MASCOTAS, ESE GRAN REGALO (Y RESPONSABILIDAD)

Esta chiquita tricolor ha tenido una vida difícil.  Un muchacho la llevó a su casa y luego se fue, abandonándola. El papá -quien nunca pidió un perro- se hizo cargo de ella como pudo, ya que su salud no era muy buena. Pues hace como quince días,  una vecina me contó que ella estaba alimentando a la perrita, ya que el señor llevaba varios días en el hospital, y parece que hasta va a tener que irse a otra ciudad. Para no hacer el cuento largo, mi vecina y yo nos aliamos para conseguirle un hogar.
Le pregunté a mi esposo si podíamos cuidarla un tiempo, y me sorprendió que me dijo luego luego que sí. Al día siguiente de nuestra platica me acordé que ya la conocíamos,  pues un día la encontramos en la calle y la regresamos a su casa, así que fui a platicarle eso a mi marido.
-¿De qué me hablas?
-Pues de la perrita que vamos a cuidar
-¿Cuál perrita????
-La que te pregunté si podíamos tener un tiempo mientras le encontrábamos una familia!!!
-¡Nunca me dijiste eso!
Y es que, aunque generalmente no pocheo (solo en el trabajo 🙈), le dije que si podíamos hacer foster a la perrita y él entendió que si podíamos hacer un POSTER, jajajajjaaja!
Y bueno, pues así la tuvimos unos días,  ¡estaba paniqueadísima! En su casa siempre vivió en el patio, y creo que no convivía con nadie. Lloraba y temblaba, especialmente   con mis perros, ¡y eso que son un pan de Dios!
La fuimos viendo perder el miedo, fue hermoso. Al quinto día, y sin terminar su rehabilitacipon, una amiga de mi hija se enamoró de ella, y junto con su novio, su perro y su gato, la recibieron con los brazos y los corazones abiertos.


Al día siguiente de este final feliz, tuvimos otro motivo para celebrar: el primer año de Chihuis en nuestras vidas. ¿Recuerdan que llegó solito a nuestra puerta y entró como Pedro por su casa? Pues ya se nos salió un día,  y se estuvo pacientemente afuera de la casa para que le volviéramos a abrir. Sabe que este es su hogar… y eso me hace muy feliz.


Recuerda: una mascota NO es un juguete. Piénsala antes de adquirir una, y si ya la tienes,  esterilízala, cuídala, protégela… ¡ÁMALA!

El Mejor Psicólogo

Regresábamos de Chihuahua. Era un día de marzo de 2014, y mis hijos y yo volvimos a tocar el tema de un hermanito para Paco, nuestro hermoso gato. Y ya sé que mi maestro de narrativa me la va a hacer de emoción porque me voy por lo fácil diciendo “hermoso” en lugar de describirlo, pero es que no quiero quitar los reflectores del protagonista de este relato, así que continúo.

Aunque teníamos cuatro perros y un gato, sentíamos que a Paco le hacía falta un compañero. Mi esposo ya tenía meses diciendo que no, que ya eran demasiadas mascotas, pero ese día por fin cedió.

Habíamos cruzado por el puente de Santa Teresa, por lo que nos fuimos directamente al albergue de Canutillo. Vimos varios gatos, yo me enamoré de una de pelaje parecido a Paco. Ya era grande y su dueño había muerto, eso la había vuelto muy huraña. Mi corazón desbordaba de amor hacia ella, deseaba mostrarle que podía ser amada de nuevo, sin embargo, mis hijos se inclinaron por un gatito más chico, de pelo corto, al que habían operado de una patita. Ellos me dieron sus razones y yo les di las mías, pero no nos pusimos de acuerdo. Nos fuimos a la casa, y no sé cuánto tiempo pasó hasta que comprendí que yo ya había tenido el privilegio de escoger a Paco, así que les di luz verde. ¡Mis hijos -entonces de 17 y 15- estaban felices!

