman “El-Vas-Si-Quieres”. 

Yo estudié en el 3, al que algunas personas desde entonces le llaman “El Fres”, pues el área en la que está ubicado es de un nivel económico un poco más alto que los demás bachilleres (nada del otro mundo). 

Pues bien, aunque no me lo crean, siempre fui muy tímida y la época de la prepa no fue la excepción. Por fortuna, ahí pude formar parte de un grupo de siete amigas, el cual fue maravilloso para darme un sentido de pertenencia.  

La primera de ellas, mi prima Susanita, mi eterna compañera de juegos y de estudios. Compartíamos la misma manía: programar todo nuestro día (de qué hora a qué hora iríamos a la escuela, haríamos tarea, comeríamos, etc.) y apuntar las faltas para no reprobar por excedernos… porque ¡ah cómo nos gustaba echárnosla de pinta! En ocasiones nos “sobraban” faltas, así que no entrábamos a clase con tal de no desperdiciarlas.  También era mi cómplice y yo de ella, como cuando esperábamos más de una hora a dos chicos muy guapos que estaban en tercer año cuando nosotros apenas íbamos en primero. Las muy simples nos sentábamos por donde ellos fueran a pasar y cuando nos veían, invariablemente nos preguntaban si queríamos irnos… Haciéndonos las interesantes, dudábamos un poco y luego nos parábamos dizque sin mostrar mucho entusiasmo, pero con el corazón a mil, jajaja. Esos muchachos (que por cierto jamás nos pelaron) fueron los culpables de que ese primer año yo quedara como la negrita Cucurumbé, ya que nos aventábamos una caminata desde el Boulevard Ortíz Mena hasta la División del Norte, casi llegando a la Universidad. Soy muy afortunada por haber tenido una prima de mi edad con la que me une un cariño muy especial. Hace poco me puso una felicitación que casi me hizo llorar al decirme que me quería desde que tenía cuatro días de nacida… snif! 

La segunda fue Liz, una chaparrita picarona que se ganó la admiración de mi mamá porque era muy inteligente… tanto, que ésta le mandó una carta (o una tarjeta, no recuerdo) diciéndole que estaba segura que llegaría a ser Presidenta de la República. Liz tenía un dicho muy gracioso, adaptación del clásico “Lo traigo cacheteando el pavimento”. Ella, queriendo decir que el sentimiento era más profundo, se agachaba y tronando los dedos cerca del piso, decía: “(Lo traigo) abajo del subsuelo”. Lo más chistoso es que mi mamá adoptó esa expresión y cada vez que la chuleábamos, nos decía tronando sus deditos: “¡Abajo del subsuelo!”, jajaja. Pude disfrutar de su compañía durante toda la carrera, ya que estudiamos lo mismo. Por desgracia, dejé de verla hace muchísimos años, aunque mantenemos el contacto. 

Liz era vecina y amiga de Piva, otra del grupo quien muy pronto se ganó mi corazón. Ella y Liz nos deleitaban bailando la famosa canción de Menudo, “Claridad”… ¡se sabían toda la coreografía! Detallista a morir, nos hacía cartitas y nos mandaba recaditos… unos muy tiernos y otros chistosos. De estos últimos, le encantaba poner algo así como: Querida fulanita, en este día tan especial solo quiero decirte tres palabras: traes un moco. ¡Jajajajaja! En el diario  que menciono al inicio de esta gunicharrita me encontré también la carta más pequeña que he recibido, por supuesto de Piva, en la que me decía que me quería. Años después, la vida me premió teniéndola de nuevo cerca aquí en El Paso y nuestra amistad se hizo aún más grande. Ella y su familia son uno de los regalos más valiosos que mi familia y yo tenemos. 

La cuarta fue Adriana, quien llegó al bachilleres a mediados de segundo año. Yo ya sabía quién era, pues vivía cerca de mi casa y cuando la veía con todas sus hermanas (cuatro) me daban muchas ganas de conocerla (s). Siempre ha sido mi ídolo, no se le cierra el mundo. Una vez salimos a dar la vuelta y se nos ponchó una llanta. En lugar de aprovechar su escultural cuerpo para conseguir que algún hombre nos ayudara, cambió la llanta solita en un dos por tres. En otra ocasión fue a mi casa y el aire no enfriaba. Valiéndole gorro su minifalda, se subió al techo para hacer que la bomba mojara el “excelsior” (la paja) y asunto arreglado. Ella enseñó a manejar a las que aún no sabían y a todas nos prestaba su bochito. En él nos íbamos desde el bachilleres 3 hasta el 2 (de norte a sur) a comer las deliciosas tortas “de la mamá de Josué”. Es la persona más desprendida que conozco, como dice la canción “Se quita la camisa por un buen amigo”… no se le puede chulear nada porque luego luego te lo regala!!! Seguimos juntas en el Tec, formamos parte de la escolta, viajamos, vivió en mi casa… en fin, se convirtió en parte de mi familia: en mi carnala.

Las últimas dos integrantes eran Marichú y Maru, las dos muy agradables y divertidas, aunque no me tocó frecuentarlas tanto como a las demás. 

El grupo me gustaba mucho porque hacíamos todo juntas: ir a fiestas, a dar la vuelta, a las tardeadas del Robin o La Mina, echárnosla de pinta, comer juntas a la hora del intermedio, hacer trabajos y estudiar. Cuando nos juntábamos para esto último, no podían faltar los cacahuates cubiertos de Chamoy y Tico… ¡toda una bomba!

