LAS HISTORIAS QUE TE CUENTAS

No sé si a ustedes les pase, pero yo me he contado historias toda mi vida… historias que luego se convierten en dogmas.

¿Y qué es un dogma? Algo que damos por cierto, o de acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española: proposición tenida por cierta y como principio innegable.

Algunas de esas historias  que me he repetido son:

  • Con un día que me malpase, bajo inmediatamente de peso y mis pompas se van a la planta baja (cancelado, cancelado).
  • A mí me hacen mucho las desveladas. Si me acuesto tarde, mi cuerpo lo resiente (cancelado, cancelado).
  • A pesar de ser ingeniero, no soy buena para matemáticas (cancelado, cancelado).

Pues bien, hace unas semanas, sin habérmelo propuesto, comencé a retar la número dos. No recuerdo bien ni cómo empezó, solo sé que me mortificaba bastante el no poder irme a la cama a una hora “decente”. Por ejemplo, por ahí de las 6 de la tarde decía: “hoy me voy a dormir temprano”, pero por angas o mangas –o como dice una querida amiga, por ‘changas’ o mangas, jajaja- , nomás no lo lograba. Me daban las 9, las 10 y las 11 lavando sartenes, sirviéndole agua a los perros, croquetas a los gatos, llevando algo a la camioneta para que no se me olvidara al día siguiente, etc. y por ahí de las 11:30 o 12 comenzaba mi rutina de belleza. Claro que me acostaba toda mortificada por no haber podido cumplir con mi deseo, ya que ‘mi cuerpo lo iba a resentir’.

Eso se repitió por unas dos semanas, hasta que me cayó el veinte y dije: bueno, pues SI ASÍ SON LAS COSAS, POR ALGO HA DE SER, y recordando las sabias palabras de mi prima la Kitty cuando estudiaba medicina: ‘si la violación es inminente, relájate y goza’, decidí dejar de luchar contra eso. A partir de ese momento, comenzó a valerme madre a qué hora me dormía y NO SOLO MI CUERPO NO RESINTIÓ NADA, sino también descubrí un mundo al que yo era ajena: las cenas a altas horas de la noche. Aunque esto es algo por lo cual mi Nutrióloga me desheredaría, me dispuse a acompañar a mi marido y a mis hijos en la cocina, y comencé a disfrutarlo.

Y así he pasado las últimas semanas. Sin embargo, como digo una cosa, digo otra… hace unos días me cayó otro veinte: debo cumplir con lo que me digo, pero ojo: si por alguna razón no lo logro, NO ME CONTARÉ HISTORIAS DE TERROR.  

Lo que quiero decir es que

DEBO HACER CASO A MIS DESEOS Y NECESIDADES SOLO POR AMARME, NO PORQUE VAYA A HABER UNA CONSECUENCIA NEGATIVA SI NO LO HAGO

¿Por qué?

PORQUE YO SOY LO MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA Y ES PRECISO QUE ME PONGA ATENCIÓN… nada más.

Entonces, como la noche del jueves me había dormido a la 1:30 terminando unas traducciones,  el viernes me regalé el cumplir con mi palabra al decidir irme temprano a la camita (a las 9:30).  ¡Uf… fue riquísimo! Me desperté a las 12:30 A.M. sacada de onda, luego recordé que me había acostado temprano y me volví a dormir, feliz de llevar esas tres horas de ventaja.  Desperté al día siguiente como a las 8 y cachito, sintiéndome plena por haberme dado ese gran regalo.

Así que los invito a cuestionar las historias que se cuentan o que alguien les contó (y ustedes se la creyeron) y también a hacerle caso a la persona más importante de sus vidas: ¡ustedes mismos!

¿Qué dicen? ¿Le entran?

ABRETE A LA AYUDA DIVINA

Hace unos días, buscando algún video de Mindalia para lavar los platos (o sea, para acompañarme mientras los lavaba, no crean que no sé cómo se hace, jajaja), me encontré uno de un chavo a quien jamás había visto pero que de inmediato me cautivó por su sencillez y por la profundidad de sus palabras: Ivan Bavcevic. Su conferencia se llamaba “Permite que el espíritu te de todas las soluciones”.  Confieso que al ver el nombre me dio un poco de hueva porque pensé que era algo religioso, pero no me quise quedar con la duda. 

