MASCOTAS, ESE GRAN REGALO (Y RESPONSABILIDAD)

Esta chiquita tricolor ha tenido una vida difícil.  Un muchacho la llevó a su casa y luego se fue, abandonándola. El papá -quien nunca pidió un perro- se hizo cargo de ella como pudo, ya que su salud no era muy buena. Pues hace como quince días,  una vecina me contó que ella estaba alimentando a la perrita, ya que el señor llevaba varios días en el hospital, y parece que hasta va a tener que irse a otra ciudad. Para no hacer el cuento largo, mi vecina y yo nos aliamos para conseguirle un hogar.
Le pregunté a mi esposo si podíamos cuidarla un tiempo, y me sorprendió que me dijo luego luego que sí. Al día siguiente de nuestra platica me acordé que ya la conocíamos,  pues un día la encontramos en la calle y la regresamos a su casa, así que fui a platicarle eso a mi marido.
-¿De qué me hablas?
-Pues de la perrita que vamos a cuidar
-¿Cuál perrita????
-La que te pregunté si podíamos tener un tiempo mientras le encontrábamos una familia!!!
-¡Nunca me dijiste eso!
Y es que, aunque generalmente no pocheo (solo en el trabajo 🙈), le dije que si podíamos hacer foster a la perrita y él entendió que si podíamos hacer un POSTER, jajajajjaaja!
Y bueno, pues así la tuvimos unos días,  ¡estaba paniqueadísima! En su casa siempre vivió en el patio, y creo que no convivía con nadie. Lloraba y temblaba, especialmente   con mis perros, ¡y eso que son un pan de Dios!
La fuimos viendo perder el miedo, fue hermoso. Al quinto día, y sin terminar su rehabilitacipon, una amiga de mi hija se enamoró de ella, y junto con su novio, su perro y su gato, la recibieron con los brazos y los corazones abiertos.


Al día siguiente de este final feliz, tuvimos otro motivo para celebrar: el primer año de Chihuis en nuestras vidas. ¿Recuerdan que llegó solito a nuestra puerta y entró como Pedro por su casa? Pues ya se nos salió un día,  y se estuvo pacientemente afuera de la casa para que le volviéramos a abrir. Sabe que este es su hogar… y eso me hace muy feliz.


Recuerda: una mascota NO es un juguete. Piénsala antes de adquirir una, y si ya la tienes,  esterilízala, cuídala, protégela… ¡ÁMALA!

El Mejor Psicólogo

Regresábamos de Chihuahua. Era un día de marzo de 2014, y mis hijos y yo volvimos a tocar el tema de un hermanito para Paco, nuestro hermoso gato. Y ya sé que mi maestro de narrativa me la va a hacer de emoción porque me voy por lo fácil diciendo “hermoso” en lugar de describirlo, pero es que no quiero quitar los reflectores del protagonista de este relato, así que continúo.

Aunque teníamos cuatro perros y un gato, sentíamos que a Paco le hacía falta un compañero. Mi esposo ya tenía meses diciendo que no, que ya eran demasiadas mascotas, pero ese día por fin cedió.

Habíamos cruzado por el puente de Santa Teresa, por lo que nos fuimos directamente al albergue de Canutillo. Vimos varios gatos, yo me enamoré de una de pelaje parecido a Paco. Ya era grande y su dueño había muerto, eso la había vuelto muy huraña. Mi corazón desbordaba de amor hacia ella, deseaba mostrarle que podía ser amada de nuevo, sin embargo, mis hijos se inclinaron por un gatito más chico, de pelo corto, al que habían operado de una patita. Ellos me dieron sus razones y yo les di las mías, pero no nos pusimos de acuerdo. Nos fuimos a la casa, y no sé cuánto tiempo pasó hasta que comprendí que yo ya había tenido el privilegio de escoger a Paco, así que les di luz verde. ¡Mis hijos -entonces de 17 y 15- estaban felices!

La verdad el gatito estaba muy bonito. En el albergue le habían puesto “Zorro”, por su mascarilla negra. Siguiendo la tradición instituida por mi mamá, yo le cambié el nombre a Zorry, y pronto se convirtió en el bebé de mi hija. Paco, por su parte, nunca lo aceptó. Como que era más amigo de los perros que del pobre Zorry, a cada rato le daba sus buenos zapes.