Aunque la vida nos llevó por distintos caminos, algunas de nosotras nos hemos seguido viendo y este sábado pudimos reunirnos Susanita, Adriana, Piva y yo. Esto, gracias a una mega fiesta para los amigos de la prepa que en este año hemos ido llegando a los fabulosos 50. 

El fiestón fue magistralmente organizado por la Modelo del Año Rosy Ugarte y la Intrépida Guille Barco, quienes lograron reunir a más de 40 personas de nuestra generación. 

Susanita, Adriana y yo nos vimos en casa de mis papás y llegamos juntas al salón. ¡Fue muy emocionante ver tantas caras conocidas, todas las chavas guapísimas y los muchachos muy elegantes! Ahí estaban Norma C, las inseparables –en ese tiempo- Olimpia y Adriana R, Evita (importada desde Escocia), Zhenia, Norma W, Norma G, Lillian, Cuquis, Olga, Laura C, Laura H, Lupita, Yolcey, Miriam, Sofía, Susana, Gely, obviamente Rosy y Guille,Tommy, el cuarteto de oro Roberto, Arturo, Oscar y Enrique, Peritos, Manzanera, Frank, Rubén C, Santos, el Coyote, Ciro, Beto, Oscar, Alfredo, Salvador M, Salvador C.  y por supuesto, Piva. Al ver a ésta última, casi nos vamos de espalda al ver que Susanita y Adriana iban de blanco y ella y yo de azul, gris y blanco… ¡todas muy combinadas y sin habernos puesto de acuerdo… lo que es estar en sintonía! 

Comenzamos con el registro de participantes, la abrazadera, la besuqueadera y las fotos de grupo. Luego Rosy y Guille nos dieron la bienvenida y  Manzanera dirigió unas palabras. En pocos minutos hizo un recuento de lo que fue nuestra vida en el bachilleres: las idas con Doña Tifo, la dulzura de las bibliotecarias (las señoras Esparza y Angulo), los maestros inolvidables como el Pollito, el Pelos, Rivera y otros, la vez que los del fútbol americano se disfrazaron de mujeres, el viaje a Prude Ranch (al que mis papás no me dejaron ir), etc. Posteriormente todos brindamos por ese maravilloso reencuentro y nos dispusimos a cenar una deliciosa lasagna que yo tardé 15 minutos en comer (hasta que le hube quitado todo el pollo) y una exquisita ensalada griega. 

Luego siguió el baile y de repente, Roberto, del Cuarteto de Oro, comenzó a deleitarnos con su bella voz cantando ‘Santa Lucía’. ¡Aquello era la locura! Y claro, en medio de todo el relajo, no pudieron faltar las fotos, fotos y más fotos (en una cabina y de celulares).

¡Me encantó platicar con muchos de mis compañeros, ver a las niñas del exilio (las que también viven en El Paso o en Juárez), escuchar la música de aquellos tiempos, bailar y ver bailar!

Supuestamente, la reunión terminaría a la 1, pero pronto brincó un valiente que pagó por una hora más.  Al final, todos felicitamos y agradecimos a Rosy y a Guille por todo el trabajo que hicieron para que pasáramos unas horas inolvidables. 

Adriana nos dio un aventón a Susanita y a mí. Llegué a la casa con los pies y la garganta adoloridos… 

Antes de acostarme revisé las fotos que había tomado, subí unas a facebook y me dormí feliz por haber recibido uno de los regalos más grandes de los últimos años. 

¡Gracias Rosy y Guille!!!

¡Gracias Dios por mis amig@s… Te extrañamos Maruquita!!!

¡Que se repita!!!

HO’OPONOPONO – AMOR, PERDÓN , ARREPENTIMIENTO Y ENTREGA

Ho’oponopono: Técnica para fluir y alinearnos para lo que es perfecto y correcto para nosotros. 

El domingo pasado tomé por segunda ocasión un curso de Ho’oponopono con una chava de Torreón que vive en Canadá (Liz de la Peña). 

La primera vez fue hace tres años y me gustó mucho, pero claro que me pasó lo que sucede con casi todo… que no lo puse en práctica con la frecuencia que debía. 

Pero bueno, en esta ocasión fui más por la práctica (el ir a limpiar) que por aprender (o reaprender), así que estuvo bien. 

Liz nos había pedido que estuviéramos unos minutos antes de la hora de inicio. Conociéndome, me pareció muy cañón poderlo lograr, pero de todos modos me propuse intentarlo. Afortunadamente, tenía muy frescas las enseñanzas de Laura Buendía que había compartido en la gunicharrita anterior (Un universo complaciente), así que me puse a repetir como loca:

—Amo y agradezco mi puntualidad perfecta. Amo y agradezco mi puntualidad perfecta. Amo y agradezco mi puntualidad perfecta…

Y efectivamente, el universo envió la orden de puntualidad perfecta y llegué al lugar faltando cinco minutos para que empezara… wow!!!

Me dio gusto ver a Liz. Nos saludamos, pagué y busqué un lugar para sentarme. 

Liz comenzó mencionando las cuatro palabras que se usan en la técnica: TE AMO, LO SIENTO, PERDÓNAME y GRACIAS, pero explicó que Ho’oponopono va más allá de solamente repetirlas. 

HO’OPONOPONO quiere decir CORREGIR O MODIFICAR y su objetivo es fluir con armonía, estar en paz. 