El mensaje de la charla es muy simple y a la vez muy poderoso:

UNA SOLUCIÓN NUNCA VIENE DENTRO DE LA PREOCUPACIÓN. LLEGA CUANDO TE RELAJAS Y TE ENFOCAS EN LA FUENTE DE SOLUCIONES.

En otras palabras, el proceso de pensar no te da soluciones nunca, solo sirve para organizar o concluir algo después de que has recibido la solución del silencio, de la conciencia (recibes la solución y luego hay cosas prácticas que debes hacer, por ejemplo, comprar un boleto, hacer una reservación, etc.)

Ivan explica también que a lo largo de la historia de la humanidad ha habido seres muy elevados que nos han dado grandes soluciones para nuestra vida, tales como Sócrates, Platón, Aristóteles, Miguel Ángel, Nicola Tesla, Einstein, Edison, Steve Jobs, etc.  Todos coinciden en que ellos no han producido su trabajo sino que éste ha salido de un lugar que no se puede ver con los ojos.  Todos dicen que necesitan PERMITIR QUE EL ESPÍRITU USE SU CUERPO Y SUS MANOS para crear algo fuera de su mente, fuera de la razón. 

Y aquí recordé un video de Covadonga Pérez Lozana que acabo de ver sobre las sincronías y en el que el entrevistador le pregunta por qué cree que la vida la haya elegido para dar tantos mensajes y ayudar a tantas personas. Su respuesta es brillante, no desde el punto de vista intelectual, sino porque nos da la clave de la existencia:  

—No creo que la vida me haya elegido a mí en particular, la cuestión es que YO LO PERMITOTODOS LOS DÍAS ME LEVANTO Y LE DIGO AL UNIVERSO: ÚSAME.

Fregón, ¿verdad? Creo que si todos lo hiciéramos, otro gallo nos cantaría. 

Pero bueno, volviendo al video de Ivan, la razón de no tener éxito al intentar solucionar las cosas por nosotros mismos es el libre albedrío. 

Dios, la Vida, el Universo, la Conciencia o como quieran llamarlo, es sumamente respetuoso de eso y nunca va a intervenir cuando elijamos hacer todo por nosotros mismos. 

Es como un padre cuando ve que su hijo pequeño está batallando para meter unas figuras geométricas en un recipiente. El papá ve que el niño se frustra, pero no lo va a ayudar para que aprenda por sí solo. Una vez que el niño reconoce que no puede, y pide ayuda, el padre entra en acción.

Así que, ¿para qué le hacemos al Mickey? Si tenemos a nuestra disposición una fuente inagotable de soluciones, hay que respirar profundo y decir: ‘No sé cómo resolver esto’. Al pronunciar estas palabras (que a algunos les sonarán derrotistas pero en realidad no lo son), ¡pum! Estamos abriendo la puerta para recibir esa ayuda divina. 

Yo lo he comenzado a poner en práctica. La primera vez fue el sábado pasado que tuvimos una cena aquí en la casa. Como siempre ha sido mi coco el secarme el cabello (o sea, que me quede padre), después de bañarme dije: “yo no sé cómo peinarme”. Dicho esto comencé a secarme, aparentemente como siempre lo hago. Digo aparentemente, pero en realidad algo debo de haber hecho algo diferente, pues me quedó como nunca. ¿Que si me esforcé un poco más? Para nada… simplemente doblé las manitas (como dice mi marido) y me abrí a la ayuda divina. 