La verdad el gatito estaba muy bonito. En el albergue le habían puesto “Zorro”, por su mascarilla negra. Siguiendo la tradición instituida por mi mamá, yo le cambié el nombre a Zorry, y pronto se convirtió en el bebé de mi hija. Paco, por su parte, nunca lo aceptó. Como que era más amigo de los perros que del pobre Zorry, a cada rato le daba sus buenos zapes.

Pues bien, les decía que se convirtió en el hijo de mi hija, pero no solo eso, se convirtió también en su mejor amigo, su terapeuta, el confidente perfecto para cuando le daba el mal de amores.

Se puso muy gordito, corría y se le movían los pellejos para un lado y para el otro. Yo pensaba que era por tragón, pero un día leí que los gatos engordan porque absorben nuestras penas. Al enterarme de que su gordura era producto del amor a mi hija, lo amé más. Este año comenzó a bajar de peso, me dio miedo que fuera a ser lo mismo que Paco: falla renal. Lo llevé al veterinario, y después de hacerle pruebas, concluyó que la comida de lata le estaba haciendo daño.

Bueno, eso es en lo físico, pero en lo emocional, me puse a pensar que como mi hija ya no se deprime como antes, tiene un novio que la ama, y es más segura de sí misma, era ya muy poco lo que Zorry pudiera limpiar. De todos modos, le bajé al consumo de comida en lata.

Hoy es domingo. El miércoles en la noche se apareció por la cocina y me hice loca para no darle. No insistió y se fue por croquetas. Fue el último día que lo vi.

Al día siguiente (el jueves) no regresó. Ni el viernes. Ni el sábado. Pregunté a algunos vecinos. Puse anuncios en las redes sociales, y nada. Ayer en la tarde le mandé la foto a dos personas que me faltaron, y una de ellas me marcó de inmediato para darme la terrible noticia de que un animal salvaje lo había matado. Sus hijos lo encontraron en un jardín que estaba pegado a su casa. La mamá fue a ver de qué se trataba y llamó al departamento encargado de recoger animales muertos. Le pregunté si traía un collar antipulgas, ya que la Gatita nos había traído unos visitantes días atrás y tuvimos que fumigar y ponerles tratamiento y collar a ambos. Esperaba que me dijera que no, por desgracia no fue así.

Me consuela pensar que tuvo una muerte rápida. Me consuela también pensar que, terminada su misión de apoyo a mi hija, su bella alma debía dejar ese cuerpecito blanco y negro para seguir iluminando a otros.

Gracias amado Zorry por llegar a nuestras vidas. Gracias por darle tanto amor a mi hija en sus años más difíciles. Reconozco tu grandeza de espíritu y me inclino con respeto ante ti. Buen viaje chiquito hermoso. Gracias por todo y por tanto.

RETIRO EN CABO SAN LUCAS

Este fin de semana me tocó vivir un retiro de prosperidad en Cabo San Lucas, organizado por la increíble ‘Money Coach’ Betty Barnett.
Yo llegué el jueves 15, ya medio tarde. La cita era en una súper mansión de tres pisos. Betty y otra también fabulosa coach (Dana Pierce) salieron a mi encuentro y llevaron mis maletas a una de las recámaras del primer piso. Me lavé los dientes y me fui a conocer al resto de las participantes, quienes se encontraban en el jacuzzi. El hecho de que el retiro fuera en un lugar tan espectacular formaba parte del plan. Como todo inicia en lo que sentimos y lo que pensamos, el primer mensaje de Betty fue: sientan como si esta clase de lujos es parte de su vida diaria.

Me cayeron muy bien las chavas, todas gringas, excepto Dana que es canadiense y Adriana Jalife, una chef duranguense que Betty contrató especialmente para alimentar nuestros cuerpos y nuestras almas.

Todas estábamos cansadas, así que nos acostamos temprano.

A la mañana siguiente nos vimos en el jardín trasero para disfrutar de un círculo de cacao bellamente dirigido por Adriana. ¿Por qué digo círculo y no ceremonia? Porque -aparentemente- estas solo se realizan en las plantaciones de cacao.