Pues bien, les decía que se convirtió en el hijo de mi hija, pero no solo eso, se convirtió también en su mejor amigo, su terapeuta, el confidente perfecto para cuando le daba el mal de amores.

Se puso muy gordito, corría y se le movían los pellejos para un lado y para el otro. Yo pensaba que era por tragón, pero un día leí que los gatos engordan porque absorben nuestras penas. Al enterarme de que su gordura era producto del amor a mi hija, lo amé más. Este año comenzó a bajar de peso, me dio miedo que fuera a ser lo mismo que Paco: falla renal. Lo llevé al veterinario, y después de hacerle pruebas, concluyó que la comida de lata le estaba haciendo daño.

Bueno, eso es en lo físico, pero en lo emocional, me puse a pensar que como mi hija ya no se deprime como antes, tiene un novio que la ama, y es más segura de sí misma, era ya muy poco lo que Zorry pudiera limpiar. De todos modos, le bajé al consumo de comida en lata.

Hoy es domingo. El miércoles en la noche se apareció por la cocina y me hice loca para no darle. No insistió y se fue por croquetas. Fue el último día que lo vi.

Al día siguiente (el jueves) no regresó. Ni el viernes. Ni el sábado. Pregunté a algunos vecinos. Puse anuncios en las redes sociales, y nada. Ayer en la tarde le mandé la foto a dos personas que me faltaron, y una de ellas me marcó de inmediato para darme la terrible noticia de que un animal salvaje lo había matado. Sus hijos lo encontraron en un jardín que estaba pegado a su casa. La mamá fue a ver de qué se trataba y llamó al departamento encargado de recoger animales muertos. Le pregunté si traía un collar antipulgas, ya que la Gatita nos había traído unos visitantes días atrás y tuvimos que fumigar y ponerles tratamiento y collar a ambos. Esperaba que me dijera que no, por desgracia no fue así.

Me consuela pensar que tuvo una muerte rápida. Me consuela también pensar que, terminada su misión de apoyo a mi hija, su bella alma debía dejar ese cuerpecito blanco y negro para seguir iluminando a otros.

Gracias amado Zorry por llegar a nuestras vidas. Gracias por darle tanto amor a mi hija en sus años más difíciles. Reconozco tu grandeza de espíritu y me inclino con respeto ante ti. Buen viaje chiquito hermoso. Gracias por todo y por tanto.

DÍA DE LA INDEPENDENCIA

Caminaba con pasos cortos pero rápidos. Nunca entendió por qué, siendo tan alta, no podía alcanzar a Jacinto, el hombrón de piernas kilométricas que conoció en la Feria de Santa Rita. No sabe qué le molestaba más, su propia imposibilidad física o la imposibilidad emocional de él, ¡pues ni que fueran árabes para que ella tuviera que caminar detrás de él, chingado!

Pero bueno, eso ya había quedado en el pasado. Ahora, por primera vez en quince años, no dependía de un hombre. Ni para que la mantuviera, ni para que se la cogiera… ¡Uta! Si Rosenda leyera esto, tiraría mi máquina de escribir. – ¿Cómo que ni para que se la cogiera? ¿Por qué tiene el que ser el hombre el que coja? ¡Me le corriges de inmediato ahí o dejas de contar mi historia, chingada madre!

Bueno, bueno, Rosenda, disculpa. Va de nuez: “Ahora, por primera vez en quince años, no dependía de un hombre. Ni para que la mantuviera, ni para que se LO cogiera”. ¿Ya? ¿Contenta? ¿Puedo proseguir?

Muy bien. Continuamos. Les decía que no dependía de un hombre. Y eso la hacía sentirse muy bien. No porque no extrañara la compañía masculina, no. Se sentía bien porque por fin, a sus sesenta y cuatro años, se había enamorado.