Y hablando de mi marido, anoche que puse la bolsa de basura en el bote comenté que el día que yo viva sola aprenderé a meter la bolsa en las cuatro esquinas, ya que por lo general solo la puedo poner en tres. Mi esposo, recordando lo que le había contado del video de Ivan me dijo: ‘A ver, relájate y di que no sabes cómo hacerlo’. ¡Ahhhh es cierto! Y comencé tranquilamente a decir: “no sé cómo poner esta bolsa, no sé cómo poner esta bolsa, no sé cómo poner esta bolsa (no es que se tengan que estar repite y repite las palabras, ¿eh? así lo hice yo)”… pues como al cuarto intento lo logré, wow!!! 

Sé que estos ejemplos les pueden parecer muy bobos, pero la verdad es que son cosas que yo nunca había podido hacer sola y claro que ya estoy aplicándolo en cosas más profundas. Luego les cuento los resultados, ya que tienen que ver con otros videos y con el taller que acabamos de terminar. 

Mientras tanto, les dejo esto para que lo mastiquen, ¿les parece? (¿o deberé decir vale, por tantos videos que he visto de Mindalia? ¡Jajaja!)

¡Hasta la próxima!

El sabor de cada instante

El domingo pasado amanecí con muchas ganas de trabajar, así que junto con mi jardinero favorito (mi marido) nos salimos a limpiar el patio. Unos meses antes, él había pasado al jardín un geranio que teníamos enfrente de la casa, pero donde lo puso originalmente se empezó a achicharrar. Después de pensarla un rato, lo cambié de lugar y aunque a mi marido no le agradó mucho porque ya no lo iba a poder ver desde su oficina, estuvo de acuerdo en que era lo mejor para la planta. 

Pues bien, el domingo pasado me sorprendió lo hermoso que el geranio se estaba poniendo y le hablé a mi esposo para que lo viera. En verdad estaba muy bonito, hasta le estaba brotando una flor, pues las que tenía ya se habían secado. 

Y es que el calor de El Paso es mega jijo para las pobres plantas y apenas cuando se empieza a ir (por ahí de octubre), las inocentes pueden tener un respiro. Esto lo pude comprobar al día siguiente, cuando noté que el rosal que está pegado a la ventana del pasillo acababa de aventar una hermosa rosa roja. 

Claro que el gusto me duró poco, ya que el martes nos azotó una mega tormenta de granizo que acabó con las dos flores que menciono y con todas las hojas del geranio. 

¿Que  si me pudo? La verdad no, ¿saben por qué? Porque pude disfrutarlas, aunque fuera solo por unos días o unas horas… Percibí su belleza, noté que existían. 

¿Cuántas veces nos pasa que vemos fotos viejas y nos damos de topes queriendo volver al pasado para disfrutar de aquello que ya no tenemos?

Y claro que eso está más cañón cuando hablamos de personas. Por fortuna, eso no me pasó con mis papás, ya que pude saborearlos antes de que se mudaran al Otro Lado. Si bien nunca fui súper cariñosa con ellos (como mi hermana Nora que se acostaba junto a mi papá cuando estaba enfermo y lloraba por cualquier padecimiento que él tuviera), siento que no me quedé con nada. 

Aparte de que la vida me concedió disfrutarlos por muchos años (hasta los 39 a mi mamá y hasta los 41 al Gordo), en muchas ocasiones recibí pequeños regalos disfrazados de sueños, en los que uno de los dos moría. ¡Era todo un agasajo despertar y brincar a su cama (o hablarles por teléfono), sentir su calorcito y envolverlos en un abrazo! Yo creo que eso hizo que estuviera muy consciente de que en cualquier momento ese feo sueño se podría convertir en realidad. 

Por eso un día (meses antes de que mi mamá emprendiera la graciosa huída) llegué a cuestionarme qué pasaría cuando ella muriera. Las dos estábamos en la sala y yo la escuchaba platicando las mismas historias de siempre. Al darme cuenta que no le estaba poniendo la atención que tal vez debería ponerle,  me pregunté: Y si mi mamá se muriera, ¿me arrepentiría de haber hecho o dejado de hacer algo? La respuesta contundente fue NO… estaba consciente de que eso era todo lo que podía darle… y estaba bien. 