Y aquí nos puso el ejemplo de una orquesta: 

En lugar de querer que los demás toquen nuestro mismo instrumento y estar moliendo para que así sea, dejarlos y que cada quien toque el suyo. En automático, eso nos dará balance y paz.

OK pero, ¿qué hay de fluir? Bueno, para eso primero debemos reconocer que somos 100% responsables de nuestra realidad… si algo está en mi mundo es porque dentro de mí hay una frecuencia que lo está atrayendo. 

Por ejemplo, si alguien marca los diez dígitos de mi celular, éste va a timbrar, pero si se equivocan en un número, mi teléfono no sonará. 

Otro ejemplo: si siempre me consigo novios golpeadores (o hijos de mami, o ¿por qué no? unos perfectos caballeros) es porque hay algo en mí que los está atrayendo. 

En otras palabras:

Mi realidad es una proyección de mi interior: EL MUNDO ES COMO YO SOY.

Lo más maravilloso es que así como  para hacer una llamada no tengo que conocer  nada de celdas ni de canales de voz o circuitos integrados, con Ho’oponopono tampoco tengo que saber qué es lo que hay en mí que atrae a ese tipo de personas.

¿Qué hacer entonces después de reconocer nuestra responsabilidad? Contemplar la posibilidad de un cambio: 

—Si yo co-creé esto, PUEDO CREAR ALGO DIFERENTE, ya que EL CAMBIO EMPIEZA CONMIGO. 

Si bien esto es una afirmación muy importante, hay algo que lo es aún más: YO TENGO la capacidad de CORREGIR esto, NO SOLO PARA MÍ sino PARA LAS GENERACIONES VENIDERAS, ya que hay muchas memorias que se convierten en KARMA FAMILIAR. 

Y claro, habrá ocasiones en las que va a ser más fácil hacernos las víctimas. Si eso nos llegara a pasar, debemos recordar que es nuestra responsabilidad cambiarlo:

 YO SOY 100% RESPONSABLE de corregir esto. 

Ojo: no tenemos que saber específicamente cómo ni cuándo lo vamos a lograr. Lo único que hay que saber es que debes soltar lo que está dentro de ti que está causando problemas en tu mundo. 

¿Para qué soltarlo? Veamos el ejemplo de una tubería. Si ésta tiene cosas pegadas a las paredes, el flujo de agua va a ser muy limitado, ¿verdad? Lo mismo sucede con la luz. 

Partiendo de la base de que Dios, la divinidad, el universo -o como quieran llamarle- envía constantemente un torrente de luz (PARA TODOS, pues no tiene favoritos) y que la cantidad que recibamos depende de qué tan abiertos estemos, entonces debemos dejar ir lo que nos hace daño para que nuestra tubería (canal energético) esté limpia y se mantenga el flujo abierto. ¿Para qué? Para estar EN PAZ. 

Y ahora sí, habiendo entendido que somos 100% responsables de nuestra realidad y  estando dispuestos a cambiar, pasamos al meollo de Ho’oponopono. 

Comenzamos invocando al amor, repitiendo cuantas veces queramos las palabras que están en mayúscula: 

TE AMO. Con esto, pedimos que el amor entre y por ley de vibración disuelva lo que es tóxico. 

LO SIENTO. Asumimos la responsabilidad de las frecuencias que haya en nosotros o en nuestro karma familiar

PERDÓNAME.  Pedimos perdón, no hacia afuera, sino a nosotros mismos. Pido perdón a mi niñ@ interior, a la parte en mí que guarda todo esto y que está proyectando estos problemas. Pido perdón por todo lo que he dejado entrar, por todo lo que digo y por los juicios que emito.

GRACIAS. Debemos tener la disposición de soltar. Agradecemos a la divinidad por la oportunidad de dejar ir la toxicidad, por recibirla, transmutarla y regresarla a nosotros en forma de luz. 

Un ejemplo sería: 

Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo. Lo siento, lo siento tanto, siento que X situación esté ocurriendo (mencionarla), perdóname mi niñ@ interior por todo lo que he dejado entrar, por todo lo que digo, por mis juicios, ¡perdón! Gracias divinidad por la oportunidad de dejarlo ir (y aquí debemos de estar  realmente dispuestos a soltar), gracias, gracias, gracias, gracias, suelto las memorias que están provocando esto. Suelto la parte en mí que está atrayendo este comportamiento. ¡Gracias, gracias, gracias!

Esto puede durar unos pocos minutos, pueden hacerlo en cualquier momento y en cualquier lugar. No se sorprendan si lloran… de hecho, me acaba de pasar mientras escribía el párrafo anterior. Escogí una situación en mi vida y la abordé asumiendo mi responsabilidad. Al llegar al “lo siento, perdóname”… ¡uf… fue muy liberador! Lloré y lloré y tuve el mismo sentimiento de autocompasión que cuando fui con la Dra. Altés y que conté en la gunicharrita “Me llamo Laura”: 

“Al día siguiente me fui a platicar con la doctora Rosalía Altés. Ella es médico general y también trabaja a nivel espiritual, básicamente con Reiki y la ayuda de los ángeles. Después de un rato de estar conversando, se me antojó pedirle una consulta. 

Lo primero que me dijo al ver mi panza fue: “¿Qué le preocupa?”. Y así como Élida me había explicado que los corajes se van a la parte central del cuerpo, ella me dijo lo mismo de los miedos y preocupaciones. Se puso a trabajar a nivel energético en mi pancita; de repente, me invadió un sentimiento de autocompasión y comencé a llorar. 