La conocía de toda la vida, pero nunca se fijó en ella. Bueno, sí se fijaba, pero solo en sus defectos. ¿Por qué no puedes tener el cabello como el de tu prima? ¿Qué tienes que hacer para que se te quite la celulitis? ¿Y esa pancita? ¿Y las nachas, en qué pantalón se te quedaron? ¡Uta, se la surtía cada vez que la veía! Y ella aguantaba. Y aguantaba. Y aguantaba. Hasta que dejó de hacerlo. Y enfermó.

Al principio, Rosenda no le dio importancia. Un día, una de sus compañeras del grupo de tejido, le dijo que ella estaba así POR SU CULPA. Por lo mal que siempre la había tratado.

– ¿Yo? ¡Eso no es cierto! Lo que pasa es que hay ‘andancia’. O fue la comida de la calle. O la pandemia. ¡O algo, pero no, yo no tengo nada que ver! -respondió jalando del estambre con la misma fuerza con la que quería jalar las greñas de su compañera metiche. Ya sabía que eso era imposible, primero, porque ambas eran ya dos respetables adultas mayores. Y segundo, porque los últimos pelitos de su compañera habían encontrado el eterno descanso en el cepillo.

– Yo sé lo que te digo, Rosenda. Hazme caso. Pon atención a tus palabras.

Habían pasado ya varios días desde la plática con la pelona. Una noche, Rosenda recordó esa conversación. Y pensó en todo ese tiempo que ella había aguantado sus desplantes. Y entendió que debía corresponder a tanto amor. Comenzó a verla con compasión. Le pidió perdón por agredirla. Le pidió perdón por ignorarla. ¿Que tenía ciertos atributos físicos que no eran muy de su agrado? ¡Qué importa si tenía muchos otros que le fascinaban! Pero, sobre todo, ¡qué importa, si eso era solo el estuche que guardaba la más bella perla!

Fue entonces que la vio, que realmente la vio. Y se preguntó cómo sería cortejarla. Y fue 4 de julio en su pecho.

Han pasado años de esa revelación.

Y cada vez que se ve al espejo y se grita ‘te amo’, vuelve a ser 4 de julio.

RETIRO EN CABO SAN LUCAS

Este fin de semana me tocó vivir un retiro de prosperidad en Cabo San Lucas, organizado por la increíble ‘Money Coach’ Betty Barnett.
Yo llegué el jueves 15, ya medio tarde. La cita era en una súper mansión de tres pisos. Betty y otra también fabulosa coach (Dana Pierce) salieron a mi encuentro y llevaron mis maletas a una de las recámaras del primer piso. Me lavé los dientes y me fui a conocer al resto de las participantes, quienes se encontraban en el jacuzzi. El hecho de que el retiro fuera en un lugar tan espectacular formaba parte del plan. Como todo inicia en lo que sentimos y lo que pensamos, el primer mensaje de Betty fue: sientan como si esta clase de lujos es parte de su vida diaria.

Me cayeron muy bien las chavas, todas gringas, excepto Dana que es canadiense y Adriana Jalife, una chef duranguense que Betty contrató especialmente para alimentar nuestros cuerpos y nuestras almas.

Todas estábamos cansadas, así que nos acostamos temprano.

A la mañana siguiente nos vimos en el jardín trasero para disfrutar de un círculo de cacao bellamente dirigido por Adriana. ¿Por qué digo círculo y no ceremonia? Porque -aparentemente- estas solo se realizan en las plantaciones de cacao.


Nos acomodamos alrededor del altar, y para abrir el círculo, pedimos permiso a las esencias, a las energías para que nos acompañaran y guiaran.
Adriana pidió que nos colocáramos todas mirando hacia el Este, que es donde está la luz, la luminosidad, la conciencia y la belleza.
Luego volteamos hacia el Oeste, que es el rumbo de la transformación, la promesa de un nuevo día.  Y aquí mencionó que en este lugar se encuentran las mujeres que murieron en el parto. De por sí, todo el ritual era ya muy emotivo, con esto se me salieron las lágrimas, ya que mi abuelita Juana Luz así murió.
Tocó el  turno de girar hacia el Norte, donde están todos los que han pasado por la Tierra, nuestros Ancestros, quienes nos cuidan, nos guían y protegen.
En cuarto lugar volteamos hacia el Sur, que es donde se encuentran el Niño Interior, el colibrí, la fuerza de voluntad, la alegría,  la inocencia y la presencia.
Continuamos con el rumbo del cielo,  el Gran Creador, el Gran Espíritu (y aquí fue una emoción indescriptible).
Luego la Pacha Mama, pidiéndole perdón por el daño que le hemos hecho, y pidiéndole permiso de abrir el círculo. 
Por último, pedimos permiso al corazón.  Permiso de dejar lo que se tiene que dejar, recibir lo que tenga que venir, y estar en presencia.