Así que no esperemos a que una tormenta se lleve lo que la vida nos brinda día a día… saboreemos cada instante y cada detalle… aunque el gusto nos dure solo un segundo.  

Muchas gracias.

DOLOR VS. SUFRIMIENTO

Hace unas semanas vimos algo muy interesante en el taller que estoy tomando sobre el dolor y el sufrimiento. Una señora se quejaba de que su ex marido le había robado sus mejores años, a lo que Haydée (la instructora) respondió:

  •  ¡Momento! ¿Cómo que te robó tus mejores años? ¿Qué no los viviste…? ¿Y quién te dijo que esos eran tus mejores años? Entonces eras una lepa inexperta… ¡los que tienes por delante son tus mejores años!
  • No, pues sí – asintió la señora medio convenciéndose. 

Entonces Haydée dijo algo todavía más sabio: 

EL DOLOR ES INEVITABLE, PERO EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL

En otras palabras, EL DOLOR ES EL HECHO (una ruptura, un accidente, la muerte de un ser querido, etc.), mientras que el SUFRIMIENTO ES EL CUENTO QUE NOS CONTAMOS SOBRE ESE HECHO (‘¡Es un desgraciado!’, ‘Todos los hombres son iguales’, ‘¡Qué jijo mi marido que decidió morirse, dejándome la broncota de los hijos y muchas deudas!’, etc.). 

Y es que la sociedad no ha ayudado mucho. Recuerdo una canción que se escuchaba cuando yo era niña:

♫ Sufriiiiiir me tocó a mí en esta vida

lloraaaar es mi destino hasta el morir

¿Qué importa que la gente me critique?

Si así lo quiere Dios

Si así lo quiere Dios

Hoy tengo que sufrir ♫

Una señora que trabajaba en nuestra casa la cantaba a todo pulmón y se veía que realmente sufría… ¡Pues claro, si todo el día se decía a sí misma que tenía que sufrir! El universo es tan maravillosamente perfecto que nos da aquello que esté en la frecuencia con la que vibramos. 

¿Y qué decir de la religión? 

“Aquí clamamos los desterrados hijos de Eva, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. 

¡Hasta mi papá, que creía en Dios pero no profesaba ninguna religión, decía que vivíamos en un valle de lágrimas! Cuando yo lo escuchaba decir eso, de inmediato respingaba y le decía que ni madres, que eso era muy naco y que me rehusaba a vivir de esa manera. 

Para la mente es lo mismo pensar bien que pensar mal, así que ¿para qué desgastarnos pensando que todo está de la fregada?

Pero bueno, si ya estás instalada/o en el sufrimiento, hay un ejercicio muy práctico para salir de ahí:

Con los ojos cerrados, visualiza a la persona por la que sufres. Ahora estira las manos y pídele que te regrese lo que le diste (tu futuro como esposa, tu futuro como mamá, viajar en pareja, tu dignidad, tu reputación, etc.) y ve poniendo todo eso en una cajita (mentalmente o escribiéndolo en papelitos).

Puedo decir que algo se mueve al hacer este ejercicio, ya que yo, antes de ponérselo a mi hija, y por sugerencia de Haydée, lo hice también. Y no es que sintiera que alguien de mi pasado se había quedado con algo mío, lo que pasa es que cuando le estaba contando a Haydée que mi hija sufría por un lepe cabrelio que le había roto el corazón, se me salieron las lágrimas. En ese momento, ella se dio cuenta que lo que me hacía llorar no tenía nada que ver con mi hija… o bueno, quizás un poquito, pero aparentemente, yo traía arrastrando algún asuntillo inconcluso. 

Así que un día, después de echarme un round con mi hija, me dijo que seguía triste por el lepe ese. En cuanto la dejé en su clase de baile, me fui derechito a Tuesday Morning (una tienda que me gusta mucho) y compré una caja y un cuaderno. 

Después de recorrer todos los pasillos, pagué y me dirigí a mi camioneta. Saqué un cuaderno y me puse a escribir nombres:

Fulanito de tal… nada. 

Sutanito… nada. 