Al terminar, me sentí muy aliviada. Le pregunté por qué había tenido ese sentimiento y me contestó que había sido un mensaje del Ser de Luz que vive en mí (o sea, mi Real Ser) por medio del cual me hacía ver el daño que solita me estaba causando. Wow!”

Y así como en aquella ocasión me sentí muy aliviada al final, hoy, después de haber hecho este pequeño ejercicio me quedé tan relajada como si hubiera orado o meditado. Y es que Ho’oponopono es las dos cosas:  una oración con cierta estructura y una meditación, pues de manera consciente nos unimos a la divinidad, le pedimos que transmute lo tóxico y recibimos su luz. 

Debo aclarar que la situación que solté no se ha compuesto todavía (pues claro, si no es la Lámpara de Aladino), pero las palabras que Liz nos dijo al respecto me hacen tener esperanza:

—Tengan la certeza de que si piden guía, en ese momento va a llegar… a lo mejor como un archivo comprimido (de esos que terminan en ‘zip’), pero si es así, no duden que se abrirá en el momento que deba de ser. 

El curso me gustó. Si bien, fue de menos horas que el primero, disfruté el hacer varios ejercicios de limpieza con el grupo, pero sobre todo, el poder tomar apuntes pensando en compartirlo con todos ustedes. 

Si a ustedes les gustó lo que leyeron y les interesaría practicar Ho’oponopono, busquen en internet a Liz de la Peña. Ella ofrece sesiones virtuales para limpiar memorias (pero apúrenle, porque creo que ya va a cambiar de giro).

También les recomiendo buscar a Vivi Cervera,Mabel Katz y Susana Majul. En lo personal, soy mega fan de ésta última, ¡me encantan sus meditaciones (las encuentran en youtube)!

Por último, ya para despedirme, los dejo con algunas frases que es importante recordar:

  • YO SOY 100% responsable de mi realidad
  • Si yo co-creé esto, PUEDO CREAR ALGO DIFERENTE, ya que el cambio EMPIEZA CONMIGO
  • YO TENGO la capacidad de CORREGIR esto, NO SOLO PARA MÍ, sino PARA LAS GENERACIONES VENIDERAS
  • Si me siento víctima, debo recordar que YO SOY 100% responsable de corregir esto
  • Mi realidad es una proyección de mi interior: EL MUNDO ES COMO YO SOY
  • Si NO ME GUSTA lo que estoy PROYECTANDO, debo ponerme a LIMPIAR
  • Estoy aquí para que FLUYA AMOR Y LUZ en y a través de mí
  • Debemos FLUIR, pero siempre pidiéndole a la DIVINIDAD que nos ayude
  • Un (una) TÚ EN BALANCE es lo mejor que puedes darle al mundo
  • No LIMPIAS por los demás, sino por ti, PARA FLUIR Y ESTAR EN PAZ

¡Hasta la próxima!

LOS MAESTROS DESCALZOS

Primero que nada, una disculpa por la demora en la entrega de esta gunicharrita. Mi meta original era publicar cada dos semanas (aproximadamente) pero en esta ocasión, lo que he estado viviendo ha hecho que cambie la historia varias veces.

El viernes ya casi la terminaba, pero nos fuimos a Chihuahua y ya no me dio tiempo de publicar. Y qué bueno, porque ahí sucedió algo que encaja perfectamente con el tema de esta gunistoria. Comencemos pues…

Hace algunas semanas me llamó la atención que en menos de tres días encontré clavos o tornillos en el estacionamiento de algunas tiendas. Pensando en que era probable que algún carro los pisara, los levanté. A los pocos días, ¿qué creen? Una de las llantas de mi camioneta comenzó a bajarse poco a poquito, por lo que pasé a Firestone a que la revisaran. Irónicamente, traía una grapa y un clavo enterrados…  ¡Ah jijo! ¿Qué no el karma es que cuando haces algo malo se te regresa? –pensé. Bueno, pues sin llorar. Tuve que comprar una llanta nueva, no sin antes recibir la recomendación de que cambiara de una vez las cuatro, pues ya estaban medio rucailas. Como mi marido –que es quien toma ese tipo de decisiones- se encontraba del otro lado del mundo, compré solo la ponchada. Cuando él regresó, le conté mi odisea, y a los pocos días me dijo que era mejor cambiar las otras también.

Llantas

Pedí presupuesto en ‘la Sem’s’ y en Firestone y ésta última se los llevó de calle, por lo que hace unos días me lancé a ese menester. Al entrar, me sorprendí gratamente al ser recibida por una empleada que no había visto la vez anterior. Era una señora más grande que yo, muy guapa, maquillada, muy peinadita,  y con una melodiosa y dulce voz que delataba su origen chilango. Le dije que iba a comprar tres llantas pero que a ver si me hacían un descuento. Toda linda y con la camiseta súper bien puesta, me dijo:

—Claro que sí mijita, a ver qué puedo hacer por ti.

Se puso a moverle a la computadora y efectivamente, me dio un descuentillo. Mientras me pedía mis datos, me ofreció varios  otros servicios. No requería ninguno de ellos, pero me hablaba con tanto cariño (me decía Laurita… ¡mi talón de Aquiles!), que estuve a punto de comprarle lo que me vendiera, jajaja.