Adri entonces nos repartió instrumentos a cada una, a mí me tocó un bellísimo tambor con la imagen de una tortuga, mientras que a mis compañeras les pasó diferentes tipos de sonajas para que todas la acompañáramos mientras ella tocaba otro tambor.
Después comenzamos a golpear rítmicamente nuestro pecho con las manos abiertas, recordando que no hay tambor más bello que el que llevamos dentro.
Luego hicimos un ejercicio de mantralizar con las vocales,  yo no tenía idea de que estas son un instrumento para armonizar los chakras, ya que la A se siente en el corazón, la E en la garganta, Ia I en el tercer ojo, la O en el plexo solar, y la U en el chakra raíz).

También aprendí que, aparentemente, el cacao es una medicina a la que le gusta que le canten, y cuando lo hacemos, es como si estuviéramos orando, pero doble.

Este, además de abrir el corazón,  actúa a nivel cuántico y trabaja con todos nuestros cuerpos, por eso es tan potente.
Dice Adriana que al trabajar todos nuestros cuerpos, se nos permite entrar en ese estado de conciencia en el que somos un Todo, en el que somos humildad y amor incondicional.

Todo el ritual duró dos horas, mismas que se pasaron como agua, ¡rapidísimo! La verdad, Adriana me sorprendiò con tanta sabidurìa y humildad.

Y así quedó inaugurado nuestro maravilloso Retiro de Prosperidad.

No les voy contar con pelos y señales lo que pasó ahí, solo comentaré que navegamos en un yate (ni me digan… ¡me di una mareada horrible!) y vimos ballenas!!! Otro día tuvimos una increíble sesión de cuencos, tambores y gong en la que con el solo tambor se me quitó el mareo y con el gong vi el símbolo de infinito dibujado con puntos rosas a lo largo de todo mi cuerpo.

De ahí pasamos a comer las exquisiteces de Adriana, y Luna Itzel (una chamana hermosa que nos acompañó a los cuencos) y Ray nos deleitaron con un par de canciones.

Y bueno, ni qué decir de las sesiones con Betty. Increíbles como todas las que he tenido en el pasado con ella.

¿Que si valió la pena? ¡¡¡Totalmente!!! Aparte de que tengo mucha fe en lo que ahí hicimos, el hecho de haber pasado todo un fin de semana rodeada la mayor parte del tiempo de pura gringa fue sumamente enriquecedor. Confieso que soy muy comodina (¿o racista, tal vez?), pero prefiero mil veces estar con mexicanos, así que aquí tuve que salir de mi zona de confort, y déjenme decirles ¡que me encantó conocer a todas ellas, son súper interesantes, con vidas muy diferentes, pero todas extraordinarias, y eso incluye a Adri y a Dana!

¡Por Narnia, por el futuro, y por mis nuevas amigas!

¿VIVIMOS EN UNA SIMULACION?

¿Han escuchado eso, que vivimos en una simulación? Creo que la primera persona que me habló de eso fue mi hija hace unos dos o tres años. Ahora lo escucho con mucha frecuencia, y aunque no entiendo cómo podría ser esto (la maravilla de la vida) simplemente un videojuego, me inclino más a pensar que esas teorías son ciertas.

¡Nos han mentido tanto, que algo de verdad ha de haber en ello!

Van varias noches que salgo al jardín, veo los árboles, las nubes, las estrellas, y le digo al Programador: ¿Realmente es esto solo un juego? Como he visto videos donde muestran “glitches”en la matrix, me imagino que me va a contestar mostrándome algo bizarro, pero
no, nada pasa. Entonces me pongo a filosofar. Si esto es una simulación, y somos nosotros simples monitos jugando a “ser”, ¿entonces de dónde carambas sacaron que tenemos un alma y un espíritu? Ojo, no estoy diciendo que no los tengamos, OK? Solo pienso en voz alta.