Perenganito… nada… 

Hasta que llegué a dos que tres (jajajajaja) y ahí sí algo se movió, así que de uno por uno les pedí que me devolvieran lo que en ese momento me robaba mi paz. Cuando ya había terminado con la lista, me sacó de onda un carro con vidrios polarizados que se estacionó justo enseguida de mí. Como ya estaba obscuro y nadie se bajaba del carro, mejor puse pies en polvorosa y me fui a estacionar a la academia de baile. 

Como a la media hora salió mi hija y sin decirle nada, ya casi llegando a la casa, me estacioné afuera de una tienda. 

Y bueno, no se trata de ventanearla aquí, ¿verdad? Solo diré que aunque le tomó por sorpresa el ejercicio, tuvo la mejor disposición para realizarlo. Primero le expliqué que así como heredamos rasgos de la familia, también heredamos rollos emocionales que, al fin de cuentas, no tenemos por qué andar cargando. Que era probable que esa tristeza que ella sentía tuviera que ver con pedos míos, pero que –por sugerencia de Haydée- ya me había encargado de ello, y le mostré la lista (claro, por encimita, ¿eh? jajaja).

 Después de la explicación, le pregunté qué cosa le gustaría que el lepe cabrelio le devolviera. 

—Mi dignidad, contestó. 

—Ah pues escríbele que te la devuelva y echa el papel a la cajita, le dije. 

Luego le dije que le pidiera algo más. 

De igual manera lo escribió y lo depositó en la cajita. 

Para respetar su privacidad, le dije que siguiera ella solita sin decirme qué era lo que escribía. Como si le hubieran dado cuerda, mi monecas escribió, escribió y escribió –¡a madre!- como por seis minutos. 

Cuando terminó, le dije que ahora hiciera lo mismo con otros chavos o con cualquier persona que se hubiera quedado con algo de ella. 

Siguió por unos cuantos minutos, y cuando terminó le pregunté cómo se sentía. Me dijo que mucho más relajada, y como la ocasión lo ameritaba, hasta me aceptó un abrazo, jajaja. 

Han pasado ya varios días de ese ejercicio y definitivamente la veo mucho mejor. 

Y así como deseo que mi hija escape del sufrimiento, lo deseo también para todos ustedes. 

Recuerden:

Experimentar el dolor, sí. 

Instalarse en el sufrimiento… ¡jamás!

Volver al Amor

No les he contado que estoy tomando nuevamente uno de los maravillosos talleres de Haydée Carrasco, ¿verdad? El nombre del mismo es “Volver al Amor”, y en la primera clase, Haydée nos explicó que los bebés son la representación más pura del amor, ya que aún no están contaminados por el mundo. Un bebé es nuestro mejor maestro: piden lo que necesitan sin sentirse culpables, no juzgan, y viven en el aquí y el ahora. ¿Por qué? Porque aún están conectados con el amor, con la Fuente de donde todos venimos, o lo que es lo mismo, se encuentran en estado de plenitud. Por esta razón, nos atraen tanto, ya que nos conectan con esa fuerza que ya no sentimos. 

¿Cómo que ya no sentimos esa fuerza? Pues sí por desgracia, conforme vamos creciendo, vamos desarrollando miedos que nos separan del amor y nos alejan de aquello que hemos venido a realizar. Y entonces – dice Haydée- si los miedos se instalan como a los dos o tres años y si la expectativa de vida es de 80 años, ¿se imaginan qué horror vivir tantos años sin poder reconocer el amor que hay en nosotros, sin poder expresar todo lo que llevamos en nuestro interior? 

Pero no todo está perdido, podemos empezar a identificar nuestros pequeños infiernos y nuestros miedos para así atacarlos.

Muy bien, pero… ¿qué es el infierno? Según la mayoría de mis compañeras, es el lugar a donde van los que se portan mal al morir. Obviamente, yo diferí de ellas, ya que para mí el infierno no está después de muertos, sino es aquí mismo en la Tierra, pero Haydée nos dio la mejor definición:

 “El infierno es que un día contemples lo hermoso que pudiste ser y no fuiste”… ¡toinnnn!