Pasé a sentarme a la salita de espera y saqué mi compu, decidida a escribir la gunicharrita. Mientras esperaba, pude darme cuenta que Firestone era tienda muy solicitada, tanto en persona, como por teléfono, y que Silvia (la dulce empleada) los atendía con el mismo amor que a mí.  

Al poco rato entró una señora como de mi edad, con una niña chiquita y minutos después, su marido. Él se apoyaba en un andador  pues tenía  72 años y lo habían operado como cinco días antes. Me llamó la atención que la niña les dijera ‘mamá’ y ‘papá’, pero bueno, eso no era de mi incumbencia. También noté que  eran muy educados, ya que la señora estaba al pendiente de recoger las migajas de un panecito que la niña comía y que habían caído en la alfombra. A leguas se veía que no querían que molestara a nadie.

Niña

En cierto momento, la lepilla quiso que le pasaran un ‘huevito’ (o sea, un desodorante ambiental) que estaba en el mueble de la tele. La mamá le dijo que no se lo podía dar: primero, porque seguro estaba descompuesto y por eso lo habían puesto ahí; segundo, porque no era de ella. Sin embargo, le sugirió ir con la encargada de la tienda para ver si se lo prestaba. Ni tarda ni perezosa, la niña se levantó, y con su vocecilla simpática le dijo a la señora: “Disculpe, ¿me puede prestar el huevito?” Como la señora estaba atendiendo a otras personas, la mocosilla se puso a repetir como disco rayado: “Disculpe, ¿me puede prestar el huevito?” “Disculpe, ¿me puede prestar el huevito?” “Disculpe, ¿me puede prestar el huevito?” “Disculpe, ¿me puede prestar el huevito?”, jajaja. Entonces, la mamá –con mucha paciencia y prudencia- se levantó de su asiento y se dirigió hacia la niña, y con amor le explicó que la señora estaba ocupada y no la podía atender. Admirablemente, la mocosilla agarró la onda y pronto se le olvidó que quería el mentado huevito.

Al ver que era por demás tratar de concentrarme ahí, cerré la compu, y para romper el hielo, le sonreí a la lepilla. ¡Nombre, nomás le dije ‘mi-alma y ya quería casa aparte! Se sentó muy cerquitita de mí y comenzamos a platicar. La mamá le dijo que no me quitara el tiempo, pero yo le aseguré que estaba bien.

A los pocos minutos se acercó la encargada para decirle que ya habían revisado su carro (lo habían llevado porque empezó a oler a quemado), pero que no le tenían buenas noticias: el motor se había quemado, gracias a un pariente acomedido que supuestamente le iba a echar anticongelante al depósito del agua y claramente se había equivocado. El chistecito les iba a salir en $2,000 morlacos de los verdes… ¡Plop!

Dolares

La señora me pidió entonces el celular para llamar a un familiar y decirles que pasara por ellos, pero esa persona no podía. Lógicamente, les ofrecí aventón, y muy apenados y agradecidos, aceptaron. A los pocos minutos me habló mi hija Catalina para preguntar por qué todavía no la había recogido del baile. Le expliqué que todavía no estaba la camioneta y me dijo que no había problema, ya que todavía estaban ahí las maestras. La señora escuchó nuestra conversación y me pidió de nuevo el teléfono para hablarle a alguien más, pues no quería molestarme… Por supuesto que no se lo presté, asegurándole que no era ninguna molestia.

 Entonces nos pusimos a platicar. Le pregunté si solo tenía a la niña y me dijo que en realidad no era su hija, sino su nieta, ya que su hijo, la nuera y dos de sus nietos habían muerto trágicamente hacía casi tres años… Híjole, ¡qué triste! Entonces le pregunté si ya iba a ir la niña a Head Start, que es un programa para niños chiquitos. Me dijo que no, porque una persona le había comentado que era solo para niños con alguna discapacidad. Como yo estaba casi segura que no era así, me puse de metiche a buscar el número en internet y les llamé. El muchacho que me contestó confirmó lo que ya sospechaba, así que le pasé el teléfono a la señora y se pusieron de acuerdo para inscribirla cuanto antes.

Como a los veinte minutos quedó lista mi camioneta, nos fuimos todos por Catalina y de ahí los llevé a su casa.

Cuando se bajaron, le conté su historia a mi hija. Lógicamente se quedó de a seis, y más cuando le dije que en ningún momento  los había escuchado quejarse.

Esa tarde di gracias a Dios por haber puesto en mi camino a Silvia y a esa hermosa familia y pedí perdón por las innumerables veces en que me he quejado por lo que me pasa.

Angeles plumas rosas

Originalmente, aquí iría un ‘¡tan tan!’, pero como les dije, el fin de semana sucedió algo que debo mencionar precisamente en esta historia.

Resulta que mi familia y yo fuimos el fin de semana a Chihuahua porque mi suegra andaba de visita por allá (ella vive en el DF) y yo quise aprovechar para ir al panteón con mis hermanos. El jueves pasado (14 de julio), mi papá había cumplido 10 años de ‘haberse pelado’ –como diría elegantemente él- y “casualmente” ese día tuve cita de seguimiento con Laura Buendía. La primera cita había sido varias semanas atrás y tenía que ver con un diagnóstico que me había hecho un doctor (nada grave por el momento, pero sí algo que ha aquejado a la familia de mi mamá). Sabiendo que el primer caso para la biodescodificación es tener un diagnóstico, me fui a la consulta. Como es mucho rollo, no lo voy a contar aquí, solo les voy a decir que una de las tareas que Laura me dejó fue escribir una carta a mis papás (por separado) y otras cosillas que tenían que ver con una visita al panteón (todo eso es lo que se conoce como psico ritual).