Nos acomodamos alrededor del altar, y para abrir el círculo, pedimos permiso a las esencias, a las energías para que nos acompañaran y guiaran.
Adriana pidió que nos colocáramos todas mirando hacia el Este, que es donde está la luz, la luminosidad, la conciencia y la belleza.
Luego volteamos hacia el Oeste, que es el rumbo de la transformación, la promesa de un nuevo día.  Y aquí mencionó que en este lugar se encuentran las mujeres que murieron en el parto. De por sí, todo el ritual era ya muy emotivo, con esto se me salieron las lágrimas, ya que mi abuelita Juana Luz así murió.
Tocó el  turno de girar hacia el Norte, donde están todos los que han pasado por la Tierra, nuestros Ancestros, quienes nos cuidan, nos guían y protegen.
En cuarto lugar volteamos hacia el Sur, que es donde se encuentran el Niño Interior, el colibrí, la fuerza de voluntad, la alegría,  la inocencia y la presencia.
Continuamos con el rumbo del cielo,  el Gran Creador, el Gran Espíritu (y aquí fue una emoción indescriptible).
Luego la Pacha Mama, pidiéndole perdón por el daño que le hemos hecho, y pidiéndole permiso de abrir el círculo. 
Por último, pedimos permiso al corazón.  Permiso de dejar lo que se tiene que dejar, recibir lo que tenga que venir, y estar en presencia.


Adri entonces nos repartió instrumentos a cada una, a mí me tocó un bellísimo tambor con la imagen de una tortuga, mientras que a mis compañeras les pasó diferentes tipos de sonajas para que todas la acompañáramos mientras ella tocaba otro tambor.
Después comenzamos a golpear rítmicamente nuestro pecho con las manos abiertas, recordando que no hay tambor más bello que el que llevamos dentro.
Luego hicimos un ejercicio de mantralizar con las vocales,  yo no tenía idea de que estas son un instrumento para armonizar los chakras, ya que la A se siente en el corazón, la E en la garganta, Ia I en el tercer ojo, la O en el plexo solar, y la U en el chakra raíz).

También aprendí que, aparentemente, el cacao es una medicina a la que le gusta que le canten, y cuando lo hacemos, es como si estuviéramos orando, pero doble.

Este, además de abrir el corazón,  actúa a nivel cuántico y trabaja con todos nuestros cuerpos, por eso es tan potente.
Dice Adriana que al trabajar todos nuestros cuerpos, se nos permite entrar en ese estado de conciencia en el que somos un Todo, en el que somos humildad y amor incondicional.

Todo el ritual duró dos horas, mismas que se pasaron como agua, ¡rapidísimo! La verdad, Adriana me sorprendiò con tanta sabidurìa y humildad.

Y así quedó inaugurado nuestro maravilloso Retiro de Prosperidad.

No les voy contar con pelos y señales lo que pasó ahí, solo comentaré que navegamos en un yate (ni me digan… ¡me di una mareada horrible!) y vimos ballenas!!! Otro día tuvimos una increíble sesión de cuencos, tambores y gong en la que con el solo tambor se me quitó el mareo y con el gong vi el símbolo de infinito dibujado con puntos rosas a lo largo de todo mi cuerpo.

De ahí pasamos a comer las exquisiteces de Adriana, y Luna Itzel (una chamana hermosa que nos acompañó a los cuencos) y Ray nos deleitaron con un par de canciones.

Y bueno, ni qué decir de las sesiones con Betty. Increíbles como todas las que he tenido en el pasado con ella.