¿Y por qué puede suceder eso? Por miedo. 

Miedo a:

-Que nuestra pareja no sea lo que necesito, o de que sí lo sea (como digo una cosa, digo otra… ¿tengo o no tengo razón?)

-De no gustarles a los demás, o de gustarles

-El fracaso o el éxito

-Morirnos jóvenes o envejecer

… o sea, jelou! Para salir de esa obscuridad, lo único que tenemos que hacer es prender la luz.

¿Cómo?

Dejando atrás el orgullo para pedir ayuda

Aceptando que hay alguien más listo que nosotros

Dejando de defender nuestras conductas que lastiman a otros

Soltando el control

Aceptando y respetando la verdad y la forma de vivir de otros

Son solo cinco puntos, pero ¡ah cómo cuesta llevarlos a cabo! 

Por mi parte, voy a copiarlos y pegarlos donde los vea siempre para ver si un día logro volver al amor. 

Y a ustedes… ahí se los dejo por si quieren hacer lo mismo.

¡Abursito!

La escritora que no escribe

Una disculpa a quien pudiera estar ofendido porque hace más de un mes que  no publico, jajaja. Como le decía ayer a mi amigo y excelente poeta, Arturo Granados, ando de desobediente civil…  No sé qué me ha pasado, pero en las últimas semanas (¿meses?) no he querido sentarme a escribir. A veces amanezco con una idea para el blog, pero la rutina -y Netflix!!!- hacen que quede en eso… en una idea. 

Como hace tiempo tomé un taller con Haydée Carrasco en el que –según yo- descubrí el propósito de mi vida, y resultó que éste era escribir, comencé a traumarme al darme cuenta que me había convertido en una escritora que no escribía. Sin embargo, mis ángeles adorados no me dejaron sola y empecé a notar que cada vez que veía la hora, salían números repetidos (2:22, 10:10, 11:11, 3:33, etc.). Alguna vez  ya me había pasado, y eso, en el lenguaje angelical, significa que vas por buen camino. 

Algo que también me ayudó fue mi diálogo interno. 

Comencé preguntándome:

“Si soy una escritora que no escribe… ¿entonces quién soy?” 

La respuesta llegó de inmediato y me dije que así como no es válido que mis roles de mamá, amiga, hija, hermana, etc. definan quién soy, tampoco tiene por qué hacerlo el de escritora. ¿Por qué? Porque YO SOY algo más que eso… 

YO, AL IGUAL QUE TODOS LOS DEMÁS, SOY UN HERMOSO ESPÍRITU DE LUZ que decidió venir a la Tierra a experimentarse como ser humano (y sobre eso ya había escrito hace tres años y medio en COMO LA LUZ DE UNA VELA, una de mis publicaciones favoritas -ver http://www.elblogdelaurajurado.net/como-la-luz-de-una-vela/).

Para entender mejor esto, pongamos el ejemplo de una obra de teatro. Los actores que en ella participan representan cada uno un papel diferente, pero ninguno ES lo que su papel les dice. Mientras están en la obra, son Caperucita, el lobo, un árbol, Julieta, doña Inés, don Quijote de la Mancha, etc. Una vez que salen de ella, vuelven a ser Lulú, Pepito, Roberto, Pedro Pérez, etc. 

Pues así mismo es la vida. Y no porque yo me haya comprado la idea de que soy escritora, voy a escribir a fuerza (claro que hay quien lo hace así por disciplina, pero yo nunca he sido disciplinada… –y como dijo don Teofilito: ¡ni lo seré!). Si hay algo que he aprendido últimamente es que hay que ser congruente con lo que se piensa, dice y siente.

Así que… hoy tengo ganas de escribir esto (y mientras lo hago, veo el reloj y son las 4:04… ¡adorados!). 

A quienes les den ganas de leerlo, muchas gracias, y a quienes no, también (¡viva la congruencia!).

Hasta la próxima… si es que hay, jajaja.