Cartas

Yo ni sabía en dónde estaban los restos de los Gordos, ya que solo había ido a sus tumbas al momento de enterrarlos, pero mis hermanos Thalía y Virgilio sí sabían. Ellos no solo me acompañaron, sino que se unieron al ritual.

Fue algo hermoso. Yo sentía algo en el pecho, me imagino que era toda la energía del chacra del corazón.

Los manitos en el panteón

Como ya dije, no voy a contar todo lo que sucedió aquí, pues no viene al caso, así que me voy a brincar unas cuantas horas.

Esa noche me fui a jugar boliche con mi esposo, su familia y nuestros hijos, y saliendo de ahí pasamos por unas hamburguesas (obviamente, no para mí). Mientras esperábamos en la camioneta, recibí un mensaje de Patricia mi hermana, para avisarme que la Yoya, una amiga muy querida mía y conocida de ella por los productos Just, acababa de dejar su cuerpo físico.

La Yoyita y Catalina 2

Le habían detectado cáncer apenas en mayo, pero como ya estaba en fase terminal, la Yoyita no quiso someterse a ningún tratamiento. Cuando recién me dieron la noticia de la enfermedad (a mediados de junio), hablé con ella… me sorprendí al escucharla tan positiva y aceptando lo que la vida le mandaba… justo como la familia de la que les acabo de platicar. Metiche como soy, le comenté sobre una clínica en Tijuana en la que los pacientes de cáncer encuentran la cura con tratamientos naturales. Por supuesto que también le hablé de Laura Buendía y la biodescodificación. La Yoya me dijo que no quería hacerse nada, que Dios era hermoso y que la tenía muy consentida. Confieso que su respuesta me hizo enojar un poco, ya que ella era relativamente joven (65 años) y tenía una familia hermosa, sin embargo, con el paso de los días fui entendiendo y aceptando que ella era la única que podía decidir qué hacer con su cuerpo y con su vida y recordé las sabias palabras de Laura Buendía que ya les había compartido aquí (Gunicharrita ABIERTA A APRENDER, 30 de agosto, 2015):

La vida es como es, no como debería. Gracias por todo lo que me sucede a cada instante, bueno, maravilloso, grandioso, horrible, horrendo, feo y demás. Gracias por la bendición y la maldición, gracias por la luz y por la obscuridad.

Así estaba la Yoyita, dando gracias POR TODO, no solo por lo bueno.

Esa fue la última vez que hablamos; yo seguía al tanto de su salud por medio de su hija y de las amigas en común. Le mandé dos o tres whatsapps (respondió uno) y le llamé, pero no tuve suerte de que contestara.

Bueno, pues esa noche del sábado 16 le marqué de inmediato a Liz, su hija, quien me confirmó la noticia. Le dije que había ido de entrada por salida pero que planeaba ir de nuevo a Chihuahua en unas pocas semanas e ir a visitarla con tiempo…

Pensé que podría ir a la funeraria el domingo en la mañana, antes de regresarnos a El Paso, pero me dijo que se la llevarían a Camargo (como a dos horas de Chihuahua). Entonces le pregunté si habría manera de verla esa noche, y muy linda contestó que podíamos pedir permiso a los del hospital para cuando la fueran a subir a la carroza fúnebre.

Mi hija y yo nos estábamos quedando en casa de Thalía, pero yo no quería perder tiempo yéndola a llevar, así que me la llevé al hospital. Llegamos después de las 11 y encontramos a sus hijos (Liz, Gerardo, Alex y Yuri –su esposa-), así como a una amiga de Gerardo. Nos abrazamos, y me sorprendió ver la tranquilidad de todos… luego me explicaron que su mamá les había contagiado esa paz.

Y es que la Yoyita era una mujer sumamente creyente  (ver capítulo 9 de ‘Regalos del Cielo’). Ella estaba enamorada de Dios y de la vida, era extremadamente borlotera y alegre… ¡por todo daba gracias! Era muy común oírla decir casi a gritos y con una sonrisa de oreja a oreja: ¡Ay Chuyito, eres hermoso, te amo, gracias!!!!!!

Cruz

Ni esa terrible enfermedad pudo cambiarla, ella caminaba por los pasillos del hospital alabando a Dios, hacía oración con cuanta persona se le pusiera enfrente, y en una ocasión que despertó, lo hizo cantando “Aleluya, Aleluya”, y moviendo los brazos con toda la enjundia del mundo, ¡jajajaja!

Y así, junto con su esposo Víctor Alanís –quien se le adelantó hace ya algunos años-, hizo de sus tres hijos unos seres humanos maravillosos.

Tuve el honor de conocerla cuando me fui a vivir a Delicias –en el 2001- y comencé a vender los productos Just, pues ella era la mera mera. Su verdadero nombre era Aurora Irma Zamarripa.

— ¿Y nadie te dice Yoya? –le pregunté.

Contestó que no, pero a partir de ese momento las dos nos empezamos a decir así.

Más tarde la invité al grupo de oración, convirtiéndose en un miembro muy querido y respetado del mismo.