Y bueno, si esto es una simulación, entonces no importaría el daño que hagamos a otros “monitos”, llámense personas, animales, o inclusive plantas, ¿no creen?

No necesariamente. Por fortuna, entre tanta mentira a algunos nos han tatuado un código de ética y un conjunto de valores (¡bien, programador!), con los cuáles, por lo menos yo, me
siento a gusto y no me permitirían dañar a alguien de forma consciente.

Otra de las teorías que escucho últimamente es que ese programador o programadores no nos dejan ni cuando nuestro cuerpo muere. Dicen esas teorías que eso del túnel de luz y el
ver a tus seres queridos que ya trascendieron, a Dios, al santo, angelito o maestro de nuestra devoción puede ser una grandísima trampa. ¿Para qué? Supuestamente, para reinsertarnos en este videojuego. ¿Y qué es lo que ellos recomiendan hacer al momento de despojarnos de nuestro cuerpo físico para no caer en la trampa? Muy sencillo: ordenar a ese o esos personajes que muestren su verdadero ser. Y como (de nuevo, supuestamente) por muy malos que sean los del lado oscuro, siempre tienen que decir la verdad (aunque sea en películas con primado negativo), no tendrán más remedio que obedecer. Verdad o mentira, no lo sé, pero me da gusto habérselo contado a mi querida suegra semanas o meses antes de que le tocara transitar por ahí.

Otro concepto que suena mucho desde hace varios años es que la humanidad està dormida y que necesita despertar. Pues bien, hace dos o tres dìas escuchè el testimonio de un señor que se dedicò por años (dos, creo) a experimentar con el DMT (dimetiltriptamina), la cual es conocida tambièn como “la molècula de Dios”, por sus efectos alucinògenos de contenido mìstico. Este señor dice que en uno de esos viajes se vio en una cama tipo la pelìcula “Forever Young”, rodeado de varios seres, quienes se mostraban sùper felices de verlo. ¡Por fin despertaste! -le decìan, emocionados.

¡Qué locura! ¿No? ¿Será entonces que nosotros mismos somos los programadores de nuestra vida en el videojuego? ¿O hay otro programador y nosotros simplemente ponemos la mente mientras nos encontramos en un estado de criogénesis?

Ay, no sé. Esto es para volver loco a cualquiera. Pero bueno, si esto es una simulación, diré lo mismo que le digo al programador cada vez que me viene ese pensamiento: ¡Gracias, qué maravilla de mundo has creado, me encanta!

Tú, ¿qué piensas?

De Moños Negros

No sé si algunos de ustedes (los más ruquis) sepan o recuerden que hace mil años se usaba que cuando alguien fallecía, se ponía un moño negro en la puerta de la casa o negocio del difunto. Bueno, yo sí lo recuerdo. Claro que nunca lo hicimos, pero otras familias sí.

Bien, pues ahora que mi suegra se liberó de su cuerpo físico, hicimos maleta y encargos de perros y gato, y después de mil vueltas a la cochera, me senté por fin en el asiento del copiloto. En eso volteo para atrás y veo algo debajo del asiento de mi hijo. Lo saco, es una banderita de esas que se ponen en el jardín. Ya ni me acordaba de ella, la había comprado hace tiempo. Cuando la saco de la bolsita, casi hago ¡plop! al ver que traía, nada más y nada menos que unas flores… ¡con un moño negro! Bueno, negro con blanco, pero negro al fin, ¿o sea qué onda? Mi primer pensamiento fue que mi suegra se las había ingeniado para que apareciera la banderita justo en ese momento, pero al escuchar la teoría de mi hijo (que esto es una prueba más de que vivimos en una simulación), también me pareció que tenía sentido.

Pero bueno, haya sido como haya sido, me encantó el detalle. Me bajé a ponerla en una portabandera (o como se llame) para honrar a nuestra inolvidable Yaya, y la imaginé sonriéndonos, complacida, desde su nueva dimensión.

¿Ustedes qué opinan?