¿Que si valió la pena? ¡¡¡Totalmente!!! Aparte de que tengo mucha fe en lo que ahí hicimos, el hecho de haber pasado todo un fin de semana rodeada la mayor parte del tiempo de pura gringa fue sumamente enriquecedor. Confieso que soy muy comodina (¿o racista, tal vez?), pero prefiero mil veces estar con mexicanos, así que aquí tuve que salir de mi zona de confort, y déjenme decirles ¡que me encantó conocer a todas ellas, son súper interesantes, con vidas muy diferentes, pero todas extraordinarias, y eso incluye a Adri y a Dana!

¡Por Narnia, por el futuro, y por mis nuevas amigas!

¿VIVIMOS EN UNA SIMULACION?

¿Han escuchado eso, que vivimos en una simulación? Creo que la primera persona que me habló de eso fue mi hija hace unos dos o tres años. Ahora lo escucho con mucha frecuencia, y aunque no entiendo cómo podría ser esto (la maravilla de la vida) simplemente un videojuego, me inclino más a pensar que esas teorías son ciertas.

¡Nos han mentido tanto, que algo de verdad ha de haber en ello!

Van varias noches que salgo al jardín, veo los árboles, las nubes, las estrellas, y le digo al Programador: ¿Realmente es esto solo un juego? Como he visto videos donde muestran “glitches”en la matrix, me imagino que me va a contestar mostrándome algo bizarro, pero
no, nada pasa. Entonces me pongo a filosofar. Si esto es una simulación, y somos nosotros simples monitos jugando a “ser”, ¿entonces de dónde carambas sacaron que tenemos un alma y un espíritu? Ojo, no estoy diciendo que no los tengamos, OK? Solo pienso en voz alta.

Y bueno, si esto es una simulación, entonces no importaría el daño que hagamos a otros “monitos”, llámense personas, animales, o inclusive plantas, ¿no creen?

No necesariamente. Por fortuna, entre tanta mentira a algunos nos han tatuado un código de ética y un conjunto de valores (¡bien, programador!), con los cuáles, por lo menos yo, me
siento a gusto y no me permitirían dañar a alguien de forma consciente.

Otra de las teorías que escucho últimamente es que ese programador o programadores no nos dejan ni cuando nuestro cuerpo muere. Dicen esas teorías que eso del túnel de luz y el
ver a tus seres queridos que ya trascendieron, a Dios, al santo, angelito o maestro de nuestra devoción puede ser una grandísima trampa. ¿Para qué? Supuestamente, para reinsertarnos en este videojuego. ¿Y qué es lo que ellos recomiendan hacer al momento de despojarnos de nuestro cuerpo físico para no caer en la trampa? Muy sencillo: ordenar a ese o esos personajes que muestren su verdadero ser. Y como (de nuevo, supuestamente) por muy malos que sean los del lado oscuro, siempre tienen que decir la verdad (aunque sea en películas con primado negativo), no tendrán más remedio que obedecer. Verdad o mentira, no lo sé, pero me da gusto habérselo contado a mi querida suegra semanas o meses antes de que le tocara transitar por ahí.

Otro concepto que suena mucho desde hace varios años es que la humanidad està dormida y que necesita despertar. Pues bien, hace dos o tres dìas escuchè el testimonio de un señor que se dedicò por años (dos, creo) a experimentar con el DMT (dimetiltriptamina), la cual es conocida tambièn como “la molècula de Dios”, por sus efectos alucinògenos de contenido mìstico. Este señor dice que en uno de esos viajes se vio en una cama tipo la pelìcula “Forever Young”, rodeado de varios seres, quienes se mostraban sùper felices de verlo. ¡Por fin despertaste! -le decìan, emocionados.

¡Qué locura! ¿No? ¿Será entonces que nosotros mismos somos los programadores de nuestra vida en el videojuego? ¿O hay otro programador y nosotros simplemente ponemos la mente mientras nos encontramos en un estado de criogénesis?

Ay, no sé. Esto es para volver loco a cualquiera. Pero bueno, si esto es una simulación, diré lo mismo que le digo al programador cada vez que me viene ese pensamiento: ¡Gracias, qué maravilla de mundo has creado, me encanta!

Tú, ¿qué piensas?