Un día, le pedí de favor que acompañara a mi hija a un evento que la escuela organizaba para los abuelos (no sé por qué mis papás no pudieron ir y tampoco recuerdo quién fue con Ricardo). Por supuesto que la Yoyita dijo inmediatamente que sí y no solamente fue echando tiros (o sea, muy guapa), sino que después le regaló un álbum de fotos para recordar ese día tan especial.

Dedicatoria Yoya


¡Ya se imaginarán la cara de sorpresa de los hijos al ver a mi monecas toda grandota, pues ellos no la habían vuelto a ver!

Aunque soy muy afortunada pues la vida me ha regalado muchísimas amistades, tengo un lugar muy especial en mi corazón para aquellos que verdaderamente me aprecian. ¿Y cómo sé quiénes son? Ah, pues los que no solo están como el azadón, esperando a que yo les llame, visite o invite a mi casa o a nuestras fiestas… porque ¡ah cómo pululan esas supuestas amistades!

Y por supuesto que la Yoyita siempre me hizo sentir muy pero muy apreciada, no solo me procuró bastante, también tuvo la deferencia de invitarme a la boda de sus dos hijos, haciéndonos sentir a mi marido y a mí como si fuéramos de la familia.

Bueno… más o menos a la hora de estar esperando la carroza, pensé que tal vez era muy aferrado de mi parte querer verla y comencé a despedirme. Por fortuna, los hijos me dijeron que no me fuera, que era muy probable que me dejaran verla. Y así fue, dos horas después llegó la carroza y Alex, Yuri y yo nos fuimos por dentro del hospital hasta la parte posterior. Ahí Alex habló con el chofer y se puso de acuerdo en cuanto a los papeles que se necesitaban para el traslado. En ese momento llegaron los demás y Liz le preguntó al guardia si nos dejaba pasar. Ella abrió una puerta y lo primero que vi fue una bolsa café obscuro en una camilla. Mientras ella abría el zíper con mucho cuidado, le pregunté si estaba segura que fuera su mamá (pregunta tonta)… entonces la vi, igual de linda que siempre. Parecía que solo estaba dormida… su carita estaba de lado y sus manos descansaban sobre el pecho.

—Gorda, aquí está la Yoyita que vino a despedirse –le dijo.

Yo me acerqué más y no hallaba ni por dónde empezar.

 La paz que de ella emanaba era tal, que no sentí tristeza… sabía que si alguien podía disfrutar  100% de ese maravilloso viaje, era la Yoya… ¡por fin se encontraría cara a cara con ese Dios que tanto había amado!

Sabiendo que el oído es lo último que se pierde (24 horas después de la muerte del cuerpo físico), comencé agradeciéndole su cariño y su amistad y diciéndole que era un verdadero honor encontrarme ahí en sus últimos momentos.

Tunel

También le dije que nuestras amigas del grupo de oración estaban al pendiente y que la querían mucho. Mi marido me había encargado que le dijera que le mandaba mucha luz… así lo hice. Tomé sus manitas y me sorprendió la suavidad de su piel. Luego le pedí permiso a Liz de darle un beso y me pasé a la cabecera –digamos- y me incliné para despedirme. Entonces se me soltó la lengua y pude decirle más cosas, ya ni me acuerdo qué, pero fue algo hermoso.

Salí de ahí muy conmovida y súper agradecida con los hijos por haberme dado ese gran regalo –una deferencia más- y me despedí de ellos. Toda la noche soñé con ella.

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Ahora sé por qué no había podido publicar. La historia de los MAESTROS DESCALZOS (esas extraordinarias personas que comparten su aprendizaje de manera gratuita con los demás) no estaría completa sin el testimonio de  mi querida Yoya.

Solo me resta decir GRACIAS a Dios por su vida y por poner en la mía personas excepcionales como todas las que aquí menciono.

¡¡¡Hasta pronto Yoyita querida!!!

Hasta pronto

Un universo complaciente

UN UNIVERSO COMPLACIENTE

Por Laura Jurado Alonso

El otro día le ofrecí mi ayuda a una amiga muy querida para que comprara una cosa que deseaba. Si bien se trataba de algo bastante barato, su respuesta fue: 

— ¡Claro que no… qué pena! ¿Cómo crees que te lo voy a aceptar?

Frustrada por su eterna actitud de solo dar, pero no recibir, le dije que se diera cuenta que el Universo (Dios, la vida o quien ustedes quieran) la estaba escuchando y que muy probablemente diría: 

— ¡Úfale… y yo que estaba a punto darle a esta persona una casa hermosa (o un carro del año o un trabajo muy bien pagado)! No, pues ahora me doy cuenta que no quiere nada… mejor se lo doy a alguien más. 

Mi amiga nada más se rió y dijo: 

—Bueno pues… lo acepto, gracias.

Curiosamente, a los pocos días escuché una parte de un programa de radio en el cual entrevistaron a Laura Buendía, una excelente terapista de Juárez que toma en cuenta las emociones atrapadas a la hora de tratar a sus pacientes.

Ella mencionó algo similar a lo que yo le dije a mi amiga: 

Cuando tú piensas o dices algo, el Universo responde de inmediato, pues lo toma como una orden… es como si se tratara del departamento de compras de una empresa. 

Por ejemplo:

Al pensamiento (requisición) de:     El Universo responde (orden de compra):
¡Cómo estoy gorda!Sale orden para que por nada del mundo enflaque ésta…
Hoy va a ser un día espantosoSale orden de llanta ponchada, regaño del jefe, pleito familiar
No traigo ni un quintoSale orden de escasez y miseria
Tengo la mecha muy cortaSale orden de encontrarse con un pendejo que la haga explotar
Siempre me encuentro hombres casadosSale orden de hacerla invisible para los solteros
No me gustan los amigos de mi hijoSale orden de amigos que anden en malos pasos
Mis hijos no me obedecen                             Sale orden de sordera selectiva para los hijos

…y así por el estilo. 

El día que aprendamos a escucharnos y que entendamos que NUESTRA REALIDAD DEPENDE ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE DE NOSOTROS, habremos dado un paso gigantesco en nuestra evolución.

Ya lo dijo Henry Ford: “Ya sea que pienses que puedes o que no… estás en lo cierto”. 

Bueno, pero… ¿qué podemos hacer?

Lo primero es estar conscientes de nuestros pensamientos.

Como está muy cañón querer cambiar tooooda nuestra forma de pensar –o de hablar-, ¿qué tal si después de hacer el ejercicio que viene en la gunicharrita del 27 de enero de 2015, ‘Al Acecho de mis Pensamientos’ (identificar y clasificar los pensamientos en útiles, inútiles, positivos y negativos) elegimos uno de ellos y cada vez que nos sorprenda brincando en nuestra mente lo cambiamos por algo que sí queramos que pase?

Y para esto voy a tomar prestado algo que utiliza mucho Laura Buendía: “AMO Y AGRADEZCO MI _____________ PERFECTO (A)”

¿Cómo quedarían los ejemplos que puse anteriormente?

El pensamiento (requisición) de:Yo, de manera consciente, lo cambio por:El universo responde con esta orden de compra:
¡Cómo estoy gorda!Amo y agradezco mi figura perfectaSale orden de figura perfecta
Hoy va a ser un día espantosoAmo y agradezco mi día perfectoSale orden de día perfecto
No traigo ni un quintoAmo y agradezco mi abundancia perfectaSale orden de abundancia perfecta
Tengo la mecha muy cortaAmo y agradezco mi paciencia perfectaSale orden de paciencia perfecta
Siempre me encuentro hombres casadosAmo y agradezco mi hombre perfectoSale orden de hombre perfecto
No me gustan los amigos de mi hijoAmo y agradezco los amigos perfectos de mi hijoSale orden de amigos perfectos para tu hijo
Mis hijos no me obedecenAmo y agradezco la obediencia perfecta de mis hijosSale orden de obediencia perfecta de tus hijos

Una vez que hayamos elegido el pensamiento a cambiar, podemos apoyarnos escribiendo la frase corregida en papelitos y pegarlos por todos lados para no olvidarlo. 

Y bueno, dicen los que saben que para formar un hábito debemos hacer las cosas por 21 días, así que… ¿qué esperamos? 

¡A darle, que nadie más lo puede hacer por nosotros!

Palabras clave:

Universo, pensamiento, orden de compra, realidad, Henry Ford

TE AMARÉ, TE AMARÉ

El otro día escuché en la radio la famosa canción de Whitney Houston: ‘I Will Always Love You’. Me puse a cantarla a todo pulmón, cuando de pronto me di cuenta de la carga tan tremenda que conlleva el decirle a alguien: “Te amaré por siempre” y recordé un video que el coach Ricky Angulo subió a youtube en el que explica cómo te pueden estar afectando los votos que hiciste en otras encarnaciones. Si bien en el video Ricky se refiere a votos de castidad, pobreza, silencio, etc., también el jurar amor eterno entra aquí.  

Y bueno, aparte de carga, me parece una mentira, ya que por más enamorados que estemos al momento de decir esas palabras, no sabemos qué va a pasar en el futuro. Claro que todos –o muchos- tenemos la idea romántica de un amor eterno, pero, ¿no sería más honesto decir “te amo (y en este momento SIENTO que te voy a amar por siempre)”?

Es como cuando alguien está muy grave y las personas tratan de consolar a sus seres queridos usando frases como:

“No te preocupes, vas a ver que todo sale bien”, ó

“Yo sé que fulanito se va a recuperar”

… o sea, ¿tienen una bola de cristal o cómo? Escuchar eso es un insulto a mi inteligencia; me parecería más apropiado que dijeran: 

“Confiemos en que fulanito se recupere pronto”.

Curiosamente, el mismo día que escuché la canción comencé a ver una serie que trata sobre tres parejas y una de ellas tiene un problema por causa de la falta de compromiso del chavo. No les voy a decir el nombre para no echarles a perder la sorpresa si es que la quieren ver.

Pues bien, en una reunión en la que se encuentra esta pareja, la muchacha oye a su futuro marido platicando con sus amigos. Uno de ellos le pregunta si está dispuesto a acostarse única y exclusivamente con su novia durante sesenta años. El chavo contesta que no necesariamente tiene que ser así… obviamente, la chava hace ¡plop! como Condorito y se acerca a preguntarle qué quiso decir con eso. No les voy a contar tanto, solo que llega un momento en que la chava pierde toda la confianza en su novio porque él no quiere decir “TE SERÉ FIEL POR SIEMPRE”. 

Ahora que estoy un poco más metida en los temas de la conciencia, entiendo perfectamente al chavo… bueno, los entiendo a los dos, lo que quiero decir es que hace veinte años hubiera pensado que el muchacho era un descarado hijo de su re tiznada abuela, pero hoy aplaudo su honestidad y su sentido de la responsabilidad.

¿Ustedes qué preferirían que les dijeran?