De Moños Negros

No sé si algunos de ustedes (los más ruquis) sepan o recuerden que hace mil años se usaba que cuando alguien fallecía, se ponía un moño negro en la puerta de la casa o negocio del difunto. Bueno, yo sí lo recuerdo. Claro que nunca lo hicimos, pero otras familias sí.

Bien, pues ahora que mi suegra se liberó de su cuerpo físico, hicimos maleta y encargos de perros y gato, y después de mil vueltas a la cochera, me senté por fin en el asiento del copiloto. En eso volteo para atrás y veo algo debajo del asiento de mi hijo. Lo saco, es una banderita de esas que se ponen en el jardín. Ya ni me acordaba de ella, la había comprado hace tiempo. Cuando la saco de la bolsita, casi hago ¡plop! al ver que traía, nada más y nada menos que unas flores… ¡con un moño negro! Bueno, negro con blanco, pero negro al fin, ¿o sea qué onda? Mi primer pensamiento fue que mi suegra se las había ingeniado para que apareciera la banderita justo en ese momento, pero al escuchar la teoría de mi hijo (que esto es una prueba más de que vivimos en una simulación), también me pareció que tenía sentido.

Pero bueno, haya sido como haya sido, me encantó el detalle. Me bajé a ponerla en una portabandera (o como se llame) para honrar a nuestra inolvidable Yaya, y la imaginé sonriéndonos, complacida, desde su nueva dimensión.

¿Ustedes qué opinan?

EL GATITO MÁS HERMOSO DEL MUNDO

Escribo estas líneas teniendo a Zorry detrás de mi compu, esperando que no vaya a venir de Tolín y se ofenda al saber que no hablo de él.

Así es, algunos de ustedes ya saben de quién hablo. De nuestro querido Paquito, no solo el gato más hermoso del mundo, también el más tierno.

Su llegada a nuestras vidas se la debo a Gaty, otro gatito que, por culpa mía, nunca regresó. Teníamos poco de habernos cambiado a esta casa y el pobre se la vivía en las ventanas, añorando salir al Jardín Encantado. Un mal día, mi corazón de pollo no aguantó verlo sufrir y lo dejé salir. Lo metí a los pocos minutos. Al día siguiente, lo mismo. Hasta que al tercer día (o algo así), ya nunca más regresó. Peló gallo. Nunca supimos si se había muerto, si había intentado llegar a nuestra casa anterior o qué, pero una vez más le pido perdón a ese chiquito por no haberlo cuidado.

En fin. Gracias a ese descuido, llegamos mi familia y yo a la vida de Paco. O él a la nuestra. Ya también he contado que el día de Acción de Gracias de 2009, a tres meses de la desaparición de Gaty, fuimos una vez más a la perrera municipal (¿o deberé decir la gatera?) a ver si de casualidad aparecía. Yo había pasado las últimas semanas de voluntaria en ese lugar, precisamente para estar ahí si es que él llegaba, pero nada. Ese día no fue la excepción. Me bajé a revisar todas las jaulas y regresé muy triste al carro. No había señas de Gatichico. Entonces a mis hijos y a mí se nos ocurrió la grandiosa idea de adoptar un gatito, a lo que mi marido dijo que no. Le rogamos y le rogamos, le dijimos que no nos diera regalo de Navidad por cinco años pero que nos dejara tener un gatito de nuevo. Por fin accedió.

Entramos al paraíso, o que diga, al lugar. Gatos de todos colores y sabores. Chicos, grandes, con cola sin cola, cafés, grises, anaranjados, negros, you name it.

Yo me enamoré de unos chiquitines peludos sin cola, yo creo que eran un poco más grande que mi mano. Mi marido dijo que no, que era mejor buscar un gatito que ya hubiera sufrido para que apreciara más (bueno pues…). Seguí viendo. Las reglas del lugar eran muy claras: una persona podía cargar solo a un gato para evitar cualquier contagio. Mis hijos ya se habían engolosinado, no recuerdo con qué gatitos. Yo no quería gastar mi única bala. Volteaba para todos lados y no había ninguno que me cerrara el ojo. En eso mi marido señala uno anaranjado y dice: quiero ver ese. ¿Qué les parece? Yo lo vi, y aunque amo a los gatos desde que tengo uso de razón, no sentí ningún clic y me encogí de hombros, resignada. En eso, el rabillo del ojo izquierdo captó un movimiento. Volteo, y está Paco desgañitándose para que lo saquemos, brincando como loco, casi casi con bastón y con bombín, jajaja, ¡hermoso! A todos se nos fueron los ojos y pedimos que nos abrieran su jaula. Lo tomé en mis brazos, su ronroneo se escuchaba a tres cuadras a la redonda, y nos derritió cuando comenzó a darme besitos en toda la cara con su naricita. ¡Su carita era la más hermosa, parecía que tenía los ojos delineados! Nos flechó a todos al instante y pedimos a la persona encargada que nos lo diera en adopción. Comenzamos el papeleo. No sé qué pasa con los gatos chiquitos, pero igual que pasó con Gatichica que resultó ser Gatichico, nos dieron Paco por Paca. Pero eso lo supimos semanas después.

Con todo el dolor de nuestro corazón tuvimos que dejar a nuestro nuevo bebé unos días más para que lo esterilizaran. Era jueves… fue el fin de semana más largo de nuestras vidas. A mí me angustiaba el pensar que Paquito creyera que no nos había conquistado.

Y por fin llegó el día. Mis hijos y yo fuimos por él, y como dice la canción, Oh Happy Day!

Se hizo súper compa de los tres perros, Manolo, Toby y Chuy (y después de Matute, Sasha, Majo y Lola), y se ganó el cariño de todos nuestros amigos y familiares.

Siempre pensé que me leía la mente pues por muchos años, en cuanto yo me despertaba, ya sea que abriera los ojos o no, Paquito llegaba a maullarme para que le diera comida, o que diga, para que lo viera comer, ¡jajaja!

En ese tiempo yo pasaba mucho tiempo escribiendo y haciendo traducciones desde la comodidad de mi reposet y el buen Paco brincaba a mi regazo en cuanto me veía sentada. Comenzaba a ronronear y nos decíamos todo con la mirada, ¡podía sentir cómo nuestras almas se entrelazaban! Había días en que yo andaba a gorro y no me sentaba en todo el día, y el pobre de Paco me perseguía como alma en pena, maullando como enajenado, hasta que me caía el veinte y me iba a sentar con él. Quiero pensar que mi niño necesitaba mi cariño, pero más bien creo que él sabía que yo necesitaba tranquilizarme. ¡Ay hermoso!

Luego llegó Zorry varios años después y Paquito se volvió un rufián, jajaja! ¡Le daba sus buenos zapes, lo odiaba! El pobre Zorry nunca se le puso al brinco.

Lo operaron dos o tres veces porque se le tapó la uretra, y nunca volvió a ser el mismo. De dos años para acá dio el viejazo. Se quedaba como hipnotizado junto a su agua y maullaba tooooooodo el día. Hasta que un veterinario me dijo que esos eran signos de demencia senil. Entonces comenzamos a darle un polvito para el cerebro que medio lo volvió a la normalidad. También le compramos una fuente y Paco fue el más feliz del mundo.

Comenzó a perder peso. Aparentemente, era también parte de lo mismo. Comenzó a hacerse pipí adentro de la casa, le encantaba venir al baño de mis hijos y hacerse en los tapetes, ¡jajaja! Le puse un arenero y nada. Le puse otro y tampoco. Optamos entonces por comprarle tapetitos entrenadores para perro. A veces le atinaba, a veces no, pero como que le gustaba más imitar a los perros que ser gato.

De unas semanas para acá, la alfombra de la tele comenzó a oler bien rico. Yo creo que al inocente ya le daba hueva salir y se hacía donde fuera. A veces hasta en su camita. ¿Y cómo enojarse con él?

También noté que dejó de venir a las recámaras, donde tenemos sus croquetas, así que comenzamos a darle más comida de lata. Cada vez fue comiendo más poquito. En ocasiones movía su boquita como viejito molacho.

El lunes hice cita con su doctor, pero me la dieron hasta el jueves, así que me lo llevé a otra clínica. Había bajado tremendamente de peso, de cuando era un gatito normal (sano, pues) con 13 libras a tan solo 7 (¿o 6?). Se lo llevaron para sacarle sangre. La doctora regresó con malas noticias. Mi niño tenía falla renal y una anemia tremenda. Por eso se pasaba todo el día tirado en la alfombra. Por eso seguía tomando agua como enajenado. Por eso hacía pipí donde le daba la gana. ¡Ay mi chiquito! Según la doctora, lo mejor era dormirlo, pues estaba sufriendo mucho. La verdad esa noticia me cayó de sorpresa, pues, a diferencia de Manolo, Matute y Chuy, que batallaban ya para respirar, Paco nunca se vio así de mal. Yo pensaba que simplemente estaba viejito.

Salí llorando de ahí. Les avisé a los niños y a Willy. Ricardo fue el que lo tomó más mal. No estaba de acuerdo. Él quería que se fuera apagando poco a poco y que muriera en la casa. Nos convenció. Sin embargo, les dije que iba a ir al día siguiente (ayer) con su veterinario para dejarle los resultados de laboratorio, a ver qué decía él. Así lo hice, pasé a la clínica, dejé los papeles, y antes de una hora ya me estaba llamando el doctor para confirmarme lo que me había dicho la doctora el día anterior. Le pregunté si podíamos dejarlo que muriera en casa, pero me dijo que no, que el inocente se estaba sintiendo de la patada, con náuseas y dolor de cabeza, así que quedamos en que lo llevaríamos esa misma tarde.

Mandé un mensaje a mi familia. Ricardo no había ido a trabajar por si sí lo dormíamos y se pasó todo el día con Paco. Le dio pollito. Luego le dio atún. Le puso pintura vegetal en sus patitas para tomar sus huellas. Puso un banquito junto a él y no sé qué tantas cosas le habrá dicho. Lloró y lloró, igual que lo había hecho la noche anterior.

Finalmente se llegó la hora. Fue por una cobijita para cargarlo. Escogió una delgadita de Gymboree que él usaba de bebé. Catalina nos alcanzó allá. Esperamos, esperamos y esperamos.

El doctor estaba hasta el gorro de pacientes. Los cuatro tuvimos la oportunidad de cargarlo un rato más y de despedirnos de él. Por fin nos pasaron al consultorio. Le pedí al doctor que repitiera a mi familia lo que me había dicho por teléfono. Mi hijo había contemplado la posibilidad de un trasplante, y bueno, no era algo tan descabellado, pero lo descartamos por su avanzada edad. La señorita que se encargó de liberar a Paquito de su dolor nos trajo una cobijita más mullida para que estuviera un poco más cómodo. Luego le aplicó un sedante. Nunca dejó de mover su colita y todo el tiempo tuvo sus ojitos abiertos. Aparentemente eso es normal. Pasó un rato. Revisó sus reflejos y nos preguntó si queríamos que lo sedara más. Le dijimos que no, que ya le pusiera la inyección letal. Así lo hizo. Entre moqueada y moqueada. el alma de Paquito se elevó por encima de nuestras cabezas, y quiero pensar que nos dio besitos con su nariz, feliz de acabar por fin con ese suplicio.

Tuvo una vida hermosa. Fue un gatito muy amado. Fue el gatito más hermoso del mundo.

¡Gracias, mi querido Paquito por haberme escogido como tu madre, ¡ha sido uno de los más grandes privilegios de mi vida! Ya pronto nos volveremos a ver… Gracias por todo y por tanto